Hace dos décadas revolucionó el mundo de la comunicaciones. La World Wide Web celebra hoy sus vigésimo aniversario.
Por Iván Adaime.
iadaime@lanacion.com.ar
Hace 20 años se empezaba a gestar el cambio cultural más importante de este período, cuando Tim Berners-Lee, un joven ingeniero programador, entregó a su superior un informe titulado "Gestión de la Información: una propuesta". Aseguran que su jefe en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), en Ginebra, dijo que era un proyecto poco claro "pero apasionante". Y no se equivocó, era el comienzo de la World Wide Web (WWW).
Berners-Lee comprendió como nadie el poder y el potencial de Internet. Pero también intuyó que para hacerlo realidad era necesario cambiar la forma en que accedíamos a la información. Esencialmente, convirtió en realidad lo que Vannevar Bush había soñado hacía muchísimo tiempo: el hipertexto.
Internet previa a la web, era un entorno puramente alfanumérico. Olvídense de las imágenes, del sonido, de los videos, de las animaciones interactivas o de esas molestas aplicaciones en Flash.
Sin la web no existiría el link, y sin el link imposible imaginarse metáforas como "navegar" o hacer click y pasar de un sitio a otro.
Internet era fascinante, desde su creación a fines de la década del 60, pero un mundo reducido a programadores, matemáticos e integrantes del mundo científico. La web, en cambio, hizo más amigable a la red de redes acercándola a un público no especializado. Se convirtió en su "cara gráfica". Y su poder visual y de inmersión ha hecho que para muchos la web sea sinónimo de Internet.
En un punto se trata de un movimiento análogo al que realizó Apple al introducir en 1984 la interfaz gráfica en el mundo de la computadora personal. Destruyó barreras cognitivas y permitió que "el resto de nosotros" (tal era su slogan) pudiera hacer uso de los ordenadores.
Un dato no menor es la constitución abierta y colaborativa de este emprendimiento. Vivimos en un tiempo en el que el hombre más rico de la tierra (Mr. William Gates III) se convierte en tal vendiendo licencias de programas. Afortunadamente no pagamos, directa ni indirectamente, cuando hacemos uso de los desarrollos de Berners Lee y compañía. Se tratan de un bien de la humanidad, producto de la colaboración científica.
En un plano, la web no es más que un conjunto de protocolos que permiten la inmersión en Internet, el http (Hipertext Transfer Protocol) es el más conocido de ellos. Pero no nos engañemos. Esto no fue un invento tecnológico, es un big bang cultural. Hay un mundo antes y después de la web. Y sobran los dedos de una mano para encontrar hombres vivos que se puedan arrogar algo semejante. Berners–Lee es uno de ellos.
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