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Casas de arquitectos: en busca del hogar perfecto

¿Qué pasa cuando los que diseñan casas tienen que hacerlo para ellos mismos? Experimentos y caprichos de los arquitectos del momento. 

Por Paula Mariasch
Fotos de Vera Rosemberg


¿Qué pasa cuando los que diseñan casas tienen que hacerlo para ellos mismos? Experimentos y caprichos de los arquitectos del momento.
Paula Mariñansky, Camilo Policastro y la obra de Clorindo Testa

Paula y Camilo son arquitectos y viven con sus dos hijas en una casa con patios, puentes y toboganes. Mientras buscaban un terreno, encontraron una casa para refaccionar que había construido el consagrado arquitecto Clorindo Testa en 1972. Y se animaron. 

¿Qué pasa cuando los que diseñan casas tienen que hacerlo para ellos mismos? Experimentos y caprichos de los arquitectos del momento.
 

Juntos o separados
Los diferentes ambientes de la planta baja están separados por patios que forman parte de un gran espacio integrado. El resultado es un ambiente continuo, con verde y aire en el medio, muchos "lugarcitos" y casi ninguna puerta. "Antes también vivíamos en un lugar con ambientes integrados, pero con la llegada de Margarita (6) y Juana (3), nos dimos cuenta de que eso no nos era funcional, por lo que acá decidimos, con mínimas intervenciones, como los patios -unos preexistentes y otros no-, algunos muebles y una enorme puerta corrediza que permite separar la cocina, generar divisiones y obtener lo mejor de dos mundos: si querés tenés todo integrado y si querés te aislás", cuenta Camilo. 

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Elegantemente brutal
Muy al estilo de Testa, las terminaciones son brutalistas, como los techos de hormigón a la vista. "Quisimos compensar eso con muebles, pisos y aberturas de madera finos que le dieran calidez al lugar; una especie de cirugía respetando la estructura original y exacerbando las intenciones que ya tenía la casa. La intervención principal consistió en agregar un piso más para nuestra suite que da a la calle, siguiendo la intención de una casa que se va 'derramando' hacia el jardín. Tratamos de que todo se mimetizara un poco con el proyecto original".  

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Las sorpresas
La casa, que es alta sobre la calle y se va aterrazando hacia el fondo, culmina en un estudio casi enterrado como remate del jardín: "Cuando trabajamos, los ojos están a la altura del pasto. Además, podés sentirte fuera de tu casa pero seguís estando ahí. Puedo atravesar el jardín, visitar a mis hijas un rato y volver a trabajar. En las terrazas, hay pasarelas en distintos niveles y las chicas corretean tipo Moebius como en un laberinto en donde van descubriendo recovecos y pisos inclinados que usan de tobogán".  

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La presión y el desafío
"Más allá de la carga de estar interviniendo una obra de Clorindo Testa, justo por esa época habían demolido la famosa 'Casa Di Tella', un ícono de la arquitectura también proyectada por él, y eso, paradójicamente, nos quitó mucha presión. También queríamos que fuera nuestra casa: 'OK, Clorindo, la respetaremos todo lo que podamos, pero vamos a hacer lo que queramos porque es nuestra casa".  

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Dibujar en las paredes
"Al tratarse de una casa preexistente y al hacer uno mismo la obra, la casa nos fue 'hablando', así que no necesitamos hacer planos rigurosos: la mayoría fueron dibujos en un cuaderno a mano alzada o incluso sobre las paredes. Lo que me impresionó fue ver los planos originales de Clorindo y descubrir lo elaborado y documentado que estaba todo. Por ejemplo, se pensaron las pasarelas de las terrazas como una cuestión espacial y de recorrido, pero también como una estructura para poder limpiar los vidrios".  

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Ser cliente y paciente
"Hacer mi propia casa me ayudó a entender a los clientes y la angustia que sienten al estar poniendo todos sus esfuerzos, ahorros y expectativas en algo que lleva un proceso largo. Yo también sentí eso. De todos modos, nosotros quisimos disfrutar ese proceso de la obra, y nos lo tomamos con tranquilidad, intentando no resignar nada aunque tuviera que ir haciéndose de a poco. Por otra parte, Paula y yo ya tenemos una gimnasia como socios: nos dividimos las tareas; uno se ocupa de algo y el otro lo apuntala. Entonces, trabajar juntos nos funcionó".  

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Ana Rascovsky y el sueño de la casa en el árbol

Ana duerme y se despierta rodeada de naturaleza y, si pudiera elegir, viviría en la selva. Pero como lo hace en Buenos Aires, al menos cumplió su deseo de construirse la casa en el árbol. Allí vive con su marido, Iván, y con sus dos hijos, Simona y Antón. 

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Cada estación, un color
La casa es un gran dúplex en un edificio que ella proyectó, con una particularidad: está tapizado de plantas. La cortina de vegetación, además de proteger del sol, funciona como un jardín vertical y transforma en naturaleza una obra de arquitectura. Es un edificio que cambia con las estaciones y que tiene, por donde se lo mire, su marca personal: hay experimentos con muebles de cartón, un jacuzzi que se animó a instalar en el balcón terraza (al que también le puso pasto), una hamaca que cuelga de la pérgola de cañas y una chimenea que preside el living.  

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No convencional
"No me gusta gastar plata en todas las partes de la casa. Prefiero diseños caros y materiales baratos, y este edificio representa una especie de statement que a mí me interesa. Hago las cosas con plantas porque las plantas están ahí y crecen: aprovecho lo que hay. Requiere más mantenimiento, pero una vez que arrancó, te puede durar mucho más que una cortina de enrollar. La caña con la que está hecha la pérgola del jardín, que resiste casi como el hierro, es otro ejemplo. El sistema de la fachada lo pude probar por tratarse de mi propia casa, aunque ahora lo pensaría dos veces antes de volver a hacerlo, porque es como para alguien 'especial', ya que implica estar pendiente de las plantas, de la cantidad de tierra, etcétera. Algunos vecinos las sacaron y pusieron macetas comunes sobre los maceteros", cuenta Ana. 

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Conejillo de Indias
"Mis casas (esta es la segunda que se construye) son mis conejillos de Indias, porque puedo probar cosas. Hacer tu propia casa es difícil porque conocés todos los pros y los contras. Yo dudo hasta el final, y, al mismo tiempo, hacés lo que querés: no hay límites y no le tenés que explicar nada a nadie". Su cliente más exigente, cuenta, fue Iván, su marido, uno de los desarrolladores del edificio: "Pretendía mucho rigor en los detalles de terminación, en que las cosas quedaran absolutamente prolijas, como los bordes de la madera de los muebles o del piso; miraba todo como con una lupa, y eran cosas sobre las que yo, sólo por ser mi propia casa, hacía la vista gorda. Algo que generó mucha pelea fue que él quería poner un proyector en el techo y, a causa de un tema no previsto que había con los cables de electricidad, hubo que picar y arreglar. Finalmente, el proyector lo colocó dos años después. Igual, como pareja nos llevamos bastante bien diseñando. Había una intimidad que no tenés con el cliente, y discutir cuestiones del proyecto a fondo con él fue algo que aportó".  

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Proyectar la familia
El living de la casa continúa en el espacio exterior del balcón terraza, con pasto y un jacuzzi que Simona, de 5 años, llena de burbujas cuando vienen sus amigos. Se divierten, pero también pisan con tierra húmeda el interior de la casa, algo que, evidentemente, no había sido previsto en el proyecto, y entonces lograron que los chicos se apropiaran de la azotea para correr y mojarse con una manguera. Ahora Ana está esperando su tercer hijo y planean hacer una ampliación en la terraza: esperan que el proyecto les permita conservar un sector exterior allá arriba, para no volver al barro en el living. 

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Ana no duerme
"Creo en mi casa como una carta de presentación, pero pasaron seis años y muchas experiencias desde que hice este proyecto, por lo que tal vez hoy me represente menos que antes. Ahora me dan ganas de seguir probando otras cosas, como trabajar con placas de durlock, que es un material muy denostado por el mercado inmobiliario, pero que, bien usado, puede generar cosas muy interesantes".  

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Andrés Gómez, entre lo rústico y lo perfecto

Andrés es uruguayo y en su casa ahora suena de fondo Fernando Cabrera. Vino de Montevideo con Paulina hace cinco años y en Buenos Aires tuvieron a Pola, hace dos. Viven en un departamento en un pasaje de Palermo Viejo: un dúplex en un edificio de tres unidades que proyectó con sus socios del Estudio AFRa. 

Menos es más
"Mi criterio es recurrir a los mínimos recursos para cada parte que conforma la obra. Intentamos condensar en un mismo elemento la mayor cantidad de funciones. Por ejemplo, la estructura es de hormigón a la vista y, además de sostener el edificio, resuelve también las paredes exteriores (se ahorra en mano de obra y en materiales, ya que el ladrillo necesitaría un revestimiento, y el hormigón no). Lo mismo pasa con los techos y los pisos: hay gente a la que le gusta toda la estructura 'escondida' y prolija, y nosotros los dejamos a la vista, aunque tenga algo de rústico. En la misma línea, en la fachada nos interesó explorar con algo que no fuera una reja convencional que te haga sentir encerrado y que resulte hostil hacia el espacio público, entonces elaboramos una chapa gigante con miles de pequeños agujeritos: desde fuera no te ven y a vos te entra la luz igual".  

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Espacio integrado
Los muros de hormigón son el lenguaje que eligieron hacia fuera: adentro, no hay paredes y está todo integrado, excepto por las escaleras que separan los tres pisos. "Eso está bueno porque el lugar parece más grande de lo que es, pero, claro, Pola y sus juguetes se apropian de todo el espacio y se mezclan muñecas, platos y carpetas de trabajo. Otra contra es que nosotros solemos recibir visitas de Uruguay, y cuando se quedan, no hay privacidad. Sin embargo, el hecho de tener dos pisos nos da la posibilidad de lograr intimidad y de cambiar de situación: si te hartás del desorden (o de la compañía), bajás al dormitorio o subís a la terraza".  

Encontrar el equilibrio
Sobre el piso de cemento alisado hay varias muñecas y un elegante sillón BKF. A pesar de la rusticidad de los materiales principales, la casa de Andrés es cálida. "Elegimos usar madera para los ventanales y el deck del balcón terraza para compensar lo 'frío' del resto de los materiales. Creo que uno puede sacrificar una imperfección si después pone al lado un objeto o mueble muy bien diseñado y terminado. Es como vestirse con un jean gastado y una camisa nueva". Uno como cliente 

"Al ser tu propio cliente, tenés que hacer lo mismo que con cualquier otro: convencerte de que lo que vos sugerís es lo mejor. En el caso de mi casa, no tuve contradicciones y creo que representa muchas de las cosas que pienso de la arquitectura". Paulina, su mujer, como usuaria es un poco más crítica, aunque sólo en algunos detalles, como el lugar en donde está la tecla para encender la luz del baño o la calidad del ventanal de madera, que a veces se traba. Andrés, en ese caso, prefirió la calidez de la madera a la infalibilidad del aluminio. Ahora, Pola también es parte de las decisiones: en el hueco de la escalera no hay baranda, ese fue otro tema que había que resolver. "No quise poner una baranda convencional, así que armé una biblioteca que hace de límite, y en sus extremos se esconden dos puertitas corredizas de seguridad para Pola".  

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Asumir riesgos
Lo que puede permitirse Andrés al construir su propia casa, y que no siempre puede hacer en casas ajenas, es experimentar. Utilizar el hormigón como estructura y cerramiento es un ejemplo. "Si lo hiciera para un cliente, estaría noches sin dormir a ver si cada vez que llueve me llama porque le entró humedad, pero en este caso el cliente soy yo y así lo hicimos, y pude comprobar que funciona perfectamente. Ante los problemas, te amargás como cualquier cliente, o aún más porque sabés que sos el responsable de solucionarlo, y no podés llamar a nadie para quejarte y que te lo vengan a resolver".  

Uno y su obra
"Con una obra siempre hay un vínculo, pero no se cierra en sí mismo; soy mucho más que lo que hago y más que un arquitecto. Pensarlo así es una forma de humanizar el proyecto. Lo que más me interesa es poder pasar dentro de veinte años y decir: '¡Qué bueno que en su momento pude hacer eso!'. De todos modos, uno siempre sigue repensando cómo podría haber sido mejor. La obra se termina, pero el proyecto no".  

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Max y su parra

Max Zolkwer, Natalia y sus dos hijas comen uvas y preparan niños envueltos gracias a la parra de su propia casa, un PH en Almagro. Son dos pisos alrededor de un patio. "Originalmente, había dos parras que descansaban sobre una estructura de alambres que cubría todo el patio a la altura del primer piso. Como parte de mi familia es de origen árabe, de chico comía hojitas de parra que cocinaba mi tía Esther. Nos pasó la receta y aprendimos a hacerlas, por eso tener nuestra parra nos parecía valioso". Max armó, entonces, lo que él llama "un jardín de cemento", con una estructura de siete metros de altura que sirvió para que la parra se transformara en un jardín vertical que envuelve el espacio exterior de la casa sin tapar la luz, y en verano arroja sombra sobre la parrilla y tapa la medianera. Además de ser la vista desde cualquier lugar de la casa, es el leitmotiv de la obra. "De esta manera, creamos nuestro propio paisaje", dice. 

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Prioridades
"En cualquier obra que haga, siempre pienso que hay que elegir en qué se va a gastar la plata. Eso implica que hay una serie de cosas que tendrán que ser lo más estándar posible para que lo que considerás más importante quede dentro del presupuesto. Yo invertí en confort con un buen sistema de calefacción, en ventanas de buena calidad y en la estructura para la parra, que no fue muy cara pero era un gasto prescindible, y le otorga carácter a la casa. Algo importante para mí es hacer, en el momento de la obra, todas las cosas que no se pueden hacer después. Igual, siempre te falta algo, pero si hay cosas que se van a hacer mal o con poca ambición la primera vez, y después no se van a poder arreglar, prefiero no hacerlas".  

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Objetos encontrados
"Me divierto ensayando con materiales estándares, utilizándolos para fines distintos de los que fueron creados". Debajo de la enorme cantidad de juguetes de Antonia, hay un piso hecho de tableros de fenólico, de los que se usan para los moldes del hormigón en las obras. Es barato y, como cualquier madera, le da calidez al gran ambiente de estar. Los muebles del comedor también son del mismo fenólico y diseñados por Max, y conviven con otros "objets trouvés", como una puerta hecha mesa ratona.  

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Trabajo de laboratorio
Max no piensa en manifiestos, sino que trabaja sobre la base de estrategias para resolver problemas. "El diseño termina siendo una consecuencia de las pautas que voy descubriendo a partir de estrategias posibles, por lo cual intento no darles forma a las cosas antes de pensarlas". En ese sentido, su oficina es una suerte de laboratorio en donde no hay límites para la experimentación. "Cuando el cliente soy yo, llevo esto a su máxima expresión. En mi casa, por ejemplo, aprovechamos una serie de desniveles que ya había para poner un jacuzzi y un deck, con un mecanismo que hace que puedas mover unas partes y tapar el jacuzzi cuando no lo usás, o usar esas partes como mesas bajas. Son experimentos que te sirven para saber cómo funcionan las cosas e inventarte mecanismos. Claro que implica tener tiempo para desarrollarlos y ahí asumís el riesgo vos mismo. Tal vez con un cliente es más difícil contar con ese tiempo para experimentar. En tu propia casa, hay cosas que las podés diseñar ya viviendo; se termina con el uso: la casa no es la obra de un arquitecto, es la obra del arquitecto y de la gente que vive ahí".  

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