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Inventos Argentinos: la jeringa autodescartable

Carlos Arcusín es uno de los más grandes inventores nacionales de todos los tiempos. entre otros dispositivos, creó la jeringa autodescartable, clave para evitar contagios de enfermedades como la hepatitis o el VIH. 

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  • Hasta hoy, el invento más trascendental de Carlos Arcusín

Por Cecilia Acuña 

El problema 

No es lo mismo una jeringa descartable que una que se autodescarta al margen de la voluntad del usuario. Una noche de 1989, el inventor Carlos Arcusín pasó con su auto por la puerta del Sanatorio Güemes y vio un operativo policial que le dio curiosidad. Al rato, en su casa, se encontró con la noticia: la institución lavaba las jeringas ya usadas para volver a ponerlas en circulación. 

La solución 

Indignado con el hecho, y con las neuronas al servicio de la innovación, Arcursín se pasó toda aquella noche pensando cómo diseñar una jeringa que se descartara sola. En 1992, presentó uno de los grandes aportes para la salud del ser humano: una jeringa autodescartable que viene solo con dos posiciones, una de succión y otra de inyección, y que debido a que el cuerpo, el émbolo y el pistón forman una sola pieza que no se desarma, su primero y único uso se convierte en un camino sin retorno. 

La conciencia 

A pesar de la frecuencia de los casos de contagios de enfermedades por el uso compartido de jeringas, recién en 2015 la Organización Mundial de la Salud incluyó la jeringa autodescartable de Arcusín como un elemento de uso obligatorio en todas las campañas de vacunación. 

Los premios 

Entre las decenas de premios recibidos por el invento, en 1992 Arcusín ganó la Medalla de Oro de la OMPI, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual que pertenece a la ONU. Sin embargo, la OMS ha declarado su uso obligatorio recién a partir de 2020. Se estima que al año se utilizan alrededor de 16.000 billones de jeringas. 

Creatividad nacional 

Egresado de la ORT, Arcusín tuvo siempre una cabeza ligada a los inventos. Es de esas personas que siempre están analizando lo que falta no en un sentido negativo, sino con la premisa de hacer un aporte significativo y simple que solucione problemas. En 1978, desarrolló los primeros productos dietéticos de la Argentina. Hoy, de hecho, trabaja en innovación alimentaria. Sin experiencia en el sector de la salud, lo de la jeringa supuso una revolución que lo tomó por sorpresa. 

La trascendencia 

En 2007, hubo una epidemia de hepatitis en Nevada, Estados Unidos, porque un médico anestesiólogo reutilizó jeringas en sus procedimientos. De acuerdo con un estudio realizado por la OMS en 2014, en 2010 hasta 1,7 millones de personas se infectaron con el virus de la hepatitis y cerca de 34.000 con el VIH a través de inyectables. Junto con la línea de productos dietéticos y la jeringa autodescartable, Arcusín lleva un promedio de 30 inventos prácticos que, lejos de complicarnos la vida, nos la facilitan. Entre ellos, un capuchón de seguridad para agujas hipodérmicas y una máquina para preparar hamburguesas que no genera humo ni olor. 

La invención versus la ciencia 

¿Por qué un inventor no es científico? De acuerdo con Arcusín, el objetivo del inventor es ver su creación funcionando en la realidad, mientras que la premisa del científico es expandir el conocimiento, analizar el mundo para comprenderlo mejor. "El inventor quiere hacer y el científico quiere investigar y, en este contexto, interactúan para dar con lo mejor", señala Carlos. 


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