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Martín Sabbatella, el progre del conurbano

Trajes sobrios y barba que salva su rostro aniñado, el hombre que está al frente del 7D supo ser el Barón Blanco del Conurbano y ahora está en el centro del kirchnerismo. 

Trajes sobrios y barba que salva su rostro aniñado, el hombre que está al frente del 7D supo ser el Barón Blanco del Conurbano y ahora está en el centro del kirchnerismo.
Por Diego Vecino
@contrarreforma


Martincito "el bebe" dice Wikipedia es -dice Wikipedia- un "político argentino", una definición demasiado prosaica y adusta para este gran ídolo nacional. 

Aún más ídolo en estos tiempos, designado al frente de la hipermediática AFSCA, luego de ser relativamente ninguneado por la monstruosa maquinaria electoral del kirchnerismo y motivo de desconfianza tanto por la cúpula como por las bases del gran movimiento nacional y popular. Y digo desconfianza por una razón de peso: su perfil progresista, prolijo, bañado y perfumado, su estilo medido, su capacidad de enunciar ideas con absoluta claridad y buen vocabulario, su fama de transparente nunca terminaron de cuajar estrictamente con su posición pública de kirchnerista bancador, y menos que menos con su pasado de intendente de uno de los distritos más poblados del conurbano, Morón, tierra de los famosos "putos de Morón", según entonan las hinchadas del ascenso todos los sábados de sol. 

Sabbatella es el famoso Barón Blanco del Conurbano. Y lo fue por diez años, entre 1999 y 2009, construyendo un enclave de resistencia en el corazón del far west al poder del "peronismo tradicional". Como si fuese nuestro Asterix, su pócima mágica es la insulsa pero no menor honestidad. 

Algunos, los más maliciosos, dicen que es un gordito naif, y no hay manera de sacarlos de ahí. Sin embargo, su reciente designación como potencial verdugo del Grupo Clarín tras el mentado 7D, como capo de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, le otorga a nuestro Martín un espesor particular.  

Trajes sobrios y barba que salva su rostro aniñado, el hombre que está al frente del 7D supo ser el Barón Blanco del Conurbano y ahora está en el centro del kirchnerismo.
Lo primero que debe ser dicho es que se trata de esos tipos de 40 años que parecen de 20. Aura eterna de juventud, la política dura del conurbano no ha hecho mella sobre el rostro del ex diputado. Distinto es su escaso pelo. No podemos decir que las preocupaciones de la gestión lo están haciendo quedarse pelado básicamente porque tenemos la sensación de que Sabbatella nació así, exactamente igual a como es ahora.

Sabbatella es un tipo sobrio, que no varía mucho los colores ni se pone otra cosa que no sea un estricto traje. Anda en la gama de los celestes y violetas, como corresponde a un progre hecho y derecho y, en general, aparece poco sin corbata, únicamente cuando debe demostrar cercanía con la gente en inauguraciones y actos territoriales, gesto pobre que no termina de emparentarlo con la masa sudorosa de la patria. 

Pero debería andar un poco más sin corbata, porque su redondez facial se exagera sobre el pesado nudo que cierra el cuello de la camisa. Ha sabido tener mejores épocas, eso lo reconocemos, y a veces lo ves por la tele y te da la impresión de que su enjuto cráneo de piñata va a explotar, desparramando dulces y juguetitos de plástico.

Petiso y rechoncho, sin embargo, Sabbatella sabe vestir su cuerpo con la dignidad de los políticos austeros. Sin estridencias, pero sorteando el look contador, el Bebe rehúye de los dos paradigmas opuestos de la moda política: el deforme que se tira encima un traje de tres mil dólares (este es Duhalde) o el alto, espigado, que sin embargo usa ropa de 50 pesos (Luis Zamora). 

Una de las cosas que más le banco a Sabbatella es la barba. Hiperprolija y como con capas; a los costados más onda Lorenzo Lamas, la típica barba de tres días, que en el frente se transforma en una porción hecha y derecha de esculpido vello facial. Vello facial que no dice ni "soy descuidado" ni "veo cine iraní", sino que transmite que le gusta llevarlo así y listo. Pero, fundamentalmente, banco la barba de Sabbatella porque si no la tuviese sería un desastre, un hombre con facciones aniñadas al que las ancianas le agarrarían los cachetes impostando el tono de voz con el que les hablan a sus mascotas.


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