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Merodeando por Mendoza

Una recorrida por la escena enogastronómica mendocina. 

Una recorrida por la escena enogastronómica mendocina.
Por Alejandro Maglione
amaglione@datamarkets.com.ar


Como viene el tema

Resulta que me encuentro haciendo mi viaje de estudios anual por la zona vitícola de Mendoza. Cada vez que digo esto, no pocos me miran con ojitos entrecerrados, cancheros, zumbones, con aire de sospecha de que les estoy tomando el pelo. Para los más, estar en Mendoza de visita, solo puede tener por objeto una generosa entrega a la chunga y el pitorreo. No resulta creíble viajar 1000 Km. de ida, otros tantos de vuelta, y otros tantos para merodear con mirada inquisidora, si no es que se está en viaje de placer. 

La verdad verdadera es que hacer un viaje de estudios e investigación es comprender lo que contaba Ray Bradbury que sentía al ponerse a escribir sus novelas fantásticas: sostenía que la sensación que le quedaba en los años de su vejez, a la hora de hacer el balance de su vida, era la de no haber trabajado nunca. Y explicaba que era tanto el placer que le producía escribir, que esto se contradecía con el concepto mismo de obtener el pan con el sudor de la frente. El escritor decía convencido que si estaba deprimido se ponía a escribir y la depresión le desaparecía como por arte de magia. Y si estaba en buena forma, al ponerse a escribir sentía una felicidad indescriptible. Conclusión: él pensaba que, en su caso, escribir nunca se había podido identificar con una tarea. 

Bueno, este ditirambo era para contarle que me pasa lo mismo con estos merodeos mendocinos. Imposible vivirlos como un trabajo, a pesar de que la jornada comienza muy temprano y suele terminar muy tarde, porque las últimas degustaciones y catas del final de la tarde, se siguen de una comida repleta de deliciosos platos caseros que nos hacen volver a nuestra infancia como si encarnáramos el personaje de Anton Ego en el dibujito "Ratatouille", que a todos los amantes de la cocina nos encantó, y que en una escena capital, el personaje de Ego cae conquistado por un plato justamente de ratatouille que lo retrotrae a su feliz infancia, cuando su madre le preparaba esta sencilla y sabrosa comida, típica de la cocina francesa casera. 

Una recorrida por la escena enogastronómica mendocina.
Todo con gusto a todo

Hoy comer en las casas de amigos mendocinos es encontrarse con los productos que saben a ellos mismos. Le doy un par de ejemplos: las papas tienen un olvidado y delicioso gusto a papas. ¡Los tomates! ¿Se acuerda de la fragancia y el sabor del tomate de quinta? Pues, con esto es lo que se encontrará al probar los de final de temporada que hay en este momento en las verdulerías locales. Y así puedo seguir hablándole de las peras, los duraznos, las lechugas. Todo tiene sabor a lo que son. 

Encima, si tiene la fortuna de disfrutar de la hospitalidad de Manuel y Norma Mas, ellos hacen un culto del consumo de los productos de su propia huerta, ubicada en un rincón de Finca La Anita, donde me hospedé por unos días gozando de su hospitalidad, sus vinos, de la cocina casera que hace "la" Rosa -los mendocinos le ponen artículo previo a los nombres propios-, y sobre todo, del inapreciable asesoramiento que el dueño de casa me dio en todo momento, agregando propuestas de bodegas a visitar, extendiendo su generosidad para con quienes uno podría considerar sus potenciales competidores. 

Desayunar en el alero de un rancho de adobe de 100 años, histórico por fuera pero acomodado al siglo XXI por dentro, con los viñedos y el Cordón de Plata a la vista; en mañanas frescas y escuchando el rumor de las acequias acercando el agua a los surcos donde encuentran su nutrición las cepas de Malbec, Syrah, Cabernet Sauvignon, entre otras, que terminarán siendo, gracias a la mano del hombre que auxilia a la naturaleza en su tarea, ese vino mendocino que cada vez va ganando más fama a nivel mundial. 

Primer impacto

El recorrido de bodegas me dejó ver que hay una potente y bien formada generación de enólogos e ingenieros agrónomos jóvenes, en cuyas espaldas reposan operaciones de millones de dólares. Confieso que me hicieron sentir más viejo de lo normal, ver esas caras que rondan entre los 20 y 30 años, que no temen tomar la responsabilidad de encontrar las mejores cepas para poder realizar los mejores varietales, o los tan apreciados cortes, que uno imaginaba que quedaban reservados a los experimentados profesionales nacionales y extranjeros que pululan por toda la región viñatera mendocina. 

Las listas son en general antipáticas e invariablemente incompletas, porque alguno de los que voy a nombrar, pertenecen al puñado de bodegas que tuve oportunidad de visitar en el corto tiempo que estuve, pero siento que es de justicia ir levantando esos nombres para que los amantes del vino, que todavía no lo han hecho, los vayan tomando en cuenta. Así, me impresionaron por su profesionalismo, Soledad Vargas; Gustavo Bertagna; Ana Lovaglio Balbo o Lucila Pescarmona, más orientadas a la tarea de la exportación; Federico Cassone; Julio Lasmastres; Hernán Corregoso o Alfredo Merlo. Fue bueno reencontrarme con Juan Pablo Lupiañez, que hace pocas semanas atrás fui testigo del aprecio que el dueño de una importantísima vinería porteña, mostró por su vino de garage de marca "Lupa". Ya volveré sobre ellos cuando les cuente los vinos que me hicieron probar. 

Personajes

Por salirse de lo común, dejo aparte a un joven norteamericano, Brennan Firth, que le puso a su bodega el nombre de "Cepas Elegidas", porque elige las uvas que va a elaborar surco por surco, en diferentes viñedos y obtiene así una calidad de vino, que espero que también dé que hablar en un futuro cercano. Los viñateros aceptan con simpatía esta selección, porque todo en Brennan destila un simpático aire de locura y simpatía, que pasa al respeto cuando se prueba el resultado de esta cuidada selección. 

Una recorrida por la escena enogastronómica mendocina.
 

Otro personaje que conocí visitando Antucura, fue a Juan Alvarez. Juan es mejicano, tiene dos restaurantes de comida argentina ¡en Dinamarca! Todos los años visita nuestro país, porque recorre bodegas buscando primicias, y a la vez aprovecha para conocer alguna parrilla porteña que le aporte ideas para su negocio. No contento con esto, en este viaje resolvió darse el gusto de ir a ver el partido de Racing contra Independiente. Este interesante embajador de nuestras carnes y nuestros vinos, me contó que hoy en los países nórdicos lo argentino está de última moda. Dice que sus restaurantes se llenan buscando la parrillada -algo adaptada- típica de nuestro país. Y añadió un dato sumamente interesante para la industria: en sus locales el 50% de los vinos que se piden son argentinos, y entre éstos, el 90% opta por el Malbec. 

Hablando de personajes encantadores, en mi lista aparecen Matilde Pereda y su marido Agustín Casabal, quienes no dudaron en armar sus petates e instalar un finca lindísima en el corazón de Agrelo. Jóvenes, con una sólida formación profesional ajena al vino, pertenecientes a familias porteñas de larga prosapia, llevan 10 años viviendo rodeados de viñedos, sin olvidar las hectáreas de campo bonaerense que fueron el origen de la fortuna familiar. Se los ve felices en toda la línea. Calmos, criando hijos preciosos, en un marco natural incomparable. Llenos de proyectos que van desarrollando en un cuidado paso a paso, como lo hacen con el histórico casco de la que fuera estancia de la familia Funes, y que ellos van reacondicionando para que el confort sea parte de la vida familiar en ese mundo de 18 hectáreas que han construido con un amor palpable. 

Pedido reiterado

Por favor, a quien corresponda: mejoren la identificación de lugares en las rutas nacionales, provinciales y los ejidos municipales. El mal nacional que abarca a todo nuestro territorio, son la ausencia de carteles que ayuden a ubicarse al sufrido turista que viene por las suyas en su propio automóvil. A esto se suma que los lugareños, en la mayor parte de los casos, ignoran lo que pasa más allá de un par de cuadras de sus casas. Me pasó preguntar por una bodega, en la que dos lugareñas se miraban sorprendidas, casi sin comprender de qué se les hablaba, siendo que el establecimiento estaba exactamente a 100 metros del lugar de la consulta turística. 

Conclusión

Mendoza está a las puertas de la Fiesta de la Vendimia. El año tiene todos los indicadores a favor de una cosecha récord de uva. Las desfavorables señales cambiarias, van siendo tomadas como desafíos por los bodegueros que no le temen a innovar para seguir creciendo. Quizás el llamado de la hora sea extremar la atención al mercado interno, que siempre es un refugio ante variables imposibles de manejar por los productores. Los jóvenes lo saben: el pasado ya fue; el futuro todavía no existe; lo inteligente es poner toda la atención en el presente. Los que lo entiendan no solo sobrevivirán, sino que seguirán creciendo. Los que no, se irán yendo del mercado dejando sus negocios en manos de terceros, que no crean que lo saben todo y no tienen nada nuevo que aprender. Lo que me dejó este viaje a Mendoza es una mayor comprensión de aquella frase de Borges: "Que importa el tiempo sucesivo sin en él hubo una plenitud, un éxtasis, una tarde". Gracias Norma y Manuel., ah, y no se impacienten, de vinos y bodegas, les cuento la nota que viene. 


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