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En el camino de la economía colaborativa

Quince países, 21.000 kilómetros, siete meses de viaje y ni una noche de hotel. Tres amigos franceses que se hacen llamar The Sharing Bros recorrieron América poniendo a pruebala economía colaborativa. Plataformas p2p y solidaridad 

Quince países, 21.000 kilómetros, siete meses de viaje y ni una noche de hotel. Tres amigos franceses que se hacen llamar The Sharing Bros recorrieron América poniendo a pruebala economía colaborativa. Plataformas p2p y solidaridad
 

Por Marcela Basch (@marbasch)

¿Será posible cruzar América, de norte a sur, en brazos de la economía colaborativa? ¿Se pueden reemplazar todos los consumos tradicionales por soluciones entre pares? Mathieu Bernard, Ivan de Quercize y Rodolphe "Roro" Strauss lo tomaron como un desafío: viajar usando nuevas y viejas plataformas para compartir alojamiento, viajes, comida y experiencias. Aunque son franceses, tomaron como nombre The Sharing Bros, por "sharing economy" (economía del compartir), la etiqueta más popularizada en inglés para hablar de este movimiento que abarca desde grandes compañías como Airbnb -una red de alquiler p2p que reúne más alojamientos que cualquier cadena hotelera- hasta cooperativas de campesinos. 

La esencia de la economía colaborativa es reemplazar instituciones y empresas centralizadas por redes de personas y comunidades conectadas, que producen, consumen, se educan y se financian de forma horizontal. Este modelo propone el acceso en lugar de la posesión: lo importante no es ser dueño de, pongamos, un auto, sino contar con uno cuando se lo necesita. Explotó a partir de la crisis europea de 2008, cuando a la necesidad de recortar gastos se sumó el enojo contra el hiperconsumo. Hoy lo potencia la tecnología, que permite visibilizar los bienes subutilizados -un auto estacionado once horas al día o un departamento vacío- y difundirlos en tiempo real. Internet y teléfonos inteligentes dan escala global a intercambios que ya existían en las relaciones cara a cara; las redes sociales permiten construir confianza online. 

Los Sharing Bros llegaron a este modelo de casualidad. Como buenos franceses, a los 23 años estos amigos de la infancia estaban desperdigados por el mundo: Iván en Chile, Roro en Uganda y Mathieu en Ámsterdam. Sin saberlo, los tres disfrutaban de la economía colaborativa: Iván y Roro por medio de Couchsurfing, una red global de viajeros que ofrecen alojamiento y compañía gratis, y Mathieu, alquilando un departamento particular por Airbnb. "Nos parecía fantástico poder recorrer el mundo desde las casas de otros que nos abrían sus puertas como amigos -cuenta Mathieu-. Gracias a las personas que nos alojaban, descubrimos el movimiento colaborativo. Empezamos a preguntarnos quién estaba detrás: ¿idealistas, tacaños, gente de izquierda? Decidimos salir a buscarlos, investigar el estado de la economía colaborativa en América y averiguar si de verdad genera vínculos". 

Con sus ahorros compraron pasajes a Canadá y crearon el sitio thesharingbros.com, donde se comprometían a postear videos y reportes, y a redondear un documental al volver. Todavía faltaban unos ? 6.000 para equipos, así que abrieron una cuenta en la plataforma de crowdfunding Ulule. En treinta días superaron el objetivo: recaudaron ? 7.250, que destinaron a dos GoPro, una cámara fotográfica y otra de video. Consiguieron un auspicio de Airbnb por canje en noches de alojamiento y salieron a la ruta. 

On the road

Quince países, 21.000 kilómetros, siete meses de viaje y ni una noche de hotel. Tres amigos franceses que se hacen llamar The Sharing Bros recorrieron América poniendo a pruebala economía colaborativa. Plataformas p2p y solidaridad
 

El viaje iba a durar seis meses, pero finalmente fueron siete. Empezó con un couchsurfing salvaje en Vancouver, donde compartían techo con veinte viajeros de todo el mundo, y terminó a lo grande en pleno Carnaval de Río de Janeiro. Quince países y 21.000 kilómetros a bordo de la economía colaborativa, sin jamás pagar una noche de hotel ni un pasaje de avión. No es que no hayan gastado plata: en las plataformas p2p también circula el dinero, pero de manera descentralizada, como el pago para dormir en casa ajena a través de Airbnb, o la parte correspondiente a los gastos de un viaje compartido en auto. Muchas veces, de todos modos, simplemente hacían dedo o disfrutaban de la hospitalidad gratuita. 

"En Canadá y Estados Unidos todo el mundo está familiarizado con las plataformas colaborativas online", explica Iván, sorprendido por el nivel de interacción con el comercio electrónico de estos países. "Empezamos a preguntar cómo conseguir una cosa u otra, y todos nos mandaban a Craigslist, algo maravilloso: un sitio web del siglo pasado con un diseño horrible donde se puede conseguir absolutamente todo entre particulares, desde una mascota o un corte de pelo hasta un departamento o un pasaje de avión". La perla en esta etapa del viaje fue que en San Francisco disfrutaron de la hospitalidad del mismísimo fundador de Couchsurfing, Casey Fenton. 

El cruce de frontera hacia México los obligó a cambiar no solo de idioma, sino también de estrategia. Explica Mathieu: "En América Central, la colaboración es una tradición, pero no a través de internet. Para empezar, hay mucha menos conectividad; la gente tiene menos teléfonos inteligentes y, además, desconfían de la web. No se animan a poner su número de tarjeta de crédito online, ni mucho menos abrir la puerta de su casa o auto a desconocidos. Así que lo hicimos al viejo estilo, hablando con cada persona. Empezábamos con «estamos recorriendo América a dedo», y después, si veíamos receptividad, tratábamos de evangelizar sobre economía colaborativa". Esta desconfianza se agudizaba en la ruta, donde contaban con escasos segundos para convencer a su interlocutor. "Muchas veces nos dijeron: «Los llevo porque son europeos, pero jamás le hubiera parado a alguien de mi país». Eso es racismo inverso". 

La colaboración analógica, espontánea, también los llevó a dormir en cuarteles de bomberos y en puestos de guardaparque, a comer en las casas de quienes los levantaban en la ruta, y hasta a ser testigos de una fuga cuando el chofer que los llevaba abandonó su camión en medio de la ruta, de madrugada, para huir de la policía. Pero también en el peor momento del viaje, cuando en Costa Rica les robaron una computadora y una cámara, los salvó la colaboración: mediante la plataforma de crowdfunding GoFundMe reunieron, en dieciocho horas, los ? 700 necesarios para reponer los equipos. 

En Argentina

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Los Bros siguieron la larga espina vertebral de los Andes hasta entrar en Argentina. Durmieron en la terminal de Mendoza al mejor estilo mochilero ratón y cruzaron el país de oeste a este gracias a la plataforma de viajes compartidos TripDa, en la que se paga a un particular un proporcional del costo del viaje. "Fue la primera vez que logramos usar un servicio de ridesharing en América latina -cuenta Iván-. Tardamos lo mismo para cubrir 1.500 kilómetros que para hacer trescientos a dedo el día anterior". 

En Buenos Aires se alojaron unas noches con Airbnb y otras con HomeStay, una plataforma similar pero "más hogareña", donde los anfitriones están siempre presentes. Para trabajar, en general usaron Copass, un abono para usar espacios de coworking (oficinas compartidas) en distintas partes del mundo. Aquí eligieron Urban Station como base. También salieron a explorar la cultura colaborativa argentina: se entrevistaron con gente de la plataforma Idea.me, conocieron una gratiferia (allí todo es gratis), y visitaron el Hacklab y la Bicicueva de la Biblioteca Popular de Barracas, donde difunden el conocimiento libre y abierto y la filosofía Do It Yourself, en software y en hardware (y bicis). 

"Cuando pasás seis meses inmerso en la economía colaborativa, todo es mediante la gente: dormir, comer, viajar", dice Roro. "Es hermoso, pero también puede ser un poco apabullante. Víctor agrega que comprobaron que la colaboración era más eficiente si había una compensación: "No necesariamente en dinero. Por ejemplo, en la plataforma NightSwapping -donde recibir viajeros por una noche te habilita a ser recibido una noche después- nos contestaron con mucha más velocidad y compromiso que en Couchsurfing". 

Si pudieron sacar alguna conclusión es que el espíritu colaborativo no depende de internet, pero, sin duda, las plataformas online hacen todo mucho más fácil. "Y es fantástico ver que en Chile, Argentina y Brasil, estas redes están en expansión", resume Mathieu. 

Las plataformas colaborativas que más usaron

- Airbnb.com. Alquiler de alojamiento p2p, con más de un millón de espacios ofrecidos en 92 países. Patrocinó el viaje con vouchers de noches gratis. 

-CouchSurfing.org. Red de viajeros que brindan y reciben hospitalidad y compañía gratis, con nueve millones de usuarios. 

-Copass.org. Red internacional de espacios de coworking que permite acceder fácilmente a un espacio de trabajo en 241 ciudades del mundo. 

-Craigslist.org. El abuelo de los sitios de intercambio p2p: un mayorista de clasificados gratuitos. 

-GoFundMe.com. La plataforma de crowdfunding que les permitió juntar ? 700 en dieciocho horas, y así comprar una cámara de segunda mano después de que les robaron la suya. 

-TripDa.com. Plataforma online de viajes compartidos, compartiendo gastos. 


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