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El lado absurdo y divertido de la investigación

Uno de nuestros cronistas asistió a la entrega de premios más hilarante del mundo de la ciencia: la del "Ig Nobel", en la que desde hace 25 años en el tradicional Teatro Sanders de Cambridge se condecora investigaciones insólitas. 

Por Federico Kukso 

El edificio parece sacado de una de las infinitas películas de Harry Potter. Se ve, se siente: el mármol blanquísimo del piso, los coloridos vitraux que cuentan antiguas gestas hace tiempo ya olvidadas, los candelabros monumentales, las escaleras de madera que rechinan, crujen, las gárgolas y los detalles góticos, las inscripciones en las paredes que repiten la palabra "veritas". Su interior huele a magia y a historia. Sin embargo, por los pasillos del Teatro Sanders, en Cambridge (Estados Unidos), no corren ni Hermione ni Ron ni ningún otro estudiante de mago de Hogwarts. Acá, en este edificio majestuoso de la Universidad de Harvard construido en 1875, un hombre de unos 70 años se pasea lo más tranquilo de un lado para el otro en slip y pintado de plateado de arriba abajo. Con la mano derecha, apunta una linterna a los invitados algo retrasados que entran por la puerta. Con la izquierda, se rasca una pierna mientras repite con histeria: "Adentro, adentro, apúrense, el show está por comenzar". 

Nadie se quiere perder la ceremonia de los premios "Ig Nobel". Ni los representantes locales de Mensa -la asociación que reúne a personas con alto coeficiente mental (y bajo magnetismo social)-, ni los estudiantes e investigadores de MIT y Harvard. Todos están acá. Esto es porno para geeks: un show de humor científico, espectáculos con performances, todo alrededor de la excusa de un galardón que se entrega desde hace 25 años a las investigaciones -reales- más insólitas del mundo. 

No es ni por asomo el anti Nobel. Más bien, se lo puede considerar una versión más festiva, alocada, descontracturada, alternativa. En su nombre se esconde el secreto, la referencia directa a palabra inglesa ignoble (innoble o miserable). Organizados por la revista de humor científico Anales de la Investigación Improbable (Annals of Improbable Research, www.improbable.com), estos premios son otorgados oficialmente a investigadores de todo el mundo ya sea por los "inventos que no se pueden y no se deben repetir" -en palabras de los organizadores- o por los papers más extraños. En ambos casos, se busca lo mismo: destacar aquellos profesionales y descubrimientos para hacer a la gente "primero reír y luego pensar"

"El objetivo es mostrar que la ciencia y los científicos también tiene sentido del humor -cuenta el matemático estadounidense Marc Abrahams, creador de los Ig Nobel y anfitrión de la velada--. Las investigaciones galardonadas aparecen en las más destacadas publicaciones científicas. Para ganar lo único importante es que sean divertidas". 

Y cada año se superan. Luego del clásico comienzo de la ceremonia en el que los 1.100 espectadores arrojan avioncitos de papel al escenario y se presenta a la "abucheadora oficial" -una nena de ocho años cuyo único trabajo es repetir a los gritos "¡Estoy aburrida, por favor deténgase!" cuando los discursos de los ganadores se hacen excesivamente largos-, comenzó el desfile de galardonados distribuidos en diez categorías: química, física, biología, literatura, management, economía, medicina, matemática, medicina de diagnóstico y fisiología o entomología. 

En el paper "Duración de micción no cambia con el tamaño del cuerpo", publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, un equipo de científicos de Estados Unidos y Taiwán demostró que casi todos los animales evacuan su vejiga en alrededor de veintiún segundos. Y así Patricia Yang, David Hu, Jonathan Pham y Jerome Choo recibieron un cheque de 10 trillones de dólares (de Zimbabwe), una planta y un apretón de manos del físico Frank Wilczek, ganador en 2004 del Premio Nobel de Física. 

El Ig Nobel de medicina fue para los eslovacos Natália Kamodyová y Peter Celec quienes midieron la "persistencia de ADN masculino en saliva femenina una hora después de un beso intenso". Los científicos chilenos Bruno Grossi, José Iriarte Díaz, Omar Larach y Rodrigo Vásquez, y el radiólogo Mauricio Canals ganaron el Ig Nobel de biología al demostrar que las gallinas caminan en forma similar a como se cree que lo hacían los velocirraptors y tiranosaurios al ponerles una cola artificial -un destapacaños- con la que se altera su centro de gravedad. "Los pollitos colaboraron bastante con el experimento", confesó Bruno Grossi antes de imitar en el escenario el andar de un dinosaurio. 

Mark Dingemanse, Francisco Torreira y Nick J. Enfield se llevaron el de literatura al demostrar que la expresión "huh?" -y sus equivalentes: "¿qué?"-existen en todos los idiomas humanos. El de matemáticafue a parar a las manos de los austríacos Elisabeth Oberzaucher y Karl Grammer quienes demostraron estadísticamente que entre 1698 y 1727, el emperador de Marruecos Moulay Ismael tuvo 888 hijos (con mujeres distintas, claro). Michael L. Smith también puso el cuerpo: se dejó picar por un enjambre de abejas en veinticinco lugares distintos del cuerpo para probar cuáles son los que más duelen (la fosa nasal, el labio superior y el pene). 

Ya lo dijo Robert Ripley en su momento y ahora lo repetirán los flamantes ganadores del Ig Nobel: "Aunque usted no lo crea". 


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