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Buenos Aires: Una ciudad para nuestros árboles

Sin conocerse entre sí, pero con una misma intención, algunos porteños empezaron a organizarse para llevar adelante una acción tan sencilla como trascendente: germinar árboles, distribuirlos entre vecinos y asegurarse de que crezcan. 

Sin conocerse entre sí, pero con una misma intención, algunos porteños empezaron a organizarse para llevar adelante una acción tan sencilla como trascendente: germinar árboles, distribuirlos entre vecinos y asegurarse de que crezcan.
Por Daniela Pasik

¿Por qué, de pronto, el mundo comprende la importancia de los espacios verdes? ¿Nos estamos quedando literalmente sin oxígeno o es una nueva moda eco cool? Con un poco de las dos cosas, Buenos Aires no queda fuera de la tendencia: ya son varios los porteños que entienden que plantar un árbol no es solo embellecer una vereda o hacer un gesto de bien con el medio ambiente, sino que va acompañado de todo un contexto. Diversos grupos que van poblando de oxígeno su entorno con diferentes iniciativas tienen varios núcleos en común: son sin fines de lucro, plantan ejemplares autóctonos y buscan que alguien los cuide hasta el año de vida. Así, nuevos brotes van poblando veredas, plazas, y hasta dispersan un bosque sin fronteras. 

La patafísica es un movimiento cultural que se inició en Francia durante la segunda mitad del siglo XX. Vinculada con el surrealismo, se la podría definir como la "ciencia de las soluciones imaginarias". Desde ese lugar, el actor y dramaturgo Diego Anselmi lleva adelante un buen plan referido a los árboles, que incluso es uno de los primeros en Argentina: "Bosque disperso", una iniciativa que ya lleva 16 años. Concretamente, el reconocido patafísico local recolecta semillas, las siembra, y una vez germinadas, distribuye los plantines entre cocuradores interesados en formar parte de la acción. A partir de 2008, además, Anselmi comenzó a hacer "dispersiones públicas" como eventos anuales: va a una plaza y entrega macetas pequeñas a cualquier interesado en criar un árbol, previa firma de un certificado donde consta el nombre del ejemplar, el del cocurador, la fecha de su dispersión y la firma como compromiso. 

"Es un proyecto forestal colectivo que, en su filiación patafísica, se presenta como "solución imaginaria" a la disolución de los bosques; en términos estrictos, dispersar la idea de bosque y hacerlo posible allí donde el bosque se vuelve imposible", explica Anselmi. 

"Un árbol para mi vereda" es la iniciativa más nueva y, como su nombre lo indica, consiste en plantar árboles en las veredas de la ciudad, aprovechando los canteros vacíos que ya existen. "Plantamos a pedido y solamente si el vecino se compromete a cuidarlo hasta que el ejemplar sea autosuficiente, lo que ocurre al año, en general. Puede ser en la puerta de su casa, en la esquina, o a la vuelta. Donde haya un cantero que alguien quiera y pueda apadrinar", cuenta Lisandro Grané, que lleva adelante este proyecto desde el año pasado, cuando nació su primer hijo y comenzó a tomar conciencia del creciente deterioro ambiental del mundo que él iba a heredar. 

La Dirección General de Espacios Verdes de la ciudad le ofrece a quien quiera plantar un árbol una regulación simple que indica el tipo de ejemplar adecuado para los distintos tamaños de veredas, pero no mucho más. Grané y más amigos y vecinos comenzaron a experimentar en sus casas con semillas y germinaciones, y ahora están creciendo árboles en sus barrios, que por el momento son Parque Chas, Villa Ortúzar, Villa Crespo, Belgrano, Saavedra, Villa Martelli, Munro y San Isidro. 

"Recogemos los frutos, germinamos las semillas y los criamos en nuestros patios y terrazas o en espacios comunitarios. Usamos un compost que también hacemos a partir de los desechos de origen vegetal. Reciclamos botellas PET para fabricar las macetas y contenedores de distintos tamaños. Y a los vecinos que solicitan un árbol para su vereda les proponemos un intercambio, que puede ser un bien o un servicio favorable a los objetivos del proyecto, como macetas en desuso, tierra fértil, semillas, o cuidar diez plantines durante un tiempo", explica Grané. 

Lucas Oliveira lleva adelante desde hace varios años la Funesiana, un pequeño gran proyecto editorial -artesanal, independiente y repleto de fe- que publica todo tipo de autores, nuevos o con carrera. Cada libro impreso tiene que ver con un árbol talado, y eso es algo que este proyecto comenzó a tener en cuenta hace un tiempo. 

Ahora, además de ofrecer los libros para descargar gratuitamente desde su blog en diversos formatos y de hacer "print on demand", la editorial se propone, junto con sus autores, devolver un árbol al mundo por cada título publicado. "Después de dar vida a sus siete hijos y no quedándose satisfecho todavía, mi papá comenzó a poner su libido creadora en los robles, los pinos, los álamos y otras especies arbóreas. En su terraza, hay más de cuarenta arbolitos pequeños, brotes nuevos, macetas con tierra y semillas que, con un trabajo de locos, riega cada mañana y cada noche para simplemente regalar a quien le jure que lo plantará y cuidará. Ese gesto de hacer árboles para que sigamos imprimiendo libros me hace quererlo todavía más", cuenta Leticia Martín, autora de la Funesiana, que, además de ser parte del proyecto de plantado, sumó a su padre, Omar, que va a donar algunos plantines y ser asesor de la nueva iniciativa de la editorial. 


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