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Hipnosis: la nueva vedette de las neurociencias

Un médico y un abogado uruguayos unieron el arte de Tusam y los estudios sobre el cerebro para crear una técnica de coaching empresarial: la hipnovación. 

Un médico y un abogado uruguayos unieron el arte de Tusam y los estudios sobre el cerebro para crear una técnica de coaching empresarial: la hipnovación.
 

Por Cintia Kemelmajer

Hace un año, Marisa Bello, bibliotecóloga de La Plata, separada, 51 años, condujo un auto ultralujoso. Luego, durmió profundamente. Más tarde, se rió a carcajadas y olió un perfume indescriptible. Todo eso lo vivió desde una silla, apostada en el escenario de un pabellón de Tecnópolis. Para ella, sucedió durante una hora. "En realidad, estuvo entre dieciséis y dieciocho minutos, que es el tiempo máximo que utilizamos durante nuestros espectáculos para hipnotizar a la gente -explica Gonzalo Blanc, un abogado de 41 años-. Pero la percepción del tiempo en ese estado es otra, y eso la llevó a sentir la experiencia mucho más larga". Durante dieciséis presentaciones en Tecnópolis, Gonzalo, junto con el médico Daniel West, de 30 años, practicaron hipnosis colectiva sobre el público. Los dos viven en Montevideo y se dedican desde hace más de diez años a investigar las neurociencias. Dan seminarios, conferencias y talleres empresariales para mejorar el rendimiento a través de la hipnosis -tuvieron clientes como YPF, Telefónica, L'Oréal y Santillana-; practican hipnosis clínica para atenuar el dolor y curar patologías, y sus conferencias en TEDx Durazno y en TEDx Río de la Plata, llamadas "¿Se puede entrenar a la mente para ser exitosos?", tienen más de 150.000 reproducciones. 

Bello, la bibliotecóloga hipnotizada del comienzo de esta nota, es mi amiga. Daniel, al arranque de esta nota, respira aliviado. "Qué bueno que tengas alguien de primera mano que lo haya hecho -dice-. Porque si no, charlaríamos un 80% del tiempo, como nos pasa habitualmente, sobre si la hipnosis existe o es pura chantada". Ellos mismos, cuando empezaron, pensaban que podía ser "todo trucho". "Siempre tuve la duda, después me pregunté si sería verdad y después me di cuenta de que muchas cosas eran falsas, pero muchas otras no", dice Daniel, el más escéptico de los dos, alguien que primero niega, luego estudia y, finalmente, reconoce la veracidad de una técnica. "En cambio -dice Gonzalo-, desde que vi la hipnosis en vivo y en directo quise hacerlo". 

Y, aunque la disciplina sigue tan en tela de juicio como desde sus inicios -Sigmund Freud la utilizaba hasta que encontró el método analítico por el que sustituyó su uso en pacientes terapéuticos; Tusam, con su famoso latiguillo televisivo "puede fallar", proponía dejar de fumar gracias al hipnotismo, y Tony Kamo y sus herederos siempre caminaron por la cuerda floja de la chantada-, Daniel y Gonzalo retomaron la herramienta pero la aggiornaron: la cruzaron con las neurociencias y crearon la hipnovación, un sistema de entrenamiento cerebral basado en conocimiento neurocientífico, "para mejorar y reestructurar la performance individual o de equipos". Además, son directores del Centro de Hipnosis Uruguay, donde coordinan y dirigen un grupo interdisciplinario en el área de Hipnosis de la Facultad de Psicología de Montevideo, abocada a lo asistencial y a la investigación de la hipnosis clínica. 

Creer o hipnotizar

Un médico y un abogado uruguayos unieron el arte de Tusam y los estudios sobre el cerebro para crear una técnica de coaching empresarial: la hipnovación.
  • Ilustración de Kid Gaucho
 

La primera vez que Gonzalo conoció la hipnosis fue a los 15 años. En el caso de Daniel fue a los 11, cuando vio cómo Tusam hipnotizaba al padre de un amigo: "Yo no podía entender cómo una persona podía entrar en un estado hipnótico, pero le creía porque era él. Eso me daba una curiosidad que me mataba", recuerda. 

Se conocieron por amigos en común cuando Daniel empezaba la carrera de Medicina en la Universidad de la República, en Uruguay, y Gonzalo ya era abogado y ejercía como director de una empresa española. Charlando de la vida, se dieron cuenta de que los dos tenían un pasado común de curiosidad por las neurociencias y la hipnosis. Comenzaron siendo autodidactas y buscaron profesionales de referencia -en Inglaterra, en Estados Unidos, en Cuba- que tuvieran investigaciones al respecto. "Es un campo muy particular: en neuroentrenamiento, no hay nada para potenciar tanto el desempeño personal como el empresarial, entonces todo hay que crearlo. Son cosas muy nuevas, en las que tuvimos, y tenemos, que seguir investigando muchísimo", dice Daniel. Su idea primaria fue llevar la hipnosis a un público en general -aprovechando su coincidente sentido del humor-, como divulgadores neurocientíficos. Tras años de estudio, Gonzalo y Daniel idearon un espectáculo no para reírse de la gente ni para mostrar un superpoder a través de la hipnosis, sino para guiar a las personas en la autohipnosis que, según explica Gonzalo, propicia un estado de concentración máxima en el cual pareciera que el resto de las cosas no existen. "Nos proponemos que la gente entienda que puede modificar la realidad y el entorno en el que está", insiste Daniel. 

Además del espectáculo, que presentaron en Tecnópolis y que siguen reproduciendo en otros lugares donde los contratan, con su programa de coaching en "hipnovación" ofrecen entrenamiento mental para que empresas y personas puedan lograr sus objetivos. Lo hacen en tres formatos: como conferencia (de una hora y media de duración), como seminario (de tres horas) o como taller (de cinco horas). "Las empresas lo utilizan para mejorar la gestión de sus propios recursos y la que tienen con los clientes; también para mejorar desempeños personales o a nivel macro cuando falta motivación en sus equipos de trabajo", explica Gonzalo. "Cuando una empresa recurre a la hipnosis con su personal, puede acceder a los conflictos internos que existen y, mediante un programa motivacional, ayudarlos a focalizarse y a mantenerse estimulados en el tiempo. Es como cuando uno empieza la dieta: los tres primeros días siempre se hacen a rajatabla, pero al cuarto se pierden el objetivo y las ganas de continuar. Nosotros trabajamos en el cerebro delineando objetivos a corto, mediano y largo plazo, y damos técnicas para sostenerlos y alcanzarlos. Al tener claro adónde quieren o pueden llegar, las personas empiezan a ver oportunidades donde antes no las veían. Para nosotros, la clave del éxito es mantenerse focalizado", completa Daniel. 

La cantidad de personas que hipnotizaron estos dos uruguayos en su derrotero neurocientífico ya es infinita. "Al principio, yo le pedí a Daniel que tomáramos los nombres de las personas que hipnotizábamos para tener un registro porque hay distintos grados de hipnosis -más leve, más profundo-, pero al mes ya nos era imposible", recuerda Gonzalo. 

¿Y cuáles son los planes futuros de estos uruguayos que hoy tienen su marca: Le Blanc & West? Que la hipnosis sea tomada en serio por la ciencia y -yendo más lejos- establecer un departamento de investigación en la Facultad de Medicina en Uruguay. De hecho, están entrenando su mente para alcanzar esos objetivos. Gonzalo dice que los escribe en la computadora y los relee tres veces a la semana; Daniel los graba en su celular y los escucha mientras maneja. El tiempo nos dirá si lograron alcanzarlos. 

Cómo reconocer un chanta en 3, 2, 1

"Hace poco, vimos el reportaje que le hacían a un supuesto hipnotizador que decía que curaba la enfermedad celíaca y la diabetes. Era lo más cercano a un curandero. Eso le hace muy mal a la hipnosis, porque la lleva a un ámbito que directamente no es útil desde el punto de vista clínico; la gente cree, por eso, que con chasquear le solucionan la vida", dicen respecto de los "chantas" de su profesión.Para detectar falsos hipnotizadores, Blanc y West apuntan a algunas características que, al menos, deberían levantar sospechas: "Si no importa qué le preguntás, pero la hipnosis lo logra todo, hay algo raro". Otra particularidad es que exige una formación clínica. "Se puede ser hipnotizador y no clínico, pero cuando se entra en el terreno clínico de querer curar a alguien, se está introduciendo en una esfera muy particular que requiere otros criterios".La última, cuando un supuesto hipnotizador dice: "Gracias al poder de la hipnosis", alerta roja. "No tenemos un superpoder -advierten-.Tenemos la herramienta, la conocemos, pero no es un don. Es un conocimiento, como el del arquitecto, que tiene el poder de hacer cosas, o el del escritor, que puede escribir algo perfecto. Es un estudio". 

Casos de éxito

En la India se hacen operaciones de apendicitis reemplazando la anestesia por un estado hipnótico. Gonzalo Blanc y Daniel West llegaron a practicar la hipnosis en cinco oportunidades a personas que se estaban por extraer una muela y no toleraban los analgésicos porque eran alérgicas a la xilocaína.Entre los casos médicos que trataron recuerdan, por ejemplo, el de un hombre que desde hacía treinta años tenía fobia al ascensor, entonces subía los tres pisos del edificio de su trabajo por la escalera. En una de las sesiones logró superar su fobia y subir por ascensor.Otro caso fue el de un gerente general de una empresa que hacía presentaciones muy malas ante el personal. "Él odiaba hacer eso, no podía expresar lo que decía, y en la empresa todos pensaban que lo que decía eran malas noticias porque se expresaba de manera incorrecta. Tenía miedo innato a expresar lo diario. Se trabajó con hipnosis: retocamos dos o tres puntos, y los resultados fueron buenos en dos sesiones", asegura West. 


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