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Jorge Lanata: el último fumador trendy

Conduce el programa periodístico más exitoso del momento y cosecha nuevos aliados, pero también nuevos enemigos. La evolución estilística del último héroe progresista. 

Conduce el programa periodístico más exitoso del momento y cosecha nuevos aliados, pero también nuevos enemigos. La evolución estilística del último héroe progresista.
Por Diego Vecino
@contrarreforma


En estos tiempos de agitación moral, frío polar y fantasías dolarizadas, se presentó con imperiosa urgencia la necesidad de volver con esta pequeña y frívola columna que comentó durante el tiempo que duró la última campaña electoral: los rights y los wrongs en el vestuario de los candidatos a presidente. Esta vez decidimos extenderla al más general mundo del jet-set nacional y popular. ¿Por qué? Bueno, porque la política y la farándula son cosas que, en estos agitados tiempos de shows de TV y pelotudeo virtual, se entremezclan y se funden hasta terminar siendo casi la misma cosa. Si Slavoj Zizek puede conceptualizar la trinidad política, económica y filosófica europea según la forma en que los ingleses, los franceses y los alemanes construyeron sus inodoros, bien puedo yo tirar fruta sobre el vestuario de los periodistas, gremialistas y conductores de programas de chimento de este país, qué onda.  

Así que bien, para la reinauguración de este pequeño reducto de sociología blanda, elegimos a uno de los tipos que mejor representa el link inestable entre política y showbiz: el histriónico Jorge Lanata.  

Su caso es interesante, porque sus diversos cambios de look acompañaron su posicionamiento como luminaria de la intelectualidad de playón de estacionamiento. A principios de los 90, su estilo era berreta, chillón y descuidado, muy en sintonía con la imagen que debe dar un trabajador de las ideas: sensible, brillante y enfant terrible del nuevo periodismo que desprecia la preocupación por la ropa como un gesto de gente mediocre. Paradójicamente, fue como fruto de este parecer tan propio de la ideología progresista que Lanata cultivó los rasgos más sobresalientes de su corporalidad exuberante: el pucho y la obesidad.  

Y digo paradójicamente porque hoy en día ambas características constituyen el centro de su transformación en un ícono de cierto estilo de elegancia intelectual, retro y sofisticada a la vez, opulenta y poco convencional, que acompañó de manera perfecta su reinvención cómo último adalid contra la "diktadura" y figura central de la oposición mediática al kirchnerismo. Un estilo al que, por cierto, podríamos llamar Palermo Mature, que valora no un modelo estético de perfección rígida sino las pequeñas desviaciones de la personalidad "al natural", incorporando las maneras exóticas de la fealdad como beauty model.  

En este sentido, podemos decir que sin cambiar casi nada, Lanata ha acompañado y aprovechado ese salto de estetización de la fealdad y lo viejo como una nueva norma canchera: de la sensibilidad progresista deslucida y zaparrastrosa al show tinellizante de su programa Periodismo para todos, hay un salto cualitativo que es fundamentalmente de vestuario. Ayer, abúlico y populista; hoy, el Eliot Ness del antikirchnerismo en las gráficas de la marca Bolivia. 

Conduce el programa periodístico más exitoso del momento y cosecha nuevos aliados, pero también nuevos enemigos. La evolución estilística del último héroe progresista.
Los anteojos

Cancheros, cancherísimos, Jorge Lanata luce unas gafas de acetato vintage re de moda que le transplantan por el arte de la magia simbólica el aura de la vieja intelectualidad militante, comprometida y de investigación. Concretamente, resuena en ese marco negro el espíritu del gran prócer del periodismo nacional, Rodolfo Walsh, al que todos invocan sin distinción de sexo, color o rol político. Son los mismos anteojos, pero diseñados con las patillas gruesas, seguro que de una marca carísima. Onda compromiso social: 8 sobre 10. 

La barba

Crecida pero recortada, entrecana para dar la sensación de que la sabiduría acontece con los años y la experiencia, y para otorgar un toque de desprolijidad controlada. Hace un buen juego con su típico corte de pelo onda media americana que resalta las bondades de su cráneo un poco ovalado, muy característico. Sensación de rebel thinking: 7 sobre 10. 

El traje

Impecable todo. La corbata, de lejos, parece medio mantel, pero de cerca te das cuenta de que en realidad tiene una trama muy linda de rojo y azul que va joya con la camisa apenas rose y el traje de silver surfer. En este caso, tenemos un Lanata diurno, casi primaveral, distinto, pero en línea con el showman de la nocturnidad dominguera que funciona sobre los tierra y los bordó. Por eso le falta el chaleco, su chaleco característico, que también completa su imagen retro sesentas cuando conduce PPT y que, aunque no lo tengamos en esta foto, debemos destacar. Elegancia posmodernista: 10 sobre 10. 

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