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¡Atrás profetas de la energía! El avance de las pseudociencias

Las charlas TEDx son garantía de pensamiento científico. O lo eran: el escándalo por un evento con conferencias sobre reiki y extraterrestres. 

Por Federico Kukso

Pese a lo que se cree, la guerra no es un estado extraordinario de la condición humana. Hay conflictos bélicos de toda clase y tipo en cualquier rincón del planeta. Todo el tiempo. Aunque, claro, los misiles, las granadas, los rifles, los tanques y cientos de miles de soldados que aprietan los dientes y disparan en el planeta no definen completamente a estas contiendas. Hay guerras en las que nadie dispara un tiro y en las que de igual forma mueren personas. Algunos de estos combates, por ejemplo, son milenarios. Como las guerras ideológicas de la superstición y el pensamiento mágico versus la razón y la prudencia. O los choques más modernos entre las pseudociencias y las ciencias. 

Los rings en los que se disputan estas batallas de la ignorancia frente al conocimiento (real, contrastado, basado en la evidencia) son diversos: en los cuerpos de los bebés recién nacidos cuando a sus padres se les antoja no vacunarlos (poniendo así en riesgo a toda una población), en las venas, arterias y órganos de ciertos individuos que por razones religiosas no permiten a los médicos que les transfundan sangre, en las aulas de las escuelas cuando se cajonean los libros de biología y evolución para darle más espacio y horas a las clases de catequesis, en las cabezas de millones de individuos ­la tuya, la mía- cuando se exhibe y se refuerza en los noticieros la existencia de una realidad mágica colmada de "milagros", planetas y estrellas que gobiernan nuestras vidas y estatuillas de vírgenes que lloran sangre. 

Ahora, curiosamente, los fogoneros de la estupidización masiva se infiltraron en otra arena, en una en la que, quizá, nunca sospechábamos que lo harían, aquella que suponíamos que estaba vacunada contra los anuncios de "energías cósmicas", las "leyes de dios", las hadas y demás sinsentidos: las charlas TEDx. 

Desde 2009, las TED "locales" -organizadas independientemente- colonizaron el mundo. No hay día que pase en que en algún lugar del planeta no se organice una de estas charlas -cuyas siglas significan "Tecnología, Entretenimiento, Diseño"-, especie de spin-off de las conferencias TED originales nacidas en Long Beach, California, los Estados Unidos, hace un poco más veinticinco años donde las grandes ideas se mezclan con la pasión y la emoción (y algunos aires de coaching) y que demostraron que lo real -y lo presencial- aún tiene más importancia que lo virtual. 

En sólo tres años ya se llevan realizados cinco mil eventos TEDx en 134 países, algunos con varias ediciones. Desde Tromso (Noruega) a la Antártida, de Reykjavik (Islandia) a Madagascar. Y en Argentina, también, claro: TEDxRíoLimay (Neuquén), TEDxUshuaia (Tierra del Fuego), TEDxIndigo (Mar del Plata), TEDxCórdoba, TEDxPlazaDeMulas (Mendoza), TEDxResistencia (Chaco), TEDxLagunaSetúbal (Santa Fe) y TEDxRosario (Santa Fe), entre otras. 

Lara Stein, la directora del programa TEDx, recibe 120 aplicaciones por semana y rechaza un 30 por ciento de las propuestas para adquirir una de estas "licencias" que permiten usar la marca siempre y cuando se acepte y se cumpla una serie de reglas, como "no promover creencias religiosas o espirituales" o que los conferencistas puedan "confirmar todo lo que digan durante la charla". 

"En nuestro caso buscamos 'ideas que te transforman'. Queremos provocar el pensamiento y la emoción, ampliar el horizonte de quienes asisten -cuenta Santiago Bilinkis, uno de los organizadores de TEDxRíoDeLaPlata-. TED fija reglas estrictas respecto de lo que puede o no incluirse. No puede haber contenido de pseudociencia, no puede hacerse autopromoción ni impulsar una agenda política. Nosotros estamos alineados con ese espíritu, por lo que intentamos cumplirlo a rajatabla por convicción".  

La tranquilidad, la buena onda y el entusiasmo de los organizadores de las TEDx y de todos los que alguna vez asistimos a una de ellas, sin embargo, fueron defraudados el 1 de diciembre pasado. Ese día, en Valencia, España, el virus de la charlatanería ingresó en el mundillo TEDx. En el evento TEDxValenciaWomen, ante los ojos bien abiertos y azorados de muchos de los presentes, un tal José Rius habló seriamente sobre reiki como si se tratase de física cuántica. Adoración Ferreres, una autodenominada "experta en técnicas bioenergéticas y holísticas", dio una charla sobre psicoaromaterapia egipcia y transpersonal y homeoterapias. Una "especialista en Movimientos de Energía para la Sanación a la Tierra a través de Ceremonias y terapeuta y formadora en Rebirthing" -signifique lo que signifique­- llamada Aura Küpper recomendó la "aplicación de la metafísica en la utilización de las leyes universales de manera práctica y sencilla". La seriedad de las TEDx quedó manchada. 

La indignación de algunos de los oyentes fue tal que Twitter explotó de rabia. En solo un par de horas, la casilla de los organizadores de las TED se inundó con tantos mails de quejas. Y Lara Stein respondió: "Queridos organizadores TEDx: es su trabajo antes de elegir a un conferencista, investigarlo bien y rechazar los contenidos pseudocientíficos y los engaños a la salud -escribió en una carta abierta-. La confianza de su audiencia debe ser su principal prioridad. Presentar 'mala ciencia' en una TEDx es justificación para la revocación de la licencia. No hay temas prohibidos aunque sí hay ciertos tópicos que atraen a personajes sospechosos: tales como el reiki, campos de energía, terapias alternativas, alquimia, viajes en el tiempo, la fusión entre ciencia y espiritualidad. Las charlas sobre pseudociencias afectan la credibilidad de las charlas TEDx".  

Es cierto: con lo ocurrido en TEDxValenciaWomen, sólo cinco charlas de las 20 mil dadas hasta la fecha estuvieron teñidas por la charlatanería. Pero ni siquiera los organizadores de las TED lo minimizan. Están al tanto de su peligrosidad. En algún punto, concuerdan con la mirada escéptica del epistemólogo argentino Mario Bunge, quien alguna vez dijo: "Los científicos y los filósofos tienden a tratar la superstición, la pseudociencia y hasta la anticiencia como basura inofensiva o, incluso, como algo adecuado al consumo de las masas; están demasiado ocupados con sus propias investigaciones como para molestarse por tales sinsentidos. Esta actitud, sin embargo, es de lo más desafortunada: la superstición, la pseudociencia y la anticiencia son virus intelectuales que pueden atacar a cualquiera hasta el extremo de hacer enfermar toda una cultura y volverla contra la investigación científica. Son, incluso, indicadores del estado de salud de una cultura".  


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