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El green power copó el bar

Green Drinks es un movimiento global que propone, entre trago y trago, reunir a personas con un mismo interés: pasarla bien mientras se amplían los contactos en el campo de la ecología. Después de intentos fallidos, el networking verde se instaló en Argentina. 

Por Ariana Pérez Artaso

El cuento de que el primo del vecino de un amigo hizo tal cosa tiene su base verídica: así surgió el movimiento mundial denominado Green Drinks.  

Corría el año 1989. En el pub londinense The Slug and Lettuce (algo así como La babosa y la lechuga), Edwin Datschefski, diseñador abocado al plano ecológico, se tomaba unos tragos con dos colegas. Se dice que él divisó que a unas mesas de distancia hacía lo propio un conocido que se había juntado ahí mismo con varios compañeros que compartían su conciencia medioambiental. Haciendo buen uso del "tus amigos son mis amigos", las dos mesas se unieron. Se ve que el resultado fue positivo, porque una vez al mes volvieron a congregarse, y sumaron más personas. Así se generó el núcleo de lo que terminó siendo GD. 

Este concepto consiste en una red internacional de reuniones informales y gratuitas de networking en las que se trabaja apoyándose en los recursos digitales, pero poniendo el face to face como un requisito fundamental. Verse las caras -y conocer nuevas- para charlar sobre las múltiples aristas de la sustentabilidad y tomar algo: ese es el plan. La propuesta puede sonar aterradora para los fóbicos, pero muy interesante para los que quieran fortalecer su perfil sostenible. 

Lo cierto es que hoy estas sesiones se dan en más de seiscientas ciudades del mundo con sus rasgos particulares. Las sedes suelen ser bares o restaurantes con onda que ofrezcan, preferentemente, alimentos orgánicos y menús vegetarianos. La idea central es que sus participantes puedan interactuar de forma relajada, con una copa en una mano y un bocadito en la otra, para convertirse en nodos verdes que se vayan uniendo a partir de diferentes puentes: datos oportunos, sinergias, puestos de trabajo, herramientas compartidas o, incluso, amistades nacientes. En el medio de esta estructura, el tejido debería ser lo suficientemente fuerte como para encauzar proyectos sustentables que puedan llevar a la conformación de espacios habitables de mayor calidad (a "un mundo mejor", como le dicen algunos optimistas). Todo puede pasar dentro de estos encuentros, siempre y cuando los asistentes se suelten y compartan. Suena fácil, pero a veces el ostracismo nos puede. 

Ahora bien, los localismos son inevitables. GD llegó a Argentina en 2007 gracias a la acción conjunta del fundador del sitio TreeHugger , Graham Hill, y la periodista especializada en medioambiente, Paula Alvarado. La primera experiencia vernácula de los encuentros verdes no tuvo mucho éxito: pocos fueron los concurrentes y escasos los intentos de repetir la práctica. Tras dos ensayos, los Green Drinks quedaron encajonados: el escenario ecológico de Buenos Aires no estaba lo suficientemente listo como para coparse con la iniciativa. 

Fue en 2009 cuando la red de networking reapareció en la ciudad, pero esta vez para quedarse. Con el correr del tiempo, el movimiento logró un lugar que, gracias al boca en boca y la difusión a todo pulmón de sus impulsores, se hizo cada vez más sólido. "Conseguí empleo en Green Drinks Buenos Aires. Allí conocí a Rodrigo Herrera Vegas, uno de los fundadores de Sustentator, quien me invitó a encargarme de la tienda online y de las ventas corporativas de la página", cuenta Ethel Bonnet-Laverge, que hoy es consultora de sustentabilidad para PwC. 

La organización de los meetings porteños está a cargo de un grupo de voluntarios (Ethel incluida) que coordinan una generosa base de datos con contactos que son invitados los segundos martes de cada mes al restaurante palermitano La Maison, una casona reformada de lo más agradable. 

Participar de uno de estos encuentros puede resultar algo curioso y fructífero a la vez. Su dinámica abarca una llegada tímida de caras expectantes que se miran buscando rasgos familiares. Aquellos que no los encuentran solo necesitan seguir mirando y esperar a que alguien se acerque, o tomar la iniciativa del primer saludo. La charla se da fácil: la familia de los GDBA es conversadora y bien predispuesta, para suerte de los que recién se inician en el ritual. 

La parte más estructurada del asunto se identifica con un micrófono y una pared a modo de pantalla. Este improvisado escenario da lugar a dos charlas en las que voceros de diversas organizaciones o "casos exitosos" exponen sus experiencias en no más de quince minutos cada uno, al estilo TEDx. Finalmente, el networking sigue su desarrollo y el bullicio reabre el juego del intercambio persona a persona. 

Sorprende la cantidad de lenguas distintas a la nuestra que parlotean por las esquinas de la tertulia. Sucede que Green Drinks es un movimiento verdaderamente fuerte en otras partes del mundo, por lo cual los visitantes extranjeros que llegan al país suelen buscar su versión autóctona. 

Así, la comunidad de emprendedores verdes, periodistas y demás curiosos de la temática medioambiental van encontrando su relajado espacio de comunión. "El espíritu es que este continúe creciendo -asegura Martín Riverós, uno de los anfitriones de GDBA- para que la gente se siga relacionando y se fortalezca el desarrollo de la sustentabilidad en Argentina. De a poco vamos ganando terreno".  


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