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Spinetta y Charly: las letras que nunca mueren

Dos libros analizan las letras de Charly García y Luis Alberto Spinetta para descubrir las estrategias de escritura de los autores de esos temas clásicos, inmortales, imbatibles. ¿Las canciones son literatura? 

  • Charly y el Flaco, una unión que se consumió con velocidad.

Por Luciano Lahiteau 

García y Spinetta se sentaron uno junto al otro en el set de Cable a tierra, el ciclo que conducía Pepe Eliaschev en ATC. Era 1985 y ambas estrellas del rock argentino estaban conectadas a todo lo demás. Atento al electro pop, Charly tenía un armazón con tres niveles de teclados, una caja de ritmos y un respaldo de microprocesadores con los que parecía un operario de sondas robóticas Foton M. A su lado, Spinetta era un mecanógrafo de la agencia Nóvosti, con auriculares, botas de lluvia amarillas y una alfombra de pedales. Los dos vestían a la new wave, un poco como David Byrne en Stop making sense. 

Habían pasado el histórico concierto de Jade y Seru Giran (1980), las colaboraciones para Yendo de la cama al living (1982) y la coautoría de "Total interferencia" (incluida en Piano bar, de 1984). Ahora García y Spinetta presentaban en público su proyecto conjunto, una idea de disco que llevaría por título sus apellidos y contendría canciones de ambos, como Luis haría con Fito Páez en La la la (1986). Ese día en ATC Spinetta dijo que las formas musicales tal vez fueran otras, pero lo que seguían haciendo era "luchar para la libertad de la gente". Charly levantó las cejas y dijo: "Sí, es verdad". Eliaschev sonrió. 

La canción que traían se llamaba "Rezo por vos" y tenía un riff en re que Charly estrenó en el teclado y Spinetta replicó con su guitarra. Es el que todos conocemos, pero la letra era una versión embrionaria. Varía bastante de la registrada por Spinetta en Privé (1986) y de la canonizada por García en Parte de la religión (1987). Dice, por ejemplo: "Ardí con mi piel, morí por no morir", en la segunda estrofa. Y más importante todavía al objeto de la historia, dice: "Y rompí las cortinas y me incendié de amor" (en lugar de "Y quemé las cortinas y me encendí de amor"). 

El responsable de la mayor parte de la letra es Spinetta, que dejó en ella su sello místico-surrealista, luego reinterpretado por él mismo como profético y agorero. Luis llegó a pensar que la letra había tenido algo que ver con otro suceso de ese mismo día. En el libro Corazones en llamas, publicado en 1991 y reeditado en 2016, Laura Ramos y Cynthia Lejbowicz cuentan que en el trayecto hacia los estudios de televisión, un asistente interceptó el vehículo de los músicos para avisarle a Charly que su departamento se estaba incendiando. Ramos y Lejbowicz aseguran que en la desesperación del momento, mientras García intentaba descifrar qué hacer, Spinetta le dijo: "Loco, la culpa la tengo yo". La anécdota sirve de diorama para pensar los universos creativos paralelos de los dos músicos más grandes de la cultura pop argentina. Dicen que Charly le contestó a Spinetta: "¡Callate, tarado!", como desestimando la influencia que una canción puede tener en el destino global. Charly el político, Spinetta el místico. 

"Su desafío pasa por impulsarnos a relacionarnos con el cosmos, a salir del microcontexto y pensarnos como pequeñas partes de algo muchísimo más amplio", dice sobre El Flaco Mara Favoretto, autora de Spinetta: mito y mitología (Gourmet Musical, 2017). Favoretto es doctora en Letras e investigadora de la Universidad de Melbourne, ha escrito artículos académicos sobre música popular y en 2014 publicó Charly en el país de las alegorías, donde analiza los temas y recursos de García como autor. "En el caso de Charly, creo que lo literario fue fundamental durante las épocas de censura, las referencias cifradas y las estrategias de codificación de los mensajes políticos son clave en su trabajo". En el libro también se analizan alegorías sobre género, masculinidad, dictadura, democracia y rock. 

Pero la clave aquí es averiguar por qué las canciones de Spinetta y García nos conmueven, o al menos husmear una pista. Por qué, además de los sonidos que usaron, esas palabras que escribieron y pronunciaron están adheridas a nuestro inconsciente colectivo. Cómo es que esas creaciones no solo tuvieron éxito, o fueron hits, sino que encendieron algo en nosotros para que muchos años después sigamos hablando de ellas, usándolas como código en la era del link y del chat, o entendiéndolas como puerta de entrada en títulos periodísticos u obras de arte de otras disciplinas. 

Calambres en el alma, mañana es mejor. Ojos de videotape, corazón de tiza. Baila y baila, Casandra; guarda el hilo, nena. Inventivas, cultas, perceptivas, evocativas, las letras de García y Spinetta resistieron el tiempo y el análisis académico. "Si hay algo que ambos hacen, aunque de formas distintas -piensa Favoretto-, es abrir caminos hacia nuestra libertad de pensamiento". Es como si nos hubieran arrastrado a un campo abierto, casi de desnudez intelectual, donde se fijó una "conexión profunda y duradera". Va más allá de discos, modas y estilos. "Pasa por descubrir la estrategia que yace bajo cada una de esas unidades, quiero llegar al eje del texto, descubrir algunas de las particularidades que los distingue del resto", dice la autora. 

El Premio Nobel de Literatura otorgado a Bob Dylan reforzó la postura de académicos como Favoretto al legitimar el valor literario de las canciones populares. "Por ese lado, lo celebro -dice ella-. Por otro lado, me molesta mucho lo anglocéntrico de estas decisiones. No cuestiono la calidad y la influencia de los textos de Dylan, pero me pregunto si el jurado evaluó también los de Chico Buarque, Silvio Rodríguez, Charly García o Spinetta". 


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