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Teletrabajo: la venganza de la oficina

Yahoo! y otras empresas de Silicon Valley no quieren más trabajo a distancia. ¿El fin de una era y la vuelta a la jornada de ocho horas? 

Yahoo! y otras empresas de Silicon Valley no quieren más trabajo a distancia. ¿El fin de una era y la vuelta a la jornada de ocho horas?
Por Sebastián Zírpolo
@Se_Bass


Desde su aparición en la década del 90, las empresas de internet vienen mostrándose como un nuevo modelo de compañías, con un management más amable hacia sus empleados, dirigido a crear formas distintas de trabajar y de ser productivo. El teletrabajo, en esa estrategia, es fundamental: entre muchas otras lecciones, Silicon Valley le viene demostrando a la "vieja economía" que se puede confiar en los empleados ofreciéndoles las herramientas que necesitan para cumplir con su trabajo desde donde les resulte más cómodo hacerlo. Al menos eso es lo que venía pasando. Hace unas semanas, Yahoo! anunció que haría volver a todos sus trabajadores remotos a las oficinas. "Para ser el mejor lugar para trabajar, la comunicación y la colaboración serán importantes, así que necesitamos trabajar lado a lado. Por eso es fundamental que todos estemos presentes en nuestras oficinas", dijo la CEO de la empresa, Marissa Mayer. 

El golpe a las nuevas formas del trabajo llegó desde el lugar menos pensado, desde el propio corazón de la (supuesta) contrarrevolución, y habilita una pregunta que apunta a la esencia del 2.0 way of life. Al final, ¿sirve internet? ¿Nos mejora la vida? Las promesas que venían adjuntas al consumo de las redes sobre las nuevas libertades (¡la nueva democracia!), la calidad de vida, la administración del propio tiempo, los nuevos empleos y las múltiples maneras de llegar a la riqueza o de elevar los estándares de calidad de vida, ¿se están cumpliendo, o al menos vamos hacia ellas? Si todavía es temprano para una respuesta completa, hay algo que sí se puede afirmar, y es que internet está pecando de solucionismo. 

La frase pertenece al escritor bielorruso Evgeny Morozov, que hace años viene alertando sobre la burbuja de significante alrededor de internet. Desde su libro The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom ( La desilusión de la red: el lado oscuro de la libertad de internet ), Morozov cuestiona la idea de que la tecnología en cualquiera de sus formatos facilitan la vida. "Geeks con buenas intenciones en San Francisco quieren aplicar las lecciones de internet a solucionar los problemas mundiales", dice Morozov, que los acusa de estar convirtiéndose de hippies comunitarios y antisistema a profundamente conservadores. "Necesitan ganar dinero. Nos ofrecen un mundo con menos transparencia y más conservadurismo del que pensábamos que habíamos superado". La crítica de Morozov se centra en la idea de que cualquier problema puede ser resuelto con una aplicación y de que la capacidad de los emprendedores y las startups para mejorar cualquier aspecto del mundo no tiene fronteras. "Tenemos que ser realistas acerca de lo que estas plataformas pueden entregar. Una vez que lo estemos, creo que podremos utilizarlos a nuestro favor", dice. Su tesis es que el centrismo de internet es una forma de determinismo tecnológico desde la que se supone que el efecto de la web va a ser siempre el mismo, independientemente del entorno social y político en el que se desarrolle. 

En este punto es que Morozov se encargó también de alertar sobre la ilusión del home office, tendencia a la que acusa de convertir la utopía de "la casita del campo electrónica" en "talleres clandestinos". Morozov cita un estudio del Monthly Labor Review, una publicación de la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos, que asegura que el trabajo a distancia, en vez de restaurar el equilibrio vida-trabajo, puede haber dado como resultado que los trabajadores trabajan más, pero desde su casa. "¿Será posible que los artilugios que ahorran trabajo, que se suponía que ayudarían a restablecer el equilibrio vida-trabajo, tan solo consigan empeorarlo?", se pregunta Morozov. "Por tentador que pueda ser pensar que los vehículos autoconducidos de Google nos permitirán ver películas en vez de tener que conducir, probablemente estaríamos pasando ese tiempo recién ganado pegados a alguna aburrida hoja de cálculo. ¿Qué progreso es ese?".  

Para Yahoo! la decisión no fue gratuita. Parte de Silicon Valley salió a diferenciarse de la empresa, a la que critican por falta de rumbo y problemas de management. Uno de los más duros fue David Hannson, socio de 37signals.com, creadora del basecamp, un software de project management y una de las empresas que mejor aprovecha los beneficios de la nueva economía: alcance global y facturación millonaria con un puñado (treinta) de empleados repartidos por todo el mundo. "La decisión de Yahoo! revela que su management no tiene la menor idea de quién es realmente productivo y quién no. En su ceguera están alcanzando la forma más baja de control que un gerente puede tener: garantizarse que las personas se sienten durante ocho horas en sus oficinas. Un gran trabajo simplemente no ocurrirá en ambientes con tan poca confianza". 

Juan Martitegui, un argentino impulsor del trabajo en el hogar y de la capacitación en las nuevas profesiones que habilita internet (de hecho, su empresa www.mindvalleyhispano.com sigue el modelo de 37signals.com), advierte que no solo Yahoo! se puso en contra del teletrabajo. También lo desalienta Google, aunque con otros métodos. "Te lavan la ropa, te dan de comer gratis. Es una manera más sutil de hacerte ir a la oficina", dice. Lo mismo piensa de Apple: mientras empresas como Microsoft o Intel tienen centros de desarrollo en todo el mundo, Apple -la supuesta empresa más innovadora del negocio- tiene un solo centro, en Cupertino, California. "Hay gente que piensa que la magia sucede cuando está junta", dice Martitegui. De todos modos, Juan reconoce que un contacto físico con cierta periodicidad le suma calidad al trabajo virtual. Por eso reúne cada tres meses a sus empleados (catorce, repartidos en cinco países de América latina) para pasar unos días juntos. 

Todo esto no quiere decir que la ubicuidad de internet esté en duda y que el trabajo remoto en cualquiera de sus formas (en relación de dependencia para una empresa, u ocasionales para muchas empresas) vaya a desaparecer. Por el contrario, y a pesar de Morozov, las empresas 2.0 de marketplace de trabajo freelance son uno de los negocios que mejor están facturando, en un ambiente en el que monetizar es complejo. Los ingresos de oDesk (una plataforma donde empresas buscan trabajadores freelance para proyectos puntuales) alcanzaron el último año 400 millones de dólares. El promedio de pago por un trabajo en oDesk es de más de cuatro mil dólares. Si a eso le sumamos otra plataforma como freelance.com y las múltiples empresas similares, significa que miles de organizaciones de todo el mundo pagaron en 2012 cerca de mil millones de dólares a profesionales freelance que están trabajando desde sus casas. Nada mal para un taller clandestino. 


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