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Dos titanes del vino: Pierre Lurton y Paul Hobbs

Una charla amena con dos de las personas que más saben de vino argentino 

Por Alejandro Maglione
amaglione@lanacion.com.ar / @crisvalsfco
Especial para ConexiónBrando


Cosas que suceden

Entrevistar a Pierre Lurton, presidente de Cheval des Andes, no es cosa de todos los días. Es un personaje que reúne la calidad de ser además Presidente de la bodega francesa Cheval Blanc y de Château d'Yquem, que produce el vino considerado como el mejor vino del mundo. 

Como si fuera poco, casi el mismo día, la varita mágica me tocó, y tuve oportunidad de tener una de esas entrevistas periódicas, que me regala la vida periodística, con Paul Hobbs, uno de los enólogos más renombrados del mundo, que estaba de paso por Buenos Aires en uno de sus periplos habituales por nuestro país, donde tiene bodega propia en Mendoza y clientes varios de su consultora que siempre lo aguardan ansiosamente. 

Una charla amena con dos de las personas que más saben de vino argentino
Pierre Lurton

No es muy sabido que Lurton es en realidad un apellido irlandés, y a veces me pregunto si los bordeleses lo tienen tan en claro, o ensimismados como están con los conocimientos y habilidades de Pierre, pronuncian su apellido "Lugton" y la nave va sin más dramas. 

Pierre es del perfil de hombre totalmente desacartonado, de estatura mediana y con silueta perfecta siempre. Le gusta vestirse de manera informal, los deportes al aire libre, como la navegación a vela y la equitación. Conserva esa picardía tan francesa, que está conversando amigablemente y si ve de lejos una damisela paseando por los prados, su mirada se desvía hacia ella con cuidado descuido, sin dejar de mantener la conversación en el plano profesional que corresponde. No obstante, se autodefine como una persona tímida, característica que realmente disimula muy bien. Con él, el tiempo vuela. 

En nuestra última charla me dijo que está positivamente asombrado con la forma en que han evolucionado los denominados vinos del Nuevo Mundo, entre los que se cuentan los de nuestro país, junto con los de Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Estados Unidos, entre otros países. 

Para él la evolución es recuperar el espíritu del terroir. Eludir la tentación de hacer vinos de características uniformes, para seducir al mercado anglosajón, y en cambio, exhibir lo que cada paño de viñedo tiene para ofrecer con calidad diferenciada, dejando que la habilidad del enólogo haga el resto. 

Percibe que los enólogos jóvenes han redescubierto al viejo viticultor. Ese hombre que reconoce su viñedo casi hilera por hilera. Que se siente cada vez más alejado de una forma de cultivo que no respete el entorno, y le asegure entregar un producto cada vez más auténtico, sin demasiadas ayudas de la química inorgánica. 

Recuerda que el Cheval des Andes ha sido siempre un vino de corte en base a dos cepas, y en proporciones que cada año van variando en función de la calidad y características que van entregando los viñedos. Pero nos cuenta que hay una tercera cepa que ha empezado a incorporarse a sus magníficos caldos: la Petit Verdot. Esta uva forma parte de los cortes que se hacen en Burdeos desde hace mucho tiempo. Allá, al Cabernet Sauvignon y el Merlot, le añaden esta cepa rústica para redondear y agregar aún más color a sus vinos. En la Argentina, esa función se le había asignado en las antiguas concepciones nada menos que a nuestro afamado Malbec. 

De pronto la charla se interrumpe, porque la presencia de la periodista Lucrecia Melcior lo tienta a sacarse una foto con ella. Me pasa su máquina y veo que es una Leica, una de esas marcas que son icónicas, y que fanatiza totalmente a quienes la usan. Hay que ser muy conocedor del tema, o tener algunos años más que los 30 para saber de que se trata utilizar una máquina como esta. Saco la foto con mucho gusto, una así, otra asá, Lucrecia chocha de la vida por el halago de que Pierre la haya elegido para posar con él. 

Seguimos con sus comentarios. "En la Argentina el vino es como su gente: shic, estética. Hay una preocupación diferencial en el cuidado de los viñedos respecto a lo que se hace en otras partes del mundo".  

Una charla amena con dos de las personas que más saben de vino argentino
Le gusta hablar de su compatriota responsable de la operación en la Argentina desde hace 8 años, Nicolás Audebert : "Él hace todo con mucha creatividad y no mucho dinero. Tuvo el ingenio de asociar el polo a la marca.". A todo esto, por la ventana del lugar donde conversábamos, se veía la cancha de polo que se abre en medio de los viñedos, donde un jugador con aire casual, taqueaba morosa y suavemente una bocha, anticipando el partido de polo que se jugaría unos momentos después. 

Le encanta la Argentina, pero extraña la imagen que tiene desde su escritorio en Yquem, donde cada mañana ve la bruma colándose por los viñedos. Un paisaje imposible de replicar en la desértica Mendoza. 

"Los vinos de competición no son para beber. Los vinos tienen que estar hechos para acompañar las comidas". Lo dice alguien habituado a ver premiados sus vinos. Pero hay que reconocer que la realidad hace que el mejor premio que suele recibir es la preferencia del mercado. También, con las bodegas que dirige ¡así cualquiera! 

Finalmente le pregunto sobre como ve el futuro inmediato de Cheval des Andes. Y me responde como un nauta: "es un momento para mantener la velocidad de crucero hasta que los vientos de la economía cambien. No hay apuro. Cheval es alta costura, no prêt à porter".  

Afuera lo esperaban los invitados top que habían sido convocados para catar los vinos de la cosecha 2008 y compararlos con la 2005 y la 1999. Interesante experiencia de probar los diferentes cortes de Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec, Petit Verdot y Cabernet Franc, cepa que fuera por años conocida como Aspiran Bouchet. Previamente, Nicolás los había hecho madrugar a las 7 de la mañana, para hacerles un sin fin de paseos por los viñedos, montados en una flota de Citroën 3 CV que vaya uno a saber donde los había conseguido. 

Hubo uno de estos vehículos, de inquietante color celeste, mostró la maestría de la dupla compuesta por Jaime Chmea y Andrés Troelsen. La envidia que despertó su desempeño, quedó patentizada en los comentarios del almuerzo de otro equipo integrado por Germán Pando, Rodrigo de la Arena y Alejandro Sied. 

Pierre, que venía de una subasta de vinos en New York, desde donde se dirigió a Sudáfrica, y de allí a Mendoza, disfrutaba de todo, preparando su regreso a su Burdeos querido, donde luego de hacer un poco de vida familiar, pronto estará preparando las siguientes correrías que son su estilo de vida. 

Paul Hobbs

Encontrarme con Paul es encontrarme con un amigo. ¿De qué otra forma se puede considerar a alguien que apenas te encuentra dice "¿sabes que voy a tener otro hijo?". Además, se sabe que por lo general, el abrazo no forma parte de la cultura anglosajona, sin embargo, es el saludo normal en nuestros encuentros, lo cual siempre me hace sentir halagado. 

Paul ama la Argentina incondicionalmente, y conoce sus zonas viñateras por metro cuadrado. También conoce bien a los principales jugadores, a los que se cuida de calificar cuando se los va mencionando. Queda en uno interpretar sus gestos. Un diplomático en toda la línea. 

Comenzamos charlando de la forma en que se va propagando la cultura de los cultivos orgánicos, que él prefiere llamar sustentables y a los que adhiere con convicción. La biodinamia para él es otra cosa: "la biodinamia se ha ido transformando en una religión y es la parte que no me gusta. Es como la moda de la fermentación en huevos de cemento, pareciera que se utilizaran huevos de Fabergé. En todo caso, estas modas han calado fuerte en el West County de Sonoma, que es el último bastión de los hippies norteamericanos".  

Una charla amena con dos de las personas que más saben de vino argentino
 

Para abonar su opinión, dice haber participado en catas realizadas en copas negras, solo 1/3 de las muestras pudieron ser identificadas como elaboradas en base a principios biodinámicos. Como un ejemplo de autoengaño, recordó a aquel CEO de una compañía que dio a los aspirantes a un cargo de gerente un puñado de semillas a cada uno y dijo que premiaría al que trajera la mejor planta. Todos, menos uno, trajeron macetas con plantas fabulosas. Y uno, mostrando su maceta vacía, dijo: "ninguna de mis semillas germinó". El CEO lo designó en el cargo, explicando que las semillas estaban muertas y lo que se había puesto a prueba era la honestidad de los candidatos. 

Con trato personal con el discutido Robert Parker, siente que habiendo prácticamente salido del mercado de las catas y los puntajes, al vender su publicación especializada, ha quedado un espacio vacío que alguien deberá cubrir. Neil Martin, que vino hace poco a la Argentina representando a Parker. Paul cree que Neil exhorta al menor uso de madera en la elaboración de los vinos respondiendo a una exigencia de la prensa especializada. Además, me confidenció que Martin le dijo que él será el sucesor de Parker, porque incluso se siente más capacitado que él. 

Cree que la tendencia hacia la producción de vinos de corte seguirá creciendo, y está muy contento de la evolución del Cocodrilo que está produciendo en su bodega argentina, Viña Cobos. Me contó, que en éste la única cepa siempre presente es la Cabernet Sauvignon, variando las otras cada año según hayan sido las cosechas. 

Antes de separarnos, con la promesa de reencontrarnos en abril y compartir un almuerzo calmo, me susurró que está con un ojo puesto en el tema de los "mini terroirs", toda una teoría que habla de atender a los cambios de suelos que hay dentro de un mismo lote de viñedos. Cambios y más cambios, que solo pueden seguir los enólogos jóvenes, o los como él, que a esta altura de su vida: ¡va a tener otro hijo! 

Conclusión

Hay charlas con expertos que son como masters relámpago para quien sabe aprovecharlas. A mí me queda agradecer a Fernando Gouiran y Rodrigo Quiroga, que me tocaron con sus varitas mágicas para darme estas oportunidades casi únicas. Recordando a Borges, les diría: "Todo amor y toda amistad no son más que un justo vaivén de la aproximación y de la distancia". Por eso les digo, a Pierre y Paul: ¡hasta la próxima!  

Miscelánea restauranteur. Gioia es el nombre del restaurante italiano que tiene el Park Hyatt Palacio Duhau de Buenos Aires. Hay una mala fama que dice que en los hoteles de Buenos Aires se come no tan bien. Poco a poco esta leyenda negra va quedando atrás. El Gioia es una buena muestra. Con los fuegos en manos del joven chef Pedro Tassarolo, que ofrece una cocina italiana-italiana, con un muy buen servicio, con esa vista al jardín de la vieja mansión reciclada, y precios francamente razonables, es una experiencia que vale la pena permitirse para constatar la veracidad de este acerto. No se asuste si lee por allí que Pedro ha transitado muchos restaurantes vinculados a la cocina molecular. Nada que ver. Su buena memoria es haberse olvidado de todo eso.

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