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Máxima Zorreguieta: Elegancia made in Argentina

Holandesa por adopción pero argentina en su temprana incorporación del buen gusto, la futura reina impuso un estilo propio. 

Holandesa por adopción pero argentina en su temprana incorporación del buen gusto, la futura reina impuso un estilo propio.
Por Diego Vecino
@contrarreforma


Un amigo que vive en Holanda hace muchos años me dijo el fin de semana pasado: "Máxima es holandesa, olvidate. Su argentinidad es solo un detalle extravagante". Y eso es estrictamente verdad: Máxima no promociona la molleja. Tampoco promueve una mejor comprensión cultural entre dos países que se mantienen distintos y ajenos. Ellos, de nosotros, siguen sabiendo que tenemos buena carne y nada más. Nosotros seguimos pensando que lo que los distingue es el faso libre y prostitutas en las vidrieras. 

Máxima es holandesa y los holandeses la aman. Y no porque sea argentina, sino justamente por lo contrario: porque se ha esforzado por lograr una fusión completa con los holandeses. Y definitivamente lo ha logrado. Por ejemplo, aprendiendo a hablar el neerlandés, un idioma difícil, que solo hablan 16 millones de personas. 

También porque Máxima sonríe a todos lados donde va, y eso para los estándares cuasi nórdicos de los Países Bajos equivale a la mitológica sangre caliente latinoamericana. Y porque Máxima encarna la historia de la plebeya que llega a reina, y esa es la historia más seductora del mundo, incluso para un holandés amargo. Y porque se viste bien. 

Máxima desató una pequeña fiebre en Europa cuando en su casamiento con el príncipe Guillermo, en 2002, apareció con un vestido imponente de Valentino. Progresivamente, la Máxima fever se extendió: empezaron a copiar su forma de moverse, su peinado, a analizar la paleta de colores que usaba. A mediados de la década, Máxima ya era la mejor vestida del viejo continente, un título de nobleza ad hoc que sigue ostentando, con rivales pero sin competencia. 

En algún sentido, Máxima es el espejo de Cristina -rubia, moderada, vanguardista-, aunque ningún holandés se queje de que su reina se compre carteras y zapatos con la plata de sus impuestos. Lo cierto es que no es tan difícil ser "la mejor vestida de Europa" para una argentina que incorporó de manera temprana los estándares del buen gusto de las familias tradicionales argentinas (que son los europeos). Tampoco es difícil, en ese contexto, ser la avant-garde del continente, como la califican los expertos en moda, frente al, en general, clásico estilo de las chicas criadas en los estándares del aburrido lifestyle nobiliario continental. 

Holandesa por adopción pero argentina en su temprana incorporación del buen gusto, la futura reina impuso un estilo propio.
La cabeza

Una de las cosas más importantes en el estilo de Máxima es la cabeza. El uso de tocados, que van desde alguna pequeña tiara hasta sombreros de alas anchísimas, le ha valido buena parte de su fama y ha impuesto una pequeña tendencia al uso de pañuelos, ramos, boinas y accesorios para decorar el pelo. De hecho, Máxima de Holanda ha llegado a utilizar muchos, muchísimos, tipos de peinados y arreglos en un mismo día. Este gesto mínimo, bastante fácil, le valió la fama de heterodoxa porque no es algo tan típico de la nobleza europea, sino más bien de la alta moda plebeya. 

Los vestidos

Máxima se caracteriza también porque, sin dejar de ser sobria, ha sabido innovar bastante en los vestidos con colores y texturas que son más bien raros en el ámbito real europeo, en general más afecto a la cosa clásica y un poco sosa. Usualmente sin escotes jugados, asimétricos, pero realzando su figura con lazos o cinturones por encima de la cadera, Máxima es una chica de colores pasteles, pero se permite tirar una magia de vez en cuando, sobre todo en los accesorios: un plateado, un bordó, unas plumas. Incluso es una buena y sabia usuaria de diseños de marcas low cost, tipo Zara, cuando está off-duty. 

Las joyas

Si cualquier plebeya con mucha guita es capaz de consumir alta moda y trajes sofisticados de diseñadores europeos, son las joyas lo que transforman a Máxima en reina. Aparentemente, su preferida es una tiara compuesta por veintisiete diamantes redondos que simulan la forma de una rosa, un accesorio que directamente no tiene valor de mercado; aunque la sucesora de Beatriz se ha encargado de desterrar del olvido algunas pulseras, broches o diademas que dormían el sueño de los justos, combinándolas con piezas más modernas de diseñador o de la casa Tiffany's, intensificando, en este sentido también, su a veces sobreactuada fama de vanguardista. 


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