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Música, humor y Woody Allen en la catedral del jazz

En Thelonious, uno de los mejores clubes de jazz del mundo, el pianista y comediante Manuel Fraga repasa, con ritmo y humor, el vínculo entre los films de Woody Allen y la música sincopada. 

  • Tres alegres talentos. Germán Boco, Damián Falcón y el Maestro Manuel Fraga.

Por Humphrey Inzillo 

 

A partir de este mes, y hasta fines de julio, Brando se enorgullece en auspiciar el ciclo Woody & Jazz, todos los sábados, a las 21, en Thelonious Club. La propuesta es exquisita en varios aspectos. Empecemos por el boliche comandado por los hermanos Ezequiel y Lucas Cutaia, que fue elegido como uno de los mejores 100 clubes de jazz de todo el mundo, según la revista Down Beat, considerada una biblia para los amantes del género. Se trata de un entorno ideal para este espectáculo, donde Manuel Fraga, al frente de su trío, repasa las canciones más emblemáticas que formaron parte de la banda sonora de las películas de Woody Allen. Un lujo. 

Fraga no solo es uno de los mejores pianistas argentinos (definitivamente, el más completo: capaz de manejar a la perfección los distintos lenguajes del instrumento, del ragtime de Scott Joplin al impresionismo de Bill Evans, y aportando también una mirada personal sobre esos estilos), sino que también es un gran comediante, que incluso audicionó y estuvo a punto de ingresar a Les Luthiers. Lo acompañan dos músicos notables, el contrabajista Damián Falcón y el baterista Germán Boco. 

Woody & Jazz surgió a fines de 2014 y se volvió un suceso. Las presentaciones suelen ostentar el cartel de "Localidades agotadas" y, el año pasado presentaron el primer álbum del espectáculo, grabado en vivo, y publicado por Acqua Records. Pero la génesis fue, en verdad, casual. "Estaba dando una clase de piano, le hice un comentario chistoso a mi alumno y él me dice: «Sí, como en aquella escena de Bananas», refiriéndose a la película de Woody Allen", rememora Fraga. "Ahí se me prendió la lamparita. ¡Woody Allen! Con tanta cantidad de temas de jazz que hay en sus películas tenía que haber material de sobra. Y el repertorio podría estar encadenada por comentarios de las escenas correspondientes que me dieran lugar a mis propias visiones humorísticas. Teniendo en cuenta que los temas dramáticos que toca Allen no son tantos y suelen aparecer en muchas de sus películas, la continuidad del guión tenía que estar garantizada". 

Hacía un buen tiempo que Fraga intentaba combinar música y humor en un show de una manera orgánica. "Es decir, que ambas disciplinas se justificaran entre sí, y que ninguna quedara como relleno de la otra. El humor fue para mí una vocación desde muy chico; de hecho, las primeras veces que me subí a un escenario fue para actuar en papeles cómicos en las clases de teatro de la escuela primaria. Poco después descubrí el jazz y desde ese momento mi vida estuvo dirigida por esos dos caminos que siempre me costó entrelazar de una manera convincente para mí y para el público", explica. 

A lo largo de tres meses, Fraga, cuaderno en mano, repasó la filmografía de Allen. En esas sesiones cinematográficas empezó a delinear el repertorio y algunas ideas para entrelazar las canciones, conformando la columna vertebral del espectáculo. "Hice todo lo posible para ampliar el «mercado», que el público no iniciado descubra que el jazz es una música con la que se puede pasar un rato tan agradable como con cualquier otra. Como decía el escritor y humorista español Jardiel Poncela, si para disfrutar de alguna forma artística hay que ser experto o entendido, esa expresión artística no cumple ninguna función social. No sirve a la función del arte". 

Didáctico y musical 

El formato del show combina la dinámica de un concierto convencional con performances de Fraga en un plan que tiene mucho de stand up, pero que también aporta en un sentido casi pedagógico. "Siempre busco la manera de ampliar el espectro de público de jazz. Es más: te diría que yo siempre salgo al escenario imaginando que la gente que está en la platea nunca fue a un concierto de jazz. Además, si nosotros mismos, los músicos, estamos aprendiendo y descubriendo cosas nuevas todos los días... imaginate el público. Y, seguramente, mi vocación docente tiene mucho que ver. Pero en definitiva todo tiene que ver con mi idea de que siempre hay brindar algo más de lo que el público espera. Es un recurso teatral o dramático, que incluso también se puede aplicar en el repertorio de un concierto". 

Otro de los recursos de Fraga es el canto, que hasta hace muy poco sólo se desempeñaba como pianista. Todo comenzó cuando audicionó para entrar en Les Luthiers como reeplazo. "Hice dos pruebas", explica. "La primera vez me habían pedido que cantara y no me animé. La segunda, que fue en junio de 2015, canté. Pero era evidente que no tenía desarrollada la técnica vocal suficiente como para sostener un show en el que hay que cantar 60 ó 70 minutos. Esta segunda vez que audicioné me dijeron que había tocado muy bien, y que había actuado muy bien... ¡Pero no me dijeron que había cantado muy bien! Entonces me puse a tomar clases de canto, y cuando estuve listo empecé a cantar en mis shows, para sumar experiencia y prepararme para una posible tercera oportunidad. Pero en ese interín, además, no sólo descubrí que me gusta cantar, sino que me di cuenta en carne propia de que hay temas que sólo pueden expresarse en forma emocionalmente completa a través de la voz. Un «fracaso» te da la pauta de por dónde tenés que caminar de ahí en más. Es maravilloso, porque vistos de esa manera los errores son el preludio a algo nuevo, distinto, enriquecedor. 

Y ahora estoy presentando otro espectáculo en el que canto más: es un show celebrando a Nat King Cole, en su doble aporte como cantante y pianista. Lo hago con Damián Falcón en contrabajo y dos de mis hijos: Tomás en guitarra y Cecilia, mi hija más grande, que es cantante." 

Filmografía consultada 

Fraga podría pasarse horas hablando de las películas de Woody Allen. Y de sus bandas sonoras, claro. "Mis canciones favoritas, te diría, son las que están en el show, y en el CD que lanzamos el año pasado: «Rhapsody In Blue», de Gershwin; «Night and Day», de Cole Porter; «Sing, Sing, Sing», de Louis Prima; «Caravan», de Tizol y Ellington, entre otras. Son los temas que mejor siento para que el show tenga el mejor nivel musical posible", dice. Y agrega: "Es curioso, porque estos temas son mis favoritos, pero para este show. De pronto en otro show mis temas favoritos son otros, los que mejor proyectan el planteo de cada espectáculo." 

En cambio, elegir escenas se vuelve una tarea más complicada: "Creo que Annie Hall es perfecta desde principio a fin. Lo mismo me pasa con Manhattan, quizá mi favorita de toda su filmografía. La escena final de la despedida mientras se escucha «But not for Me» es antológica", se entusiasma. Y la evocación no para. "Hay escenas desopilantes en Bananas («Mis padres me pegaron sólo una vez en mi vida: empezaron en el verano del 59 y terminaron en el invierno del 63») o en El dormilón, en la que a Woody Allen lo despiertan 200 años en el futuro. Diane Keaton le comenta que entonces hace 200 años que él no tiene sexo, a lo que Woody le responde: «200 no? 208: estuve casado 8 años». Y Medianoche en París es perfecta? llena de guiños y una visión genial de que todo pasado no fue necesariamente mejor. La canción inicial y final de Sidney Bechet también la incluimos en el show." 

La lista sigue y Fraga enumera con pasión situaciones y diálogos de Los secretos de Harry,Crímenes y pecados, Hannah y sus hermanas, como si estuviera en escena. Y le dedica, también, especial atención a la que define como la "trilogía seria", sus homenajes al sueco Ingmar Bergman: Septiembre, Interiores y Otra mujer. 


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