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James Rhodes y la música como salvación

El pianista James Rhodes publicó su primer libró en el que denuncia abusos durante su infancia. Retrato de un artista que tocó fondo y volvió para contarlo. 

El pianista James Rhodes publicó su primer libró en el que denuncia abusos durante su infancia. Retrato de un artista que tocó fondo y volvió para contarlo.
  • James Rhodes
 

Por Ayelén Iñigo 

La vida de James Rhodes podría haber sido genial. Hijo de una familia de clase media alta británica, hubiese tenido vacaciones en playas de Ibiza y el Sudeste asiático, y amigos de alcurnia con los que intercambiar ironías entre rondas de gin tonics. Y todo complementado con una facilidad para tocar el piano que nunca está de más para sumar posibilidades de éxito dentro del ecosistema de la sofisticación cool. 

Pero el destino de gloria se le torció cuando tenía apenas cinco años, en el gimnasio de uno de esos colegios onda Pink Floyd "The Wall", donde fue abusado brutal y sistemáticamente por un profesor siniestro que le destrozó el cuerpo y el alma. Mientras en su país discurrían los tiempos claroscuros del thatcherismo y la explosión del punk, el pequeño James se vio forzado a vivir en el secreto, la vergüenza, el dolor y la confusión. 

Incapaz de hablar con nadie de esta experiencia nefasta, inició un devenir autodestructivo signado por las drogas (todas las conocidas y algunas por conocer), el alcohol, las relaciones brutales y el odio por sí mismo. En los pocos períodos de paz que pudo hallar -breves oasis entre internaciones psiquiátricas y cabalgatas por el lado salvaje- fue capaz de tener una relación más o menos sana de la que nació su hijo y abrazarse a la pasión por el piano. Pero, inevitablemente, cada momento de calma era seguido por una caída cada vez más profunda. Se aficionó a cortarse los brazos con hojas de afeitar marca Wilkinson y los intentos de suicidio empezaron volverse cada vez menos "intentos". Hasta que la música lo salvó. 

Al cumplir 31 años, cuando su mujer había huido de él llevándose al hijo de ambos a Estados Unidos, Rhodes decidió dos cosas: primero que, pasara lo que pasara, iba a dedicarse a tocar el piano y, segundo, que iba a hablar de lo ocurrido en aquel gimnasio con aquel monstruo vestido de jogging. Esa aventura de sanación fue plasmada en Instrumental: memorias de música, medicina y locura, un libro que sacudió a la sociedad británica y que acaba de llegar a las librerías argentinas. 

-Todos tenemos un lado oscuro, nadie se salva de la locura- dice James Rhodes, y al escucharlo no se percibe ni un gramo de duda en su delicada voz de un inglés perfecto. Sabemos que este británico de lentes de pasta y sonrisa simpática habla desde la experiencia más descarnada. 

-¿Realmente creés que la música te salvó? 

-Es una gran pregunta (risas). Para mí la música es todo. Aparte de mi hijo, es lo más importante en mi vida. Es la única cosa que jamás me decepcionó. Siempre fue mi mejor amiga. Estuve diez años sin tocar, y fue terrible separarme tanto tiempo. Me siento tan afortunado ahora de que mi trabajo sea tocar piezas que amo y viajar por el mundo dando conciertos. 

Otro de los aspectos interesantes del libro son las evocaciones que hace Rhodes de su panteón de héroes de la música clásica. En el recorte que hace, pareciera que todos estuvieron bastante chiflados y que tuvieron vidas tan conflictivas como la suya. Cada capítulo de Instrumental comienza con una miscelánea biográfica en la que sobrevuela la hipótesis de que para ser un genio de la música es condición sine qua non el haberla pasado recontra mal. En la familia de Beethoven abundaba el alcoholismo, la violencia doméstica y la crueldad. Ravel fue un asexuado obsesionado con su madre. Schubert vivía de la caridad de sus amigos y fue un desgraciado en el amor. Prokófiev compuso una de sus mayores obras envuelto en la rabia por el suicido de un amigo. "El dolor y la locura son parte de la condición humana", sostiene Rhodes. "Pero no coincido con la idea de que eso sea condición para la creatividad artística. El hecho de que los artistas hayan llegado a crear lo que crearon no fue porque estaban locos o porque sufrieron porque no conozco una sola persona que no haya sufrido, es porque a pesar de ello pudieron hacerlo. Es porque a las 3 de la mañana, cuando querían matarse, agarraban el piano o lápiz y papel y creaban". 

Y eso fue lo que Rhodes hizo para sobrevivir. Todas esas madrugadas repasando mentalmente las 100.000 notas de sus conciertos lo llevaron a convertiste en el primer pianista clásico que firmó con Warner Bros. Records, a editar cuatro discos de estudio y a dar conciertos en el mundo entero. 

Sin embargo, más allá de su indiscutible talento musical, Rhodes comenzó a estar en boca de todos en los últimos meses por la publicación de su polémica autobiografía. Dejando de lado los cliches -lectores boquiabiertos y espantados por los horrores de un abuso sexual infantil- los problemas de Rhodes también fueron legales: su exmujer lo demandó para impedir que el libro se publicara, alegando que podría dañar al hijo de ambos. La denuncia se convirtió en 14 meses de un arduo litigio, que terminaron finalmente a favor del músico argumentando que "la libertad de contar la verdad es un derecho básico al que la ley otorga una muy alta protección". 

-¿Dirías que Instrumental es una biografía o un libro de autoayuda? 

-Creo que es una memoria. Es realmente un libro sobre música y amor. 

-Entre sus páginas marcás a Bach como el compositor que "te salvó". ¿Es tu músico preferido? 

-Son Bach, Chopin y Beethoven. Pero hay tantos genios compositores, increíbles, que tenemos mucha suerte de poder escuchar su música. La música sigue muy viva. No envejece. Genera sentimientos asombrosos, aunque tenga 300 años. 

El pianista James Rhodes publicó su primer libró en el que denuncia abusos durante su infancia. Retrato de un artista que tocó fondo y volvió para contarlo.
  • Instrumental, James Rhodes
 

-¿Escuchás otros géneros? 

-Amo el rock y el pop, escucho todo tipo de música. Me molesta que esté todo tan segregado. Me parece increíble el surgimiento de Spotify, porque podés escuchar todo lo que quieras. Te da muchísimas posibilidades. Podés armar una playlist y mezclar todo lo que te guste, sin distinciones. 

Es que James Rhodes parece mucho más un rockstar que un compositor de piano. Su look de pelos despeinados y jean con zapatillas lo catapultó contra el muro duro e impermeable de los tradicionales escuchas de música clásica. 

-Es un negocio muy difícil. Hay mucha gente que solo quiere que la música quede para ellos. Gente bien educada, adinerada, que pueda entender. Para mí lo más importante es compartir la música, poder explicarle a la gente lo que significada cada pieza. 

-¿Eso lo vez reflejado en tu público? 

-Claro. Mi público es muy variado. Hay mucha gente joven, adolescentes o jóvenes rondando los 20. Pero van desde niños hasta señores de 80 años. Me gusta mucho el hecho de que venga gente que nunca fue a un concierto de música clásica en su vida. Eso significa algo. 



 

Detrás de los muros

Pero no todo es color de rosas. Más allá del éxito musical y la superación personal, Rhodes tuvo que atravesar momentos durísimos para estar donde está hoy. La adicción al alcohol y a las drogas lo llevó durante sus peores momentos a internarse en psiquiátricos para proteger su propia vida. 

-Fue de lo más duro. Hay mucho estigma y mucha burocracia en lo que respecta a las enfermedades psiquiátricas. Es muy triste. Se necesita más inversión, más conciencia y más bondad por parte de la gente. Está siendo mejor, pero todavía es muy difícil. 

-Vos tuviste siempre un buen pasar económico, ¿creés que eso te ayudó a recuperarte? 

-Por supuesto que es más fácil ponerse bien con dinero, porque podés ver mejores doctores, ir a mejores clínicas. Pero lo que tienen las enfermedades mentales es que no importa si tenés plata o no, si sos joven o viejo, afecta a todos. Es tan común y hay tanta gente que sufre ansiedad, depresión, tristeza. Es más aceptado tener cáncer antes que una enfermedad psiquiátrica. 

-¿Qué pensás hoy en día de las drogas y la legalización? 

-Algo que no funciona bien con las enfermedades psiquiátricas son las drogas y el alcohol. Es un desastre. Me ayudaron durante un tiempo porque era una forma de escaparme, pero termina haciendo todo muchísimo peor. Hay medicaciones, drogas legales, que ayudan mucho y que deberían tenerse en cuenta. Pero no otro tipo de drogas. 

-¿No seguís consumiendo? 

-Hay gente que puede hacerlo, yo no puedo. No creo que sea una buena idea para nadie que esté sufriendo una enfermedad psiquiátrica. 

-¿Estás escribiendo un libro nuevo? 

-Este será corto y promete que cualquiera con dos manos que lo lea puede tocar una pieza de Bach en el piano en solo 6 semanas. Incluso si jamás en tu vida tocó un piano. 

James Rhodes se presentará la noche del 17 de febrero en la Usina del arte, a las 20 hs.  


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