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M.A.F.I.A: imágenes imposibles de rechazar

A partir de la agresión a una colega por las fotos que había subido a su Facebook, un grupo de fotógrafos armó un colectivo para generar, sin filtros mediáticos y de manera grupal, un registro documental de diversos hechos sociales. En Facebook ya tienen más de cinco mil seguidores. 

Por Daniela Pasik

En tiempos de redes sociales y aplicaciones que hacen creer que cualquiera puede ser fotógrafo con solo replicar la imagen de su gato con Instagram, aparece un grupo que hace la diferencia. Es que estos también son tiempos en los que todos se creen jefes de redacción con poder para opinar de cualquier cosa (online). Y claro, justo ahora brota la mejor grieta. 

Según el diccionario de la Real Academia Española, "mafia" significa "Organización criminal de origen siciliano". En su segunda acepción amplía el concepto a "Cualquier organización clandestina de criminales", y recién en la tercera lo entiende, también, por la positiva y dice: "Grupo organizado que trata de defender sus intereses". Por ahí, ese tipo de mafia es M.A.F.I.A. 

El Movimiento Argentino de Fotógrafos Independientes Autoconvocados comenzó así, en defensa de un interés común. Jimena Aelen, Magdalena Diehl, Nahuel Domínguez, Ceci Estalles, Lina Etchesuri, Luciana Leiras, Nadia Lihuel, Mariano Militello, Sebastian Pani, Gonzalo Pardo, Juan Francisco Sánchez, Florencia Trincheri y Nicolás Villalobos son trece personas que, juntas, tienen todo lo contrario a la mala suerte que podría augurar el número. 

En su sitio Mafiaargentina.wordpress.com y también, sobre todo, en su página de Facebook, donde ya tienen cinco mil seguidores, se puede ver su tarea. Una cobertura sincera, documental y colectiva -las fotos no llevan firma individualizada, sino que pertenecen al grupo- de la sociedad actual. Es una mirada sin filtros sobre la realidad y sin necesidad de proteger ningún interés corporativo. "Somos un grupo de personas que, ante las intimidaciones sufridas trabajando, decidimos organizarnos y ponerle el cuerpo en conjunto a momentos del fotoperiodismo que pueden ser hostiles", explican. 

El inicio es así: una fotógrafa, Ceci Estalles, suele ir con su cámara a manifestaciones, como tantos otros colegas. Lo hacen porque lo de ser reportero gráfico de verdad se lleva más en el corazón que en el bolsillo y con sus clicks tratan de aproximarse a ese testimonio que vale más que un millón de palabras. En la jornada del 13 de septiembre de 2012, en medio del cacerolazo en el que algunos sectores de la clase media y alta expresaron su descontento con el gobierno, Ceci fue con su cámara. Juntó material. Lo subió a su Facebook. A muchos de los retratados no les gustó ese espejo y entonces denunciaron el contenido. La red social, entonces, le exigió que quitara las fotos bajo amenaza de clausura. 

"¿A quién lastiman las imágenes? ¿Inventé personas y situaciones? ¿Las obligué a posar? No, y es solo una opinión visual. En algo estoy de acuerdo con el Sr. Facebook: en estas imágenes hay cosas obscenas", reflexionó Estalles públicamente en su muro. Y así fue que internet hizo su magia, eso que es el corazón de su asunto y que a veces no puede ser detenido por ninguna ley o norma impuesta. Las imágenes se viralizaron. 

Los que pidieron censura a Facebook vieron cómo se daba vuelta la tortilla. En esa misma red, otros usuarios crearon una campaña en solidaridad con la fotógrafa y se sumaron miles. Ahí, además, Estalles comprobó empírica y prácticamente que la unión hace la fuerza, porque ese fue el puntapié inicial de la gesta de M.A.F.I.A. 

Como un grupo organizado que trata de defender sus intereses, según reza la R.A.E., salieron a cubrir el cacerolazo del 8N en Buenos Aires. Mientras se pudo ver el registro maniqueo de los medios que declaraba por un lado "multitud espontánea" y por otro "maquiavélica puesta en escena", M.A.F.I.A. aportó su pluralidad de miradas. Entre otros hits de su cobertura, encontraron y retrataron a Ricardo Conchita Barreda cacerola en mano. 

Desde entonces salen, organizados, a realizar la foto documental de casi todos los eventos públicos que los medios pueden -suelen- distorsionar. En la red está el ecléctico testimonio, según M.A.F.I.A., de La Marcha del Orgullo LGBTIQ Argentina, un recital de Dancing Mood, la llegada de la Fragata Libertad, la movilización por el enrejado del Parque Centenario y también la que se realizó en La Rural en diciembre pasado como protesta por su expropiación con, entre otras ácidas maravillas, la imagen en primer plano de la bosta de los caballos que rodeaban a los caceroleros que apoyaban a Hugo Biolcati. El que mira bien, encuentra. 


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