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Y un día el Vaticano se puso tecno

La Santa Sede tiene su CIO, Chief Information Officer, que además es geek: se trata de Luciano Ammenti, responsable del proyecto en el que se digitalizarán 82.000 manuscritos de la Biblioteca Vaticana. 

Por Leandro Africano 

No todos los cambios que se han visto en los últimos años en el Vaticano son obra del papa Francisco. Desde el punto de vista tecnológico, hay un proyecto que se diseñó antes de la llegada de Bergoglio y que se puso en marcha recientemente: se trata de la digitalización de 82.000 manuscritos que residen en la Biblioteca Apostólica Vaticana. Y quien lo comanda es el gerente de Sistemas de la Santa Sede, el italiano Luciano Ammenti

"Los documentos dentro de la biblioteca no son del Vaticano sino de la gente. Esta es una iniciativa que busca preservar de manera permanente y permitir que cualquier persona acceda a archivos, lo que de otra forma sería imposible", explica desde Roma Ammenti. En palabras del capo de tecnología del Vaticano: "No hay un proyecto similar en todo el mundo porque cada manuscrito tiene quinientas páginas en promedio y se estima que cada una de ellas pesa 150 megabytes. Este cálculo permite dimensionar que el proyecto alcanzará cerca de 42 petabytes, algo así como 42.000 terabytes. Para comparar, se estima que Google procesa casi toda esa información por día". 

En este momento, la biblioteca del Vaticano no puede tener más de doscientas personas al mismo tiempo en el cuarto de lectura y eso hace inviable que la información sea de acceso masivo. "Con tecnología innovadora, los manuscritos estarán disponibles en internet en menos de diez años y se podrán hacer búsquedas sin necesidad de tocar el manuscrito", apunta el líder del proyecto. 

El archivo de la biblioteca no solo se limita a textos del cristianismo y del catolicismo: en sus pasillos hay testimonios de los trabajos de Homero, Sófocles, Platón e Hipócrates, textos antiguos que ilustran los trabajos del poeta romano Publio Virgilio, manuscritos aztecas, ejemplos ilustrados de La Divina Comedia de Dante Alighieri y documentos de monasterios de la época medieval. Allí se encuentran también la Biblia de 42 líneas de Gutenberg escrita en latín, el primer libro impreso con el sistema de tipos móviles que data del período comprendido entre los años 1451 y 1455, y Sifra, el manuscrito hebreo escrito entre fines del siglo IX y mediados del siglo X que constituye uno de los códices más antiguos en hebreo que todavía existe. 

La compañía que dará soporte tecnológico a este proyecto es EMC, empresa norteamericana que se encuentra en proceso de compra por parte de Dell por un monto cercano a los 67.000 millones de dólares y que se especializa en almacenamiento y gestión de la información. Marco Fanizzi, gerente regional de la empresa en Italia señala: "La colaboración con la Biblioteca Apostólica es un proyecto que proporcionará a las próximas generaciones acceso, conocimientos y saberes que, de otro modo, podrían perderse para siempre". 

Debido a su fragilidad, se cree que durante más de quinientos años de vida de la biblioteca solo se ha consultado el 20% de los documentos disponibles. "Hoy, la digitalización avanza con bastante velocidad, mientras el trabajo de catalogación va un poco más lento", agrega Ammenti. Los documentos son digitalizados con la tecnología Fits (Flexible Images Transfer System), un formato que utiliza la Nasa desde los años 60 para guardar datos e imágenes de las misiones espaciales. Parte del trabajo de la compañía implica colocar servidores de almacenamiento en las instalaciones del Vaticano, y como estos grandes dispositivos no pueden alterar la estética del lugar, tuvieron que pintarlos de blanco para que mantuvieran la armonía con la propuesta de la Santa Sede. 

La gran mayoría de los documentos manuscritos de la biblioteca no están catalogados, por eso el objetivo es que los textos digitalizados puedan ser consultados a través de computadoras, tabletas o teléfonos inteligentes. Además de la consulta, será posible descargar una imagen con una copia fiel de uno de los textos de la biblioteca. Uno de los hallazgos que provee la tecnología es que las búsquedas que se hagan sobre los manuscritos permitirán identificar la caligrafía y definir, por ejemplo, si fue escrito por la misma persona. "A partir de ese dato, se podrá saber a qué región pertenece el manuscrito. El sueño de muchos investigadores es descubrir un texto de un autor antiguo no conocido hasta el momento", concluye Ammenti. 


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