Último momento

 

Leer en

Mi barba tiene tres pelos: Un manifiesto en favor del vello facial

Eso de afeitarse todos los días es cosa del pasado. Ahora se usa pelo facial abundante. Barbas, bigotes y sus usos, la vuelta del hombre recio. 

Por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe


Las cuchillas se deslizan sobre la cara como los patines de un partido de hockey sobre hielo. Pzzzzzzzzzz. El hombre venerable pretende que rostro y cuello estén suaves como un piso de parquet y se somete a la diaria tortura de la afeitadora, en desigual lucha contra la rutina, el ardor y la voluntad de controlar la botánica facial (en mi casa, se decía que el tío Tito era tan hirsuto que debía afeitarse a la mañana y a la tarde, solo para mostrarse digno y presentable a toda hora). Ahí donde un filósofo haya definido "lo liso como sinónimo de lo perfecto", una nueva generación de hombres levanta la bandera del orgullo facial, renuncia a los afanes de la perfección y se deja crecer la barba como contraseña de época: si durante años fue incompatible con la rígida idea de "buena presencia", hoy es una marca de identidad para señores de todas las edades que necesitan aferrarse a algo real, natural y estable. 

La prensa de la buena salud regala argumentos a favor del velludo: la revista científica Radiation Protection Dosimetry publicó que una barba tupida podría proteger al hombre de las nocivas influencias de la radiación solar. Los investigadores de la Universidad de Southern Queensland, en Australia, observaron que los hombres que usan barba y bigote solo exponen a los rayos ultravioleta una tercera parte de la superficie de la cara. Y, además, se descubrió que cuando el polen comienza a propagarse por el aire en la maldita primavera, la barba evita que los alérgenos entren en la vía aérea superior. En pocas palabras, nos protege del asma (por algo la naturaleza la puso debajo de la nariz, ¿no?). Pero hay más que razones cientificistas para explicar el berretín moderno por el vello facial: si es cierto que "cuando alguien en el futuro escriba una novela ambientada en los albores del siglo XXI, el retrato mayoritario que se haga de sus habitantes masculinos incluirá pelo en sus caras", según publicó la revista Esquire, una necesidad de diferenciarse de padres, tíos y abuelos, siempre tan bien rasurados, hará del rostro moderno un muestrario de posibles diseños capilares: en Facebook, la página Not So Ordinary Guy, con más de 15 mil fanáticos, recopila fotos de varones de todo el mundo con tupidísimos barba y bigote. 

La gillette, para la colimba. O para los caretas. La barba reafirma nuestra masculinidad. El vello facial discute los afeites castrenses que impone la sociedad y a la vez resume una naturaleza contradictoria: aun domesticados, dejamos crecer un bosque facial para respirar en el cemento. El círculo de la vida se cierra sobre nosotros. En tiempos de incertezas, acaso de una sola cosa podremos estar seguros, según el pastor cristiano Bryan Lilly, cada vez que unos puntitos rasposos asomen en las mejillas después de la última cuchillada: "La única razón para afeitarse la barba es el gozo de verla crecer de nuevo".  


Quienes leyeron esta nota, también leyeron:

Contacto | Suscribirse | Atención a suscriptores | RSS | SiteIndex