Último momento

 

Leer en

Los rompesistema

Algunos lo burlan con maniobras financieras legales. Otros lo utilizan para revertir situaciones de injusticia. El catalán Enric Duran, Juan Carr y organizaciones como Change.org buscan cambiar, con herramientas accesibles, eso que solemos llamar sistema. 

Por Clarisa Ercolano

Algunos lo burlan con maniobras financieras legales. Otros lo utilizan para revertir situaciones de injusticia. El catalán Enric Duran, Juan Carr y organizaciones como Change.org buscan cambiar, con herramientas accesibles, eso que solemos llamar sistema.
El sistema. Esa palabra tan amplia como ambigua que se utiliza para englobar algunos de los componentes del capitalismo. Dentro del sistema están los bancos, las grandes empresas, la renta económica, las teorías financieras, los gobiernos. A ese sistema se lo suele rechazar de la boca para afuera: son pocos los que de verdad se animan a enseñarle los dientes. 

En Cataluña, Enric Duran lo hizo. Es uno de los tantos españoles acuciados por los efectos del colapso bancario y también el que algunos no dudan en llamar "el Robin Hood del siglo XXI". Enric confesó en septiembre de 2008 que había pedido créditos a 39 entidades bancarias, de las cuales consiguió 492 mil euros que nunca devolvió. Su intención a través de este acto de desobediencia era denunciar la perversión del sistema capitalista, la mala praxis de los bancos y, de paso, repartir ese dinero entre distintos movimientos sociales. 

Ahora, la fiscalía del Estado y catorce entidades bancarias piden para Enric ocho años de prisión. Para que haya estafa, que es de lo que acusan a Enric, es fundamental que haya lucro. Pero Enric no lucró y su acción se hizo pública, y permite comprobarlo mediante la red de cooperativas integrales que surgieron después de aquella primera acción. Enric recuperó dinero de la banca para ponerlo de nuevo al servicio de los ciudadanos, con diferentes iniciativas como cooperativas de vivienda social, centros de autogestión primaria en salud y educación libre. Change.org está juntando firmas para rescatarlo de la cárcel en una Europa donde las palabras "ajuste" y "salvataje" parecen las dos mismas caras de una moneda perversa. 

"La caridad comienza en mi casa, y la justicia en la puerta siguiente", decía Dickens; por eso, dentro de los posibles combates antisistema, hay matices. Desde quienes oscilan en la frontera de la legalidad, más allá de cuán discutibles sean las leyes, hasta quienes usan las mismas herramientas que se critican para seguir dando pelea. Precisamente, Change.org está en esa senda: se trata de una organización que se encarga de envíos masivos y listas de correo electrónico para promover peticiones por internet (como la que busca salvar al catalán antibancos) de carácter cívico, reformista, social y, en general, reivindicativo del cumplimiento de los derechos humanos. Organizaciones como Amnistía Internacional y Humane Society sostienen la plataforma pagando para alojar sus pedidos. Ahí mismo, más de mil de las mayores organizaciones sin ánimo de lucro y organizaciones no gubernamentales del mundo encuentran un lugar para hacer ver sus campañas y, sobre todo, ganar apoyo. Las mociones muestran realidades a veces espeluznantes y son inabarcables, como el sistema mismo. 

A nivel local, quien encarna el paradigma dickensiano es Juan Carr. "Qué idea tenés para cambiar el mundo", dice en su nuevo proyecto Mundo Invisible. Carr se define a sí mismo como un luchador empeñado, no por pretencioso sino porque es una práctica full time. Cofundador de la conocidísima Red Solidaria, tiene en su cabeza una campaña para cada problema. Su nueva premisa, cambiar el mundo, es antisistema por naturaleza. Carteles, donaciones, festivales: todo sirve. 

"Hay una diferencia que a mí me cuesta mucho transmitir. Cuando digo que quiero cambiar el mundo, no es que lo digo. ¡es que quiero cambiar el mundo! No es menor la diferencia. Y tampoco es solo que queremos hacerlo, sino que además sabemos que se puede", asegura con un optimismo galvanizado. Mundo Invisible ahora será además una agencia de comunicación de los postergados, de los que no tienen voz. "Crear una red de comunicación nueva. Ya sabemos prensear estas temáticas. Podemos hablar de chicos perdidos o de los que esperan un trasplante. Y, si lo mostramos diferente, pueden ser tapa de un diario", se entusiasma. 

Crear un mundo de trabajo digno y libre de explotación laboral es la motivación que mueve y une a No Chains con La Alameda, organización de referencia contra la trata y la esclavitud en la Argentina que también va por el cambio concreto. Ahora, mediante un concurso, buscan artistas que les den nuevas imágenes y formas a sus diseños, que luego se venden para sustentar la labor de estas ONG que dan trabajo a aquellos que pudieron recuperar la libertad. En esta cuarta convocatoria, esperan desbordarse de creatividad y buenas ideas. Esas mismas que les dan pelea a los esclavistas que siguen vivos y coleando en pleno siglo XXI. 


Quienes leyeron esta nota, también leyeron:

 
Contacto | Suscribirse | Atención a suscriptores | RSS | SiteIndex