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Zona de riesgo

Una banda se atrinchera en un hospital del Gran Buenos Aires y obliga a un médico a salvar a su líder. Con Kryptonita, su última novela, Leonardo Oyola demuestra por qué es uno de los mejores a la hora de cruzar el policial, el western del conurbano y lo fantástico. 

Por Walter Lezcano

Kryptonita empieza en un lugar indeseable: la guardia de un hospital público en Isidro Casanova, el Paroissien. Un médico, luego de atender durante todo un fin de semana -72 horas completas haciéndoles de nochero a otros cinco médicos para juntarse una buena moneda-, está cerca de terminar su turno. Cuatro horas y abandona ese pequeño infierno. Y acá la palabra clave es "obitó": una forma delicada y aséptica de nombrar a la muerte, una herramienta piadosa que tienen los médicos de mencionar el profundo dolor que significa perder a un ser querido, algo que ocurre seguido en la guardia. Sin embargo, esta madrugada el doctor va a guardarse esa palabrita porque tiene que mantener vivo, hasta que salga el sol, al líder de una banda de criminales que juegan en primera división: Nafta Súper, que llega al hospital gravemente herido. El doctor, rodeado de armas y delincuentes, va a tener que ponerse las pilas para ganarle a la muerte. 

Prontuario

Hubo un tiempo en el que Leonardo Oyola era una joven promesa. Una mención en el Premio Clarín de Novela con Tigre Harapiento, y la declaración de Chamamé como ganadora del Dashiell Hammett al mejor policial en la XXI Semana Negra de Gijón, por nombrar sólo dos momentos destacables con algunas de sus novelas. Ahora, con Kryptonita , su octava apuesta, ya no hacen falta más evidencias para concluir que estamos frente a uno de los mejores escritores de policiales de su generación. Oyola trabaja con la sangre, la violencia, la construcción de una hagiografía suburbana y la trasposición de lenguajes de género. En esta novela, el mundo que nos muestra se aleja del aspecto más oscuro y sucio del policial para apropiarse de la vertiente más cinematográfica y aventurera, en la que intenta recuperar cierta fascinación juvenil por el peligro y el riesgo. Lo que se puede apreciar ya desde el título, la acertada imagen de tapa y uno de los epígrafes que abre el libro y pertenece a La pandilla salvaje, de Sam Peckinpah: "Todos queremos volver a ser chicos".  

Una banda se atrinchera en un hospital del Gran Buenos Aires y obliga a un médico a salvar a su líder. Con Kryptonita, su última novela, Leonardo Oyola demuestra por qué es uno de los mejores a la hora de cruzar el policial, el western del conurbano y lo fantástico.
Malas noticias

Entonces un grupo de delincuentes llenos de armas y desesperación se apoderan de un sector importante del hospital, obligan al médico de guardia (el narrador, aparte de ser un personaje despreciable) y a una doctora, que justo pasaba a supervisar, a mantener vivo a su líder: Nafta Súper, también conocido como Pinino. Va a ser una noche larga, una noche que dura toda la novela. 

En el transcurso de esas horas, hasta que aparezca la mañana, se irá creando un vínculo, cercano a la camaradería, entre los integrantes de la banda y los médicos. Y si bien estos personajes se articulan a modo de "bandos", los que están afuera y los que están dentro de la ley, con el correr de las horas comienza a desdibujarse la frontera que los separa cuando un grupo especial de la policía llega para salvar a los médicos y, principalmente, reducir a la banda. A partir de ese momento, se reubican los espacios vitales de la novela para separar, desde ese instante, a los de adentro de los de afuera del hospital. 

Los sospechosos de siempre

Los integrantes de la banda tienen los nicknames que se ganaron en la calle, en el barrio: la travesti Lady Di, Ráfaga, Juan Raro, Faisán y El Señor de la Noche. Los agentes de la ley tienen los nombres que les pusieron los demás en los enfrentamientos: Corona y Cabeza de Tortuga. Hay una sutil diferencia entre esa categorización que los sitúa como personajes de distinta calaña, de diverso extracto y categorías antagónicas. Y, es cierto, llamar así a los habitantes de la novela los aleja del realismo más llano y limitado, aquel que elabora sus ficciones a partir de la inmediatez, para tensar las posibilidades de lo verosímil y proponer un mundo que trascienda la actualidad. Con la "inseguridad" como parte de la agenda de todos los medios de comunicación, Oyola dobla la apuesta, se la juega y elabora una novela de acción y suspenso y efectos especiales en la que logra torcer la empatía del lector a favor de la banda. Y esta operación es posible a partir de la paulatina revelación de las biografías de ellos. Son momentos de una emotividad contenida, rea, suburbana y, al darle la voz para que puedan contar su historia en primera persona, el relato se expande y cobra otra dimensión: nos sumerge sin recelo en su mundo, un mundo plagado de durezas, rigores, pero también de códigos que cohesionan los valores y una manera de encarar le existencia: la familia son los amigos y se da todo por ellos, se respeta a las jerarquías ganadas con valentía en las batallas, y el amor es lo más peligroso que existe. Es el recorrido de vida que los llevó a estar con unas cuantas armas de grueso calibre, tomar una guardia de hospital con rehenes y a enfrentarse a un grupo mucho más poderoso. Y no dar un paso atrás. 

Las armas

Con el correr de las novelas y la práctica del oficio, Leonardo Oyola fue aceitando una prosa notable, "humilde y humillante", dijo alguien en Twitter, que en sus mejores momentos tiene un alto vuelo poético, esto dicho en el mejor de los sentidos. En ese estilo particular se pueden rastrear grandes nombres del canon literario -Piglia, Chandler, Laiseca-, como también se cuelan los estratos bajos de la literatura ilustrada: el cómic. Y también está su amor por el cine y su saber atento de la cultura de masas: en Kryptonita se habla de Carozo y Narizota, Katy Perry, Don Johnson y romantic style in da world. Dentro de esa caja de herramientas, Oyola toma lo que necesita para delimitar su propio territorio, su zona de trabajo, y transfigura todo para que juegue a su favor en la historia que nos cuenta y que nos tiene agarrado del cuello, sin dejarnos soltar el libro. 

Kryptonita , Leonardo Oyola - Mondadori, $65 


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