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Balas de tinta: ¿cómo es el oficio del periodista?

Mientras la batalla cultural del kirchnerismo alinea periodistas en ambos frentes, una nueva camada de profesionales reflexiona sobre su trabajo. 

Por Natalia Zuazo (@nataliazzz)
Fotos de Mariana Eliano


Mientras la batalla cultural del kirchnerismo alinea periodistas en ambos frentes, una nueva camada de profesionales reflexiona sobre su trabajo.
Ignacio Miri
41 año - Trabaja en Clarín
@ignaciomiri

¿Cuándo decidiste ser periodista y por qué? 

Leo el diario desde muy chico, desde los ocho o diez años, y seguro que eso ayudó a convertirme en periodista. Empecé la carrera de Ciencias Políticas cuando alguien me recomendó que, si me interesaba ser periodista, no siguiera periodismo. Entonces me metí en la UBA a estudiar algo que, suponía, me iba a servir para trabajar en un diario. Durante toda la carrera, me olvidé de que esa había sido mi intención inicial y, pocos meses antes de recibirme, me anoté en una pasantía en Página/12. Entré y allí tuvieron que enseñarme las herramientas básicas del periodismo: "La parte más importante va arriba", me dijo mi editor cuando me encargó el primer recuadro.  

¿Cuál fue tu primera nota y para qué medio? 

Fue una crónica sobre la murga del Galpón de Catalinas, en La Boca. Era bastante larga y salió con mi firma. Fui dos o tres veces a Catalinas y seguía pegada en la pared. Salió en la sección Espectáculos porque, a pesar de que yo soy politólogo, cuando llegué ahí me mandaron a Espectáculos.  

¿Cuál fue tu mejor nota y cuál la peor? 

Las peores seguro que son las entrevistas. Soy bastante malo entrevistando. Me aburro de las preguntas, de las respuestas, de todo el proceso.  

¿Qué nota te hubiera gustado hacer en los 90, en los 2000 y cuál te gustaría hacer hoy? 

En los 90 me gustaban las notas de investigación, imagino que igual que a todos. Las notas de Susana Viau sobre Moneta, por ejemplo, y también leía siempre las de Soriano. Por supuesto, leía a todos los columnistas de los domingos. En realidad, mi sueño ridículo e inalcanzable en esos años era hacer uno de esos panoramas. A inicios de los 2000 me cansé del "análisis político" y ahora me estoy enamorando de nuevo de ese formato, así que mi nota ideal es una combinación de análisis e información.  

¿Quién era tu referente cuando empezaste? 

Horacio Verbitsky.  

¿Quién es tu referente ahora? 

Cuando uno crece se hace más difícil elegir uno solo. Hoy me gustan cosas de Carlos Pagni, de Julio Blanck, del propio Verbitsky y también de algunos colegas de mi generación, o incluso más chicos que yo. Hoy hay muy buenos periodistas de treinta años en Clarín, en La Nación, en El Cronista o en Perfil.  

¿En qué medio soñabas trabajar cuando empezaste? 

En La Nación. Paradójicamente, es uno de los poquísimos diarios en donde nunca publiqué una sola nota.  

¿Qué programas periodísticos (de televisión) de los últimos veinte años elegirías y por qué? 

Las reencarnaciones de Lanata en la tele siempre tuvieron algo interesante. Siempre roba algún buen periodista de los diarios o las revistas. Telenoche también hizo cosas buenas en algunos períodos.  

¿Qué libro periodístico elegirías? 

No leo muchos libros periodísticos. No es un formato que me atraiga. El 95% de lo que leo es ficción. Incluso, leo no ficción no periodística más que libros de periodismo. De los que leí, Operación Masacre, de Rodolfo Walsh.  

Según tu opinión, ¿cuál es hoy la mejor manera de informarse? 

Una combinación de diarios en papel, diarios online y Twitter. Además de los datos que se publican en Twitter, por allí circulan recomendaciones de notas de diarios, revistas, radios y canales de TV. En otros lugares del mundo funcionan los blogs, pero acá perdieron fuerza.  

¿Qué relación debería tener el periodismo con el poder político y económico? 

Lo más crítica posible.  

¿Qué significa para vos el periodismo militante? 

Una deformación de la profesión. Militante es cualquiera. Buen periodista, no. El costado menos interesante de Walsh, por ejemplo, fue su militancia.  

¿Creés que existe el periodismo independiente? 

Creo que la independencia es un ideal. Nunca se alcanza por completo, pero hay que tender a eso. Ahí está la clave: tratar de ir hacia allí. No tolero debates en ese sentido. Cuando empiezan con la obviedad de que "cada uno escribe desde un lugar" y toda esa cosa de primer año de Ciencias de la Comunicación en los 90, yo me duermo.  

¿Te encontraste alguna vez frente a un dilema ideológico en una nota? 

No.  

¿Cuál sería el medio ideal para trabajar? 

A mí, las redacciones de los diarios -hoy me refiero, por supuesto, a la combinación de papel y web- me siguen pareciendo el mejor lugar. Circula mucha información y además son divertidas.  

¿Qué es lo que tiene que saber y aprender hoy un chico que quiere ser periodista? 

Primero tiene que saber si verdaderamente quiere ser periodista. Si no lee los diarios todos los días -que hoy son gratis en la web-, es probable que no quiera ser periodista. Cuando decide eso, que estudie una carrera universitaria -casi cualquiera sirve para ser periodista- y, mientras tanto, que siga leyendo los diarios todos los días y que se arme un blog para escribir todas las veces que pueda con el formato que quiera: notas de revistas, entrevistas, crónicas, coberturas de cualquier cosa, investigaciones en la web.  

Para bien y para mal, ¿qué cambió en el periodismo desde que empezaste? 

Para bien: Desde mi generación para abajo, la formación académica se volvió un insumo clave para empezar a trabajar. Hay excepciones, por supuesto, pero la tendencia es irreversible.
Para mal: Además de este ombliguismo en que entró nuestra profesión, con cada vez más periodistas hablando de otros periodistas, se precarizó mucho nuestro trabajo: adelgazaron las redacciones, y eso termina notándose en la calidad promedio de los textos.
 

Mientras la batalla cultural del kirchnerismo alinea periodistas en ambos frentes, una nueva camada de profesionales reflexiona sobre su trabajo.
Cynthia García
40 años - Trabaja en Radio Nacional, Canal 7, Radio Continental
@cyngarciaradio

¿Cuándo decidiste ser periodista y por qué? 

Iba a un secundario con orientación en derechos humanos y tenía un profesor de Educación Cívica sobreviviente de la dictadura. Fue en 1988, después de una prueba en la que yo había relacionado la declaración de los derechos humanos con la actualidad. Él me dijo: "Vos tenés que ser abogada". Y yo le respondí: "Quiero ser periodista". Terminé estudiando Abogacía para formarme como periodista.  

¿Cuál fue tu primera nota y para qué medio? 

Fue como productora de radio, en 1997. El capitán Scilingo le había confesado a Mariano Grondona los vuelos de la muerte y lo habían detenido en la cárcel de Carabanchel (Madrid). Llamé todos los días a la cárcel durante cuatro meses, empecé a tener buen diálogo con la recepcionista, que finalmente me ayudó a que Baltasar Garzón me autorizara la nota. Y lo sacamos al aire.  

¿Cuál fue tu mejor nota y cuál la peor? 

Creo que la cobertura de la marcha del 8N de 2012 fue una bisagra en mi carrera. Fue una propuesta mía, no me sentía cómoda contando la marcha desde el estudio. El cuerpo me pedía salir. Creo que pensaron que estaba loca. El 7 de noviembre, el día de mi cumpleaños, me llamaron para decirme que hacíamos el móvil al día siguiente. Mi condición fue no transmitir agresiones, pero quería abrir el micrófono de la televisión pública. ¿Si me arrepentí? Varias veces, pero más que arrepentirme, me pregunté si estuvo bien hacerlo. Pienso que fue construir un diálogo posible en un contexto imposible. Y a mí me parece que funcionó bien.
Las malas experiencias tienen que ver con el periodismo policial, que es muy difícil. Yo fui la periodista que consiguió las fotos de Nora Dalmasso. Para mí había una cuestión de interés público en dar eso, pero después hubo una decisión editorial que me excedió y se publicaron en América. Me generó una profunda contradicción y fue una bisagra para que yo dejara de hacer policiales.
 

¿Creés que existe el periodismo independiente? 

Creo en no ocultar la ideología como rector del ejercicio periodístico. Es imposible pensar en esta idea de la "independencia" como si el periodismo fuera un extra de los contextos sociopolíticos. Porque la materia que relata es puramente política. Pero hay que hacerlo con los cánones del ejercicio profesional: el criterio, la honestidad y la buena fe.  

¿Quién era tu referente cuando empezaste? 

Siempre admiré a Horacio Verbitsky y a Rodolfo Walsh. También admiré mucho a Lanata, sobre todo, el periodismo de investigación de Página/12.  

¿Qué programas periodísticos (de televisión) de los últimos veinte años elegirías y por qué? 

El primer Telenoche investiga, con Sergio Elguezábal y Miriam Lewin, fue muy bueno con la idea de hacerse preguntas y ver cómo la realidad construye respuestas. Sin prejuzgar, teniendo cuidado con las condenas sociales. Eran los 90, que naturalizaban la ausencia del Estado y al periodista como fiscal, con procesos dudosos como las cámaras ocultas. También veía Día D y desgrababa las columnas de Verbitsky. Y me gustaba el primer Periodistas, con Paenza, Sietecase, Zlotogwiazda.  

¿Quién te gusta ahora? 

Me siguen gustando Verbitsky y Walsh. Me gusta Lucía García, que hace ¡Ni un paso atrás!, la revista de Madres de Plaza de Mayo. Y me parecen buenas periodistas María O'Donnell y Luciana Geuna, aunque no comparta sus criterios de ejercicio periodístico.  

¿Qué libro periodístico elegirías? 

La cuestión criminal, de Raúl Zaffaroni, es vital y muy valioso para entender el periodismo. Y Operación Masacre, de Rodolfo Walsh.  

Según tu opinión, ¿cuál es hoy la mejor manera de informarse? 

Es un desafío que me planteo todas las mañanas. Yo hago radio en Nacional de siete a nueve, donde se presume que todo es palo y palo: información, servicios, los subtes, los accesos a la ciudad, las tapas de los diarios. Yo me resisto a que sea solo eso. Además hay que dar complejidad. La mejor manera de informarse es desde la pluralidad, desde la formación del criterio.  

¿Qué relación debería tener el periodismo con el poder político y económico? 

Los periodistas tenemos que atrevernos a saber dónde está el poder. Creo que hay una naturalización de pensar que el poder está en el Estado. El ejemplo es el programa del domingo a la noche de Lanata. Y, claramente, eso es una falacia, porque el poder está en los grupos económicos concentrados.  

¿Qué significa para vos el periodismo militante? 

No es lo mismo el periodista militante que el militante convertido en periodista. Yo no soy una militante convertida en periodista; yo soy una periodista comprometida con el tiempo en el que vivo, con ideas claras, como los procesos latinoamericanos, la comunicación popular, y con una mirada hacia los sectores más vulnerables. Milito por la despenalización del aborto, por los derechos humanos: esa es mi pertenencia militante. Ahora yo puedo ser todo eso y, al mismo tiempo, no renunciar al periodismo ni a la honestidad intelectual.  

¿Te encontraste alguna vez frente a un dilema ideológico en una nota? ¿Cómo lo resolviste? 

En 678 hago mucho esfuerzo por forzar la crítica. Cuando vino Guillermo Moreno yo le pregunté por la inflación. Eso me confronta con un dilema, hace que revise lo que digo para no renunciar al periodismo.  

¿Qué es lo que tiene que saber y aprender hoy un chico que quiere ser periodista? 

Lo que le diría a un alumno es que el periodismo, la política y la ideología van de la mano, como todos los procesos sociales en los que vivimos. Uno puede tener matices, pero acerca de algunos temas no se puede ser neutral. Sobre visibilizar dónde está el poder no se puede ser neutral. Y eso no es ser un periodista dependiente, sino todo lo contrario. Si un pibe o una piba que quieren hacer periodismo pueden entenderlo sin la falacia de la objetividad y la neutralidad, va a ser un gran logro. Ojalá suceda.  

Para bien y para mal, ¿qué cambió en el periodismo desde que empezaste? 

Yo creo que hay que refundar el periodismo. Creo en la Ley de Medios. La concentración de los medios de comunicación erosiona no solo el periodismo, sino los procesos democráticos. Que alguien me explique cómo un mercado concentrado comunicacional produce buen periodismo. Me parece que ese es el gran conflicto cultural que tenemos que resolver. Lo bueno es ponerlo en discusión. Vocear la Ley de Medios en las calles, devolverle la dimensión política a la palabra periodismo. Que la gente discuta sobre medios y sobre política en sus casas.  

Mientras la batalla cultural del kirchnerismo alinea periodistas en ambos frentes, una nueva camada de profesionales reflexiona sobre su trabajo.
Luciana Geuna
35 años - Trabaja en Clarín, Canal 13 y Radio Mitre
@lucianageuna

¿Cuándo decidiste ser periodista y por qué? 

Cuando tenía doce años hicimos con dos amigas una revista en el club, que después fotocopiábamos y vendíamos. ¡Una de mis notas fue sobre Adelina D'Alessio de Viola! O sea: siempre quise ser periodista, sobre todo, de política.  

¿Cuál fue tu primera nota y para qué medio? 

Mi primera nota en serio y firmada fue en Clarín, cuando conseguí una entrevista con Elsa, la madre de Marcos Schenone, el chico al que había matado Horacio Conzi, el dueño del restaurante Las Olas. Fue un caso muy famoso en el verano de 2003. La madre no había hablado con nadie; la llamé, la convencí y fui a la casa con facturas.  

¿Qué nota te hubiera gustado hacer en los 90, en los 2000 y cuál te gustaría hacer hoy? 

En los 90, el periodismo de investigación de Página/12. Allí había gente a la que admiré mucho, como Susana Viau y Horacio Verbitsky.  

¿Quién era tu referente cuando empezaste? 

Yo me crié con la salida de Página/12, que representaba todo lo que soñaba en el periodismo: la creatividad, la transgresión, notas bien escritas, profundas, independientes. Mi referente era ese tipo de periodismo, que se sintetizaba en ese diario y en Lanata.  

¿Quién es tu referente ahora? 

Sigo teniendo ese modelo de periodismo como referencia.  

¿En qué medio soñabas trabajar cuando empezaste? 

Cuando estaba en la facultad, soñaba con escribir una contratapa en Página/12, o trabajar en la segunda sección de Clarín. También soñaba con escribir crónicas para la revista Viva.  

¿Qué programas periodísticos (de televisión) de los últimos veinte años elegirías y por qué? 

No soy muy televisiva. En mi cabeza solo quedan Tiempo nuevo (de Bernardo Neustadt) y Hora clave (de Mariano Grondona), pero no los elegiría. Y los de Lanata, que me parece que aportaron mucho al periodismo en televisión.  

¿Qué libro periodístico elegirías? 

Pensando en libros argentinos de la última década, con seguridad sería Timerman, la biografía que escribió Graciela Mochkofsky sobre el periodista que fundó Primera Plana y La Opinión. Me parece un libro admirable. También, en otro rubro, elegiría Los suicidas del fin del mundo, de Leila Guerriero. Son los libros que me hubiese gustado escribir.  

Según tu opinión, ¿cuál es hoy la mejor manera de informarse? 

Hoy para informarse hay que comprometerse mucho en la lectura y bajar de los títulos a las notas. Creo que la forma es tomarse la larga tarea de mirar, por lo menos, La Nación, Página/12 y Clarín, todos los días. Sumaría Twitter, que no es información de calidad, pero es el lugar donde primero aparece lo que después serán las noticias.  

¿Qué relación debería tener el periodismo con el poder político y económico? 

Hay que diferenciar entre periodismo y medios. El periodista tiene que ser lo más independiente posible del poder político y económico. Si a un periodista la pauta publicitaria de Aeropuertos Argentina 2000 lo limita para escribir sobre su dueño, Eduardo Eurnekian, está perdiendo independencia.
La pauta en sí no es el problema, sí lo es si el periodista se autolimita. Y si un periodista que trabaja en un medio afín al Gobierno no se anima a hablar sobre Lázaro Báez, tiene un conflicto de independencia. Ahora, uno trabaja en un medio, y el medio puede tener negociaciones y compromisos con el poder político y económico (porque no deja de ser una empresa). Pero, a la vez, el medio para existir tiene que mantener su legitimidad y credibilidad periodística, porque si no su negocio se queda sin público.
 

¿Qué significa para vos el periodismo militante? 

El periodismo militante, a mi modo de ver, no es periodismo. Es otra cosa, que podemos discutir y describir. Pero un periodista que cubre política ubicándose como parte de un proceso político desnaturaliza nuestro rol, que es contar historias tratando de no ser parte. Si un periodista pierde de vista los hechos y su trascendencia para envolverlo solo en una lectura política no está haciendo periodismo, está haciendo política. Y me parece bien que haga política, pero no comparto que esto se disfrace de periodismo.  

¿Creés que existe el periodismo independiente? 

Para mí, sí. Me gusta más decirle periodismo profesional.  

¿Te encontraste alguna vez frente a un dilema ideológico en una nota? ¿Cómo lo resolviste? 

Sí. Fue en Crítica con una nota sobre la Fundación Madres de Plaza de Mayo y el manejo de los fondos. Teníamos documentos oficiales sobre el desfalco que estaba haciendo Sergio Schoklender con la plata que le mandaba el Estado para construir viviendas sociales. La historia finalmente se conoció tres años después. Pero en aquel entonces, cuando no se sabía, nos resultaba muy doloroso meternos con Hebe, aun sabiendo que todo era cierto. En aquella oportunidad lo hablamos con Lanata y decidimos no darlo.  

¿Cuál sería el medio ideal para trabajar? 

Depende del momento de cada uno. A mí la gráfica me apasiona, pero la tele y la radio ahora me dan mucho para aprender. Creo que es una búsqueda personal.  

¿Qué es lo que tiene que saber y aprender hoy un chico que quiere ser periodista? 

En principio, tiene que formarse. Un periodista para mí debería ser alguien con capacidad para pensar, para curiosear y para mirar el mundo y tener ganas de contarlo.  

Para bien y para mal, ¿qué cambió en el periodismo desde que empezaste? 

Para bien: Cuando yo empecé ya había computadoras, celulares e internet (que significaron un cambio fenomenal para la profesión). Ahora se sumaron una cantidad de recursos impresionantes; cualquiera que quiere ser periodista puede hacerlo con un blog, una cuenta de Twitter y un celular. Y hasta podría hacerlo muy bien si es buen periodista. Cuando yo arranqué, no existía nada visible por fuera de los medios tradicionales y había que superar ese muro para poder trabajar.
Para mal: Como cualquier disciplina, el periodismo se puede hacer mal, bien o más o menos. A veces me da la sensación de que, en pleno debate sobre el Gobierno y los medios, a algunos periodistas y a algunos medios les dejó de importar el periodismo.
 

Mientras la batalla cultural del kirchnerismo alinea periodistas en ambos frentes, una nueva camada de profesionales reflexiona sobre su trabajo.
José Crettaz
36 años - Trabaja en La Nación
@jcrettaz

¿Cuándo decidiste ser periodista y por qué? 

Soy de Entre Ríos y desde los nueve años jugaba a ser periodista. Agarraba hojas de carpeta y armaba diarios o me metía dentro de una caja y hacía que era una radio. Me acuerdo de que hice una carpeta de la Guerra del Golfo, en 1989. Después yo en la secundaria empecé a trabajar en una radio, propiedad de un cable operador local: Nogoyá Televisora Color.  

¿Cuál fue tu primera nota y para qué medio? 

Creo que fue una "recorrida". En aquella época, cuando había alguna noticia que podía tener repercusión entre la gente, los diarios mandaban algún cronista -en general, era el pasante o el más joven o el recién ingresado- que fuese a la calle a preguntarles a las personas qué opinaban. Fue en el menemismo, antes de la reelección.  

¿En qué medio soñabas trabajar cuando empezaste? 

Cuando vine a Buenos Aires a estudiar en la Universidad Austral, en 1995, había nacido TN y mis compañeros de la facultad me apodaron TN, porque hablaba de periodismo las veinticuatro horas, como el canal. No pensaba en trabajar en un medio en especial, pero hice una pasantía en La Nación antes de terminar la facultad y nunca más me fui del diario.  

¿Cuál fue tu mejor nota y cuál la peor? 

Profesionalmente, el momento más interesante que me tocó cubrir fue el conflicto del campo en 2008. Me tocó a mí porque venía siguiendo los temas agropecuarios. Fueron tres meses superintensos de viajar por el interior y estar atento a las reuniones entre el Gobierno -me acuerdo de que el jefe de Gabinete era Alberto Fernández-, los distintos ministros de Economía, las negociaciones para levantar los cortes de ruta, las veces que el kirchnerismo intentó despejar las rutas por la fuerza. Me acuerdo de la noche del voto de Cobos, hasta último momento, si era por sí o por no.
No recuerdo notas "peores". Por supuesto, montones de veces me faltaron datos por el cierre, lo que le pasa a cualquier periodista, porque no llega o porque la información más importante llega después de que publicaste la nota. Eso me pasó muchas veces. Pero nada grave.
 

¿Quién era tu referente cuando empezaste? 

Uno de los referentes de mi generación fue Lanata. Por Página/12, un diario de relevancia por lo innovador, lo flexible, lo espontáneo, por la profundidad de las investigaciones.  

¿Quién te gusta ahora? 

La Nación tiene un equipazo de periodistas. Empezando por Hugo Alconada Mon, en temas de investigación política y económica; Diego Cabot, en temas de transporte; Francisco Olivera, en Economía.  

¿Qué programas periodísticos (de televisión) de los últimos veinte años elegirías y por qué? 

Me acuerdo de Edición plus, en Telefe, que introdujo la cámara oculta como recurso para descubrir casos de corrupción. También Telenoche investiga fue muy bueno. Y, en muchos casos, hay periodistas excelentes pero solo entrevistan o hacen análisis. El único que usa bien los recursos de la imagen es Lanata.  

¿Qué libro periodístico elegirías? 

En mi época de estudiante y en la primera como periodista, el símbolo siempre fue Robo para la Corona, de Horacio Verbitsky. De esta época, los libros de Hugo Alconada sobre el caso de la valija de Antonini Wilson ( Los secretos de la valija ) o el más reciente sobre el caso Ciccone ( Boudou, Ciccone y la máquina de hacer billetes ). Los libros de Luis Majul, como El dueño, también son interesantes. O La Cámpora, de Laura Di Marco.  

¿Qué relación debería tener el periodismo con el poder político y económico? 

Una relación de distancia y cercanía. De cercanía porque son fuentes de información. Tenés que tener acceso a esas fuentes, tenés que tener vínculo. Pero a la vez una prudente distancia porque es posible que en el ejercicio de la profesión vos tengas que difundir hechos convertidos en noticias que esas fuentes no quieran que se conozcan.  

¿Creés que existe el periodismo independiente? 

Yo creo en el periodismo profesional. Nunca uso la palabra independiente. Yo creo que hay unas personas que tienen una vocación por ejercer un oficio que es el de periodista y que consiste en detectar los temas de interés público, jerarquizarlos, recortar esa agenda, investigarlos, consultar las fuentes que haya que consultar, explicarlos y exponerlos ante la audiencia. En el fondo, es un servicio.  

¿Qué significa para vos el periodismo militante? 

Creo que ese periodista profesional no baja de un plato volador, viene de una familia, de un lugar, de una tradición cultural y política, de un sector socioeconómico. Entonces, no puede ser objetivo. Pero tampoco debe ser militante si la militancia le nubla o le anula esas características que debe tener como profesional. Me parece que el kirchnerismo instaló un debate artificial planteando un falso dilema: como existe un periodismo opositor tiene que haber un periodismo oficialista. Yo creo que en el medio está el periodismo profesional, que no es ni militante ni opositor.  

¿Qué es lo que tiene que saber y aprender hoy un chico que quiere ser periodista? 

Saber recortar lo importante. Tener pasión por aprender y entender, y aptitud para explicar a una audiencia con poco tiempo y capacidad de atención. Tener cultura general, y calle. Y saber escribir, decir o mostrar, según el medio en que trabaje.  

Para bien y para mal, ¿qué cambió en el periodismo desde que empezaste? 

Hoy hay mucho más control social. El control de la audiencia es tremendo, porque antes un periodista podía decir cualquier cosa y la audiencia creía o no creía. Hoy si alguien está escuchando lo que dice un periodista, recurre a Google y lo busca. Si vos metés la pata de manera muy grosera, cualquiera puede chequearlo. Si vos recibís publicidad de una empresa o del Gobierno, todo eso está al alcance de quien lo quiera verificar. En ese sentido, hoy el periodista tiene mucho menos poder que hace diez años. La capacidad de instalar agenda para mentir, el riesgo de hacer mal su trabajo. Aun sin mala intención, el riesgo es muy alto, porque la audiencia tiene más herramientas para controlarte.  

Mientras la batalla cultural del kirchnerismo alinea periodistas en ambos frentes, una nueva camada de profesionales reflexiona sobre su trabajo.
Diego Rojas
36 años - Trabaja en Infobae y plazademayo.com
@zonarojas

¿Cuándo decidiste ser periodista y por qué? 

No estaba en mis planes. Estudié Letras, y en medio de la carrera, un amigo me dijo que había un lugar en una agencia de noticias. Llegué al periodismo por casualidad.  

¿Cuál fue tu primera nota y para qué medio? 

En 2002, en la sección "Cultura" de Clarín, me encargaron cubrir un viaje que atravesaba la Patagonia desde Viedma hasta Bariloche en un tren lleno de escritores de ciencia ficción. Fue divertido, conocí un montón de personas que todavía son amigos.  

¿Cuál fue tu mejor nota y cuál la peor? 

Cuando salió ADN Cultura en La Nación yo escribía, sin firma, una sección llamada "Gritos y susurros", con chismes de escritores, cine, anécdotas. Al tiempo se empezó a saber que era yo y los escritores me llamaban para contarme cosas. Era muy superficial pero muy divertido. Un día escribí que a un recital de la poeta Diana Bellesi -a quien quiero y admiro mucho- había ido su "séquito de lesbianas". Se enojaron no solo las chicas del recital, sino las señoras de La Nación, que me acusaron de prejuicioso. ¡Las señoras de La Nación!
Y una historia que me generó muchos problemas fue una que hice en respuesta a una nota de Noticias donde se cuestionaba a algunos artistas populares por cobrar mucho en conciertos pagados por el Estado. Yo escribí en Veintitrés que eran precios razonables, que los artistas eran conocidos y cobraban esos cachets. Pero después, desde la redacción de Veintitrés, se generó una solicitada en defensa de los artistas populares. Terminamos creando un hecho noticioso. Algunos colegas del campo de la izquierda me lo criticaron como un gesto kirchnerista, sabiendo que yo siempre fui y soy trotskista.
 

¿Quién era tu referente cuando empezaste? 

Soy de la generación marcada por Lanata. Como espectador, como consumidor, me parecía interesante. Cuando entré a Veintitrés me entusiasmaba la mística de estar en una revista creada por él, que yo había comprado muchas veces diciendo "guau", como el número que vino con tierra de Anillaco, o el que vino con un agujero.  

¿Quiénes te gustan ahora? 

Javier Sinay y su sitio de policiales El identikit. Mariano Martín en Ámbito Financiero, cubriendo sindicalismo. Alejandro Bercovich en economía. Nicolás Mavrakis analizando la cultura de la época.  

¿Qué programas periodísticos (de televisión) de los últimos veinte años elegirías y por qué? 

Trabajo en mi casa, la tele está prendida en mute todo el tiempo en canales de noticias. Palabras más, palabras menos me parece un programa interesante. Y veo a Lanata los domingos. También lo veía en los 90, cuando era adolescente.  

¿Qué libro periodístico elegirías? 

Lo clásico e influyente todavía: Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, y A sangre fría, de Truman Capote. Más reciente, Jefazo, de Martín Sivak, que muestra de un modo muy cercano a Evo Morales. Y un libro que leí hace poco y que es muy bueno, La misa del diablo, de Miguel Prenz, una crónica periodística sobre un crimen en Corrientes.  

Según tu opinión, ¿cuál es hoy la mejor manera de informarse? 

Hay 20.000 maneras de informarnos, estamos hiperabrumados de información. Te metés a Google Noticias y tenés una selección de notas de los más diversos temas. Y además está Twitter, que si seguís a una serie de personas que considerás que tienen un criterio de lo que van a publicar, puede llegar a ser muy efectivo. Yo compro los diarios los domingos. El resto de la semana, los sigo por lo que van poniendo en Twitter los distintos usuarios.  

¿Creés que existe el periodismo independiente? 

Nadie es independiente en términos claros. Es muy idealista pensar en esos términos la posición del sujeto en la sociedad. Dicho esto, yo me considero muy independiente; escribo sobre lo que se me canta y a los medios que me llaman para escribir sobre temas políticos les digo: "Soy trotskista". Me imagino que por eso soy colaborador, no empleado fijo. Manejo mis libertades, pero no tengo aguinaldo. Son las reglas de juego de ser freelancer, una posición muy interesante para ejercer en este tiempo.  

¿Qué relación debería tener el periodismo con el poder político y económico? 

Desde mi posición política, naturalmente me siento alejado de los poderes establecidos, políticos o económicos. Mi posición es ir contra los poderes.  

¿Qué significa para vos el periodismo militante? 

Es lo que había en el inicio del país, con La Gaceta de Mariano Moreno. O incluso La Nación y, más tarde, Rodolfo Walsh. Todas estas expresiones militaron por fenómenos disruptivos contra distintas hegemonías. Pero el periodismo militante como se lo plantea hoy aparece como un centro de transmisión de lo que el Estado consolidado quiere decir. Entonces, se convierte en una militancia conservadora.  

¿Qué es lo que tiene que saber y aprender hoy un chico que quiere ser periodista? 

Que el periodismo es un oficio. Que está bien ser presentador de noticias, pero no es lo único. El periodismo es una posibilidad muy potente de aportar a la sociedad, descubriendo lo que los poderes quieren ocultar. Pero para hacerlo hay que ser un laburante.  

Para bien y para mal, ¿qué cambió en el periodismo desde que empezaste? 

Para bien: Que el periodismo está mucho más desmontado. El que lo consume sabe que ahí hay un juego de intereses. Y los periodistas saben que responden a sus intereses y a los de los medios. También las posibilidades de internet para proyectos como ProPublica, o Lucas Carrasco, que hace periodismo de opinión desde un blog, con miles de visitas por día. Seguro que lo lee más gente de la que compra Página/12.
Para mal: Que se confronta mucho. Creo que el "efecto 678" de desmontar los medios tiene que pasar. Claro que también están funcionarios como Moreno, que acusan desde el Estado a periodistas.
 

Mientras la batalla cultural del kirchnerismo alinea periodistas en ambos frentes, una nueva camada de profesionales reflexiona sobre su trabajo.
Werner Pertot
32 años - Trabaja en Página/12 y FM Nacional Rock
@WernerPertot

¿Cuándo decidiste ser periodista y por qué? 

Estaba en el secundario y con un compañero nos pusimos a investigar sobre la historia de los desaparecidos en el lugar donde estudiábamos (el Nacional Buenos Aires). Eso dio lugar a que escribiéramos el libro La otra juvenilia, y de ahí viene mi decisión de meterme en el periodismo. En esa época, además, editaba la revista del centro de estudiantes, Arde el Buenos Aires.  

¿Cuál fue tu primera nota y para qué medio? 

Se publicó en una revista que ya no existe: Lezama. Era sobre la ideología de los militares en las Fuerzas Armadas. Había conseguido hablar con varios cadetes del Colegio Militar que contaban cómo se veía desde adentro que Néstor Kirchner hubiera sacado el cuadro de Videla. Entrevisté a un coronel que se puso nervioso, agarró mi grabador, le sacó el casete y se lo guardó en un cajón de su escritorio.  

¿Cuál fue tu mejor nota y cuál la peor? 

Supongo que la mejor nota es la que sirve para ayudar a alguien, por ejemplo, a parar un recorte del Gobierno porteño a un área social. La peor nota es aquella en la que te dejás operar por un político y terminás sacando algo que no era cierto.  

¿Qué nota te hubiera gustado hacer en los 90, en los 2000 y cuál te gustaría hacer hoy? 

En los 90, me hubiera gustado escribir sobre la Carpa Blanca y los movimientos de desocupados; en 2001, sobre las asambleas; hoy, me gustaría investigar la burocracia sindical.  

¿Quién era tu referente cuando empezaste? 

No voy a ser muy original: Rodolfo Walsh.  

¿Quién es tu referente ahora? 

Aprendo de la forma de trabajar con la información que tiene Horacio Verbitsky y de la escritura de Cristian Alarcón.  

¿En qué medio soñabas trabajar cuando empezaste? 

En Página/12. Tené cuidado con lo que deseás.  

¿Qué programas periodísticos (de televisión) de los últimos veinte años elegirías y por qué? 

Día D, porque tenía un equipo de periodistas que mostraban la variedad de temas y no un eje monocorde y liviano.  

¿Qué libro periodístico elegirías? 

Hay cientos. De los históricos elegiría: ¿Quién mató a Rosendo?, de Walsh. De lo último que leí me gustó Cordero de Dios. El caso Candela, de Candelaria Schamun.  

Según tu opinión, ¿cuál es hoy la mejor manera de informarse? 

Eh... ¿Leer siete diarios y no confiar del todo en ninguno?  

¿Qué relación debería tener el periodismo con el poder político y económico? 

Me parece que el periodismo tiene que ser crítico: esa es su función social. Históricamente, nos dedicamos más a poner el foco sobre el poder político y no tanto sobre el económico. Pocos empresarios son conocidos, hay pocas investigaciones serias sobre la estructura del capital en la Argentina y no hay periodistas que sigan las internas entre grupos empresarios como se siguen las de los partidos políticos.  

¿Qué significa para vos el periodismo militante? 

Significa perder el sentido crítico que debe -creo yo- tener el periodismo. Se lo tomó como un epíteto para los periodistas kirchneristas, pero la realidad es que también hay mucho periodismo militante opositor.  

¿Creés que existe el periodismo independiente? 

No. Los medios son empresas capitalistas, con intereses económicos y con acuerdos con tal o cual sector. Los periodistas nos movemos en este mundo y siempre estamos tensionados por esos campos de fuerzas.  

¿Te encontraste alguna vez frente a un dilema ideológico en una nota? ¿Cómo lo resolviste? 

Más de una vez me enteré de un dato de la vida privada de algún ministro macrista que, si se hubiera publicado, hubiese tenido mucho impacto. Pero resolví no hacerlo, porque me parece que tenemos que dedicarnos a contar lo que ocurre en la esfera pública.  

¿Cuál sería el medio ideal para trabajar? 

No lo encontré todavía. ¿Existe?  

¿Qué es lo que tiene que saber y aprender hoy un chico que quiere ser periodista? 

Dos o tres reglas básicas: tomarse el tiempo para chequear la información (si existen documentos, tener la paciencia de leerlos antes de escribir la nota), respetar los off the record y nunca, nunca, nunca quemar a una fuente.  

Para bien y para mal, ¿qué cambió en el periodismo desde que empezaste? 

Para bien: Hoy están en discusión muchas de las condiciones de producción de las noticias como nunca lo estuvieron. Los periodistas pudimos organizarnos y pelear por tener paritarias de prensa, que reúnen a trabajadores de prensa de todos los diarios, agencias de noticias, revistas y puntocom. Es un paso hacia delante para romper con el individualismo que predomina en nuestra profesión.
Para mal: Lamento cuando, por la polarización política que hay en los medios, algunos colegas compran el discurso de su empresa como si fuera el propio. También se ven en las tapas de los diarios noticias forzadas que, en Twitter, solemos mencionar irónicamente con el hashtag #findelperiodismo. Lo central, para mí, es conservar no la objetividad (que no existe), sino la honestidad intelectual.
 


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