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La batalla contra la pérdida de la memoria

Cuáles son los caminos que está recorriendo la ciencia para evitar el desgaste de la memoria 

Cuáles son los caminos que está recorriendo la ciencia para evitar el desgaste de la memoria
Por Manuel Ruiz

Ireneo Funes no le prestaba atención a nada. Pero un accidente lo cambió para siempre, y al recuperarse, su percepción y su memoria se hicieron infalibles: recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, y cada una de las veces que la había percibido o imaginado. "Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo", decía con soberbia el protagonista del cuento de Borges Funes el memorioso. 

La proeza de Funes no impresiona a Jorge Medina, investigador superior del Conicet y uno de los especialistas en memoria más importantes del país. "Estas personas que resuelven operaciones matemáticas de catorce cifras o se acuerdan de días puntuales de la historia no pueden atarse el cordón de los zapatos. Toda la maquinaria cerebral está destinada a resolver solo un problema, y dejan de experimentar y aprender cosas nuevas", explica el investigador. 

Antes que masificar las cualidades de Funes, los neurocientíficos alinearon sus microscopios para darle batalla al enemigo público número uno de la memoria: el Alzheimer, la enfermedad neurodegenerativa que se encarga de borrar los recuerdos de los 400 mil argentinos que viven con esta patología día a día. Según cifras de la ONG Alzheimer Disease International [PDF] , en 2010 hubo en todo el mundo 35 millones de personas que padecieron esta enfermedad. Las previsiones calculan que en 2030 serán 66 millones y en 2050, 115 millones. Para combatirlo, es necesario entender cómo funciona la mente y qué procesos la protegen y cuáles la perjudican. 

La prolongación de la esperanza de vida convierte el Alzheimer en la epidemia del futuro. Cada vez vivimos más. Y para vivir mejor la clave es empezar a develar los misterios que esconde la memoria. Las líneas de investigación son variadas y van desde poder borrar recuerdos dolorosos hasta descifrar qué compuestos químicos logran fijar y hacer durar los recuerdos felices. 

Una simple babosa marina ayudó a cambiar los paradigmas establecidos alrededor del estudio de la memoria. Fue hace doce años, cuando, al estudiarla, el científico Eric Kandel descubrió los procesos fisiológicos de la memoria a corto y a largo plazo. Sus hallazgos lo llevaron a obtener el Nobel de Medicina y revolucionaron los laboratorios de todo el mundo. "Me parecía probable que, en el curso de la evolución, los seres humanos hubieran conservado algunos de los mecanismos celulares de aprendizaje y almacenamiento de recuerdos que ya estaban presentes en animales más simples", afirmó el investigador en su autobiografía En busca de la memoria (Katz Editores). 

El descubrimiento más sorprendente fue establecer que, a diferencia de las computadoras, donde cada archivo se guarda en un lugar específico como si fueran cajones, en el cerebro humano los mecanismos celulares del aprendizaje y de la memoria no descansan en un solo lugar, sino en las conexiones que hay con otras células de todo el cerebro, por lo que se generan circuitos neuronales. Los científicos ya no consideran que los recuerdos funcionen como un álbum de fotos que van perdiendo intensidad, sino que los asocian más con la lógica de funcionamiento de Google y los hipervínculos de internet. 

"La biología de la mente es tan importante en este siglo como lo fue la biología del gen en el siglo XX", dice Kandel. Jorge Medina, por su parte, sostiene que hoy existe una carrera científica de los investigadores de todo el mundo para poder encontrar la píldora de la memoria. "En un mundo donde cada vez somos más y vivimos más tiempo, hay un mercado gigante de posibles compradores, y los laboratorios están locos por encontrar esta píldora. No hay drogas nuevas desde hace mucho tiempo, por eso, el que tenga la de la memoria va a arrasar", arriesga. 

El origen del olvido

En el Laboratorio de Neuroplasticidad y Neurotoxinas (LaNyN) de la Facultad de Medicina de la UBA, la memoria y, particularmente, las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer son el núcleo de la investigación. Buscan descubrir las causas de este trastorno degenerativo cerebral crónico que afecta las funciones cognitivas y la conducta. Luego de largas investigaciones con ratas salvajes y transgénicas, llegaron a la conclusión de que en los cerebros en que se empieza a desarrollar la enfermedad se produce primero un desgaste de las sinapsis, es decir, de la comunicación entre neuronas que permiten la generación de impulsos nerviosos, y esto es interpretado como el inicio del deterioro. 

En el laboratorio, que dirige la investigadora Diana Jerusalinsky, con un equipo de Francia y otro de Brasil, se descubrió que una molécula llamada Amiloide Beta, propia de la degradación de una proteína que se secreta en exceso en la enfermedad de Alzheimer, se une a un receptor neuronal y atacan juntos la sinapsis entre neuronas. Esto produce un deterioro en la comunicación intracerebral, y perjudica un momento muy importante en el proceso de formación de memoria. "La importancia de esta investigación es que al menos conocemos un mecanismo por el cual se puede producir el inicio de la enfermedad, y al conocer el mecanismo, se podrá prevenir y atacar el fenómeno aun antes de que haya ocurrido", comenta Jerusalinsky. 

Todas las drogas que se usan hoy -explica- no logran mejorar la enfermedad, pero sí influyen en el bienestar general de la persona. Jerusalinsky dice que hay un notorio interés mundial por la memoria a raíz de la prolongación de la vida, pero sostiene que todavía falta inversión en el área. "Todos quieren llegar a edades avanzadas sanos y con memoria, pero hoy a la industria farmacéutica le dan mucha más plata los psicofármacos que la lucha contra el Alzheimer", comenta. El Nobel a Kandel, dice, ayudó a mejorar la situación. "Antes, ibas a un congreso internacional y los investigadores del área éramos unos poquitos en un rincón; hoy, hay muchísima gente trabajando en el tema y muchos más subsidios para el área, gracias a que el tema fue adquiriendo notoriedad y los problemas relacionados con el Alzheimer se hicieron cada vez más visibles en la sociedad", afirma. 

Ese mayor interés que existe en descifrar los mecanismos de funcionamiento de la memoria sirvió para establecer las diferentes etapas en la generación de recuerdos. En primer término, está la llamada amnesia infantil, en la que se eliminan la mayoría de los recuerdos anteriores a los cinco años. Luego viene el esplendor, entre los 15 y los 35 años, que se llama pico de reminiscencia, y, según los teóricos, su fijación se debe a que en esos años ocurren los momentos decisivos de la historia personal: primer amor, amistades estables, definición vocacional, la elección de pareja y la paternidad. Pero, al igual que cualquier otro órgano, con el paso del tiempo el cerebro envejece, lo que genera una reducción en la velocidad de procesamiento y en la capacidad de aprendizaje o de retención. Y es ahí cuando, a partir de los 60 años, aparecen los pequeños olvidos y el fantasma del Alzheimer comienza a crecer. 

En el FLENI se comenzó a trabajar con un concepto más integral en torno a la pérdida de memoria llamado reserva cognitiva. El jefe de Neurología Cognitiva de ese establecimiento, Ricardo Allegri, cuenta que en pacientes con igual nivel de inteligencia biológica hay quienes tienen mayor reserva cognitiva que otros. Esto se debe a una combinación de factores vinculados con el incentivo intelectual que recibieron, cuánta actividad física hicieron y cuánta vida social tuvieron a lo largo de sus vidas. 

Las investigaciones establecieron que el Alzheimer tarda mucho más tiempo en expresar la sintomatología en un individuo activo que en otro que pasó toda su vida sin gran actividad intelectual. "El Alzheimer empieza muchos años antes de lo que se expresa clínicamente. Cuanto más preparado estés, más años podés pasar sin que se manifieste", afirma Allegri. De ahí que el gran cambio esté en los hábitos a la hora de frenar la enfermedad. "Pero hacer solo crucigramas no sirve de nada, tiene que haber estímulo intelectual con elaboración y discusión", advierte. 

Cuáles son los caminos que está recorriendo la ciencia para evitar el desgaste de la memoria
Proteger el pasado

Desde el Centro de Estudios Farmacológicos de UBA-Conicet, Laura Guelman se ha dedicado a estudiar el complejo proceso que permite codificar, almacenar y recordar la información del pasado. En el laboratorio, trabajaron alrededor de dos objetivos: cómo hacer para dañar la memoria y cómo hacer para protegerla. 

Para esto, primero sometieron a un grupo de ratones jóvenes a un tratamiento de radiación ionizante, el mismo que se utiliza en pacientes humanos para matar tumores, y comprobaron que estos provocan daños irreversibles en la memoria. "Vimos que los procesos de radioterapia profunda en animales en desarrollo generan daños en el hipocampo, uno de los lugares claves del cerebro para la memoria y el aprendizaje", explica Guelman. 

Por lo tanto, en el laboratorio se propusieron encontrar algo que protegiera la pérdida de memoria durante la radioterapia, y lo encontraron. El estrógeno femenino estradiol fue la clave en la investigación. Entonces, treinta minutos antes de la radiación y durante los tres días posteriores, le inyectaron esta hormona a un grupo de ratones, y comprobaron que no habían perdido la memoria y que la radiación no los había afectado. "El estradiol funcionó como un casco", explica Guelman. 

Como este tipo de estrógenos ya son fármacos que se comercializan en el mercado, Guelman considera que ahora es momento de diseñar una indicación distinta para que puedan ser utilizados cuando se daña la memoria. De este modo, y con mayor financiación, el estudio podría ser llevado a cabo en humanos. Para esta etapa, es necesario que se interese por el proyecto un laboratorio de más envergadura y que se dedique a la investigación clínica. 

Proteger el futuro

"Qué bueno sería que las memorias traumáticas duraran menos y las memorias felices duraran más, ¿no?". No lo dice el doctor Mierzwiak en la película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, mientras le borra los recuerdos a Kate Winslet, sino que se lo plantea Medina en su Laboratorio de la Memoria del Instituto de Biología Molecular y Neurociencia. Allí, luego de experimentar con ratones, pudieron establecer que doce horas después de haber aprendido algo, en el cerebro se desencadena un proceso que involucra varias sustancias, proteínas y neurotransmisores que provocan que los circuitos neuronales se pongan más sólidos, lo que permite que las memorias se guarden por mayor tiempo. Así, la etapa de consolidación de esos recuerdos depende de la producción de la proteína llamada Factor de Crecimiento Derivado del Cerebro (BDNF, en inglés). Por lo tanto, si se detiene este proceso, la memoria no dura. Y si se lo estimula, aumenta. 

Esta investigación, que se presentó en julio en España como una alternativa para "curar" memorias traumáticas, tiene su contracara: extender la memoria. En una segunda etapa, la investigación se concentró en lograr que una situación positiva -que un ratón recordaría por solo un día- pudiera ser recordada hasta catorce días después de haber realizado esa experiencia. Lo que Medina y su equipo lograron, en definitiva, fue alargarle la vida a una memoria feliz. 

"La idea es llevarlo a la práctica con un fármaco en un tiempo estimado de entre cinco y diez años. Ahora se está analizando el plan de diseño, que es lo que lleva más tiempo", afirma Medina. Los objetivos de financiamiento, dice, están puestos en laboratorios del exterior, ya que en Argentina todavía no se animan a invertir en investigación de riesgo. 

Analógico o digital

En Ciudad Universitaria funciona el Laboratorio de Neurobiología de la Memoria de la Facultad de Ciencias Naturales y allí también los mecanismos contra el olvido son el eje de análisis. Pero, en este caso, los estudiados son seres humanos y la variable es el estrés. Arturo Romano, uno de los investigadores, cuenta que en un experimento en el que los voluntarios tienen que aprender algo mientras sus brazos están sumergidos en baldes con agua helada, se comprobó que el estrés físico provocado facilitaba la consolidación de la memoria. Ahora, el segundo paso es determinar qué sustancias se ponen en juego durante ese momento de estrés. 

Romano sostiene que para proteger la memoria hay dos instancias básicas: el tiempo que se le destina al aprendizaje y cuánto dormimos después de aprender. "Las etapas de sueño son muy importantes para consolidar la memoria. Lo que uno aprendió en vigilia se consolida durante el sueño. En la medida en que uno no tiene un sueño adecuado, no va a poder consolidar adecuadamente lo que aprendió", comenta. Así, el dormir funciona como un depurador de recuerdos que solo deja lo importante, algo así como una limpieza diaria del historial de internet. 

Los ojos del biólogo hoy están puestos en la investigación base y en poder delimitar cada vez más su campo de estudio y no en los nexos con los laboratorios. "Desde hace un tiempo, nuestras investigaciones están disponibles para la comunidad científica. Todos los estudios que hicimos pueden ser aplicados para un futuro diseño de drogas, pero hoy preferimos abocarnos solamente a la investigación científica, con el único interés de ampliar el conocimiento acerca de la memoria", explica Romano. Y recordó que las grandes aplicaciones de la neurociencia han surgido de investigación básica. 

Es esa delimitación y ampliación del campo de estudio que provocó que investigadores españoles del Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral de Madrid (CEADAC) realizaran un experimento con seis pacientes con problemas de memoria para determinar si podían generar nuevos recuerdos gracias a la tecnología. Para esto se les colgó del cuello una cámara de fotos que tomaba imágenes las 24 horas del día. Al verlas, pudieron recordar hasta un 20% más de los acontecimientos. 

Con el mismo objetivo trabaja Liliana Sabe, la directora de los Talleres de Memoria de FLENI, que coordina grupos de personas con diferentes grados de déficit de memoria. Durante tres meses los asistentes hacen diferentes ejercicios, desde búsquedas en la web hasta salidas a museos. Según comprobó la médica, el verdadero avance se da cuando la persona comenta a los demás lo que recuerda. Mantener activo el relato propio hace que la memoria trabaje el doble. 

Es por este tipo de experiencias que Diego Golombek plantea que la tecnología ha cambiado los mecanismos y paradigmas de la investigación básica y se pregunta hasta qué punto es necesario buscar una hipermemoria interna cuando la tecnología tiene capacidades de almacenamiento casi infinitas. "En todo caso, la investigación debe dedicarse a solucionar los trastornos patológicos de la memoria, antes que preocuparse por eventuales superpoderes", plantea el neurocientífico. 

En la misma línea está Pablo Richly, jefe de la Clínica de Memoria de INECO. "¿Quién tomaría una medicación para la memoria si tenés una tablet con una capacidad mucho mayor de lo que podés almacenar en tu cabeza? Si no tenés una enfermedad progresiva, yo no me arriesgaría a tomar nada", sentencia. 

Mientras la información y los aparatos y sistemas para almacenarla abundan, el más antiguo de ellos, la memoria, sigue amenazado por el Alzheimer. En su combate se cifra la guerra de los tiempos que se vienen. 


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