Siempre habrá un argentino ahí para pasarte el dato que no te puede faltar.
A cien kilómetros al sudeste de París comienza la región de Champagne. Pequeños pueblos de no más de trescientos habitantes están diseminados por un paisaje con lomas, campos cultivados y viñas. Cerca está el río Sena que, a diferencia de lo que ocurre en París, aquí es totalmente salvaje. Todo es verde. Se puede pescar o tomar clases de pesca con guías provistos de barcas tradicionales. Hay muchos animales como jabalíes, ciervos, zorros y faisanes que con un poco de paciencia pueden ser observados. En verano se puede ir a tomar sol y refrescarse en las pequeñas playas de arena que bordean el río. Los pueblitos en el valle tienen iglesias en piedra del siglo XII y también hay un circuito de megalitos, esas grandes piedras de las que tanto oímos hablar en la escuela y de las que sabemos muy poco.
Tel Aviv es el centro laico de Israel. Múltiple es el adjetivo que la define: multicultural, multicolor, multiforme. En un autobús es frecuente viajar junto a un etíope, un árabe, un judío ortodoxo y un oficinista, mientras una rusa y un francés hablan por sus respectivos teléfonos celulares. Las modernas y transitadas calles centrales Dizengoff y Ben Yehuda están rodeadas de altas y vidriadas torres que se encuentran a pocos metros del tranquilo Mediterráneo y muy cerca de Yafo, la romántica localidad portuaria de callejuelas de adoquines y faros amarrillos, detenida en el tiempo. Los potentes rayos de sol que le dan brillo a la ciudad durante casi todos los días del año, en la noche se truecan por la luz artificial de sus miles de faros, marquesinas y carteles, que le dan vida a noches siempre cálidas. Allí, en el bulevard Rothschild, es posible deleitar un aromático café rodeado de los burgueses bohemios que pueblan sus mesas. Enfrente, las carpas de los "indignados", recuerdan que toda esta belleza es también producto del mal pagado trabajo de cientos de miles.
¿Schwebebahn? "¿Qué es eso y cómo se pronuncia?", pensé cuando llegué a Wuppertal, una ciudad enclavada en el antiguo corazón industrial alemán. "Es un tren que va sostenido por una infraestructura de hierro verde tipo araña", me dijeron. Sin duda, el tren colgante es una atracción típica de esta ciudad, una expresión del arte industrial de la región. Subirse a este pequeño móvil retro-futurista tiene un encanto especial. Es como volar en un tren sin alas que pendula suavemente y avanza cruzando puentes, siguiendo la naturaleza y el río. Es un lindo refugio para encontrarse con amigos a tomar café o para disfrutar de una buena cerveza -acá no está prohibido tomar alcohol en el espacio público- con amigos o con tu mascota -¡los perros no pagan!- haciendo el recorrido entero, ida y vuelta.
Es una experiencia bien diferente y un favorito que recomiendo muchísimo a los que visiten la zona de Dortmund, Düsseldorf o Colonia, todas ciudades a pasitos de la gran Wuppertal.
Verter el Punt e Mes en un vaso de trago largo con... ver +
Encontrá más tragos en nuestra barra