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Con la nena, sí

La ciencia confirmó lo que ya sabíamos: el padre es el modelo de hombre alrededor del cual las mujeres construyen su ideal romántico. Incluso para buscar su opuesto. 

Por Nicolás Artusi

Siempre en la búsqueda de abrigo y consuelo, la nena se abraza a los muslos largos y peludos del hombre que pueda ser su papá. Es casi un paso de comedia que se repite en plazas o parques donde el entusiasmo la anima a encontrar un padre aun entre las piernas extrañas (es literal, no abusen de las interpretaciones). La confusión se resolverá con risas de propios y ajenos y, en una elipsis inevitable, al hacer FFW hasta la adolescencia de esa niña trémula, el padre observará, entre complacido y consternado, que la hija perseguirá novios que se le parezcan mucho o que no se le parezcan nada. Él será el meridiano a partir del cual ella construya sus relaciones. En la tele, un folclore cómico popular repetirá el entuerto en infinidad de sketches, siempre con un padre protestón y de recurrente ascendencia italiana, que eterniza el remate como latiguillo ante la aparición de cada nuevo candidato: "¡Con la nena, no!".  

Es científico: un estudio publicado en el Journal of Genetic Psychology determinó con pruebas empíricas que el padre es la mayor influencia en la vida amorosa de una mujer y en la construcción de su autoestima. A ustedes les pregunto, papis amorosos de niñas de jardín que los miran arrobadas: con esta certeza, ¿cómo piensan evitar que su hija se convierta en una soltera irredimible o una casada insatisfecha? Siendo un buen hombre. Dando un ejemplo virtuoso. Ofreciendo amor de manera saludable. Nada más. Por acción u omisión, todo lo que hagan será un modelo. 

Para realizar el estudio se entrevistó a 319 jóvenes en los últimos años de la secundaria o en los primeros de la facultad, y en todas (ay, ¡en todas! ) de manera advertida, esa aspiración romántica por el chico más popular del colegio, esa veneración por el cantante de la bandita rockera, resume la búsqueda de alguien que sea parecido a papá. Aunque sea para odiarlo. 

Si una famosa telecomedia yanqui se llamó Papá lo sabe todo, en los primeros años de vida esa ilusión tiene el peso de una certeza (ya llegarán la madurez y, con ella, la Gran Decepción). Los padres modelan y tamizan la lente a través de la cual se ve la realidad; lo que ellos hagan determinará el tipo de relaciones que las hijas ensayen en el futuro, porque, ahí donde un varón machaque en silencio que no hay milanesas como las de la vieja, una mujer promedio se dirá que, entre tantos hombres, ninguno como su padre. 

Palotes de psicología para un programa de la tarde: se repetirá que el padre es el primer objeto del afecto de la mujer. Que creará en ella el modelo de lo que es aceptable (o deseable) de cualquier relación romántica. Bla bla bla. Cualquiera sabe que ahí, donde una nena se abrace a un grandote peludo como el Sulley de Monsters Inc., su destino será tan obvio como el final feliz de una película de dibujos animados: siempre soñará con tener a un gigante a su lado. 


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