Cuál es el origen de nuestra afición por los beneficios a nuestra salud. La historia de las termas de SanPellegrino y el mercado argentino de agua embotellada
Son muchos los científicos que piensan que el nombre de nuestro planeta debería mutar de Tierra por Agua. El 74% de la superficie de nuestro globo azul es agua. Solo el Océano Pacífico tiene una superficie mayor que todos los continentes reunidos.
Yu Hui Tseng, uno de los maestros del té de mayor reconocimiento mundial dice: "Probar el agua significa descubrir aquello que se esconde dentro de su transparencia: una historia, unos paisajes, el aroma de una fruta, de una hoja, el perfume de una piedra mojada bajo el sol de verano, una caricia sedosa, el ruido cristalino de la corriente que se abre camino.".
Otro tanto podríamos decir del hombre, compuesto en un 65% de agua. Tanto dependemos del agua, que se sabe que podemos vivir semanas sin comer, pero un puñado de días, apenas, sin agua. En cada una de nuestros mil millones de células hay agua. Necesitamos diariamente 35 gramos de agua por cada kilogramo de peso que tenemos, y esta proporción aumenta de 3 a 5 veces cuando de niños se trata.
Se calcula que el agua que precipita diariamente en forma de lluvia ronda unas 150 toneladas por habitante de la Tierra. Los hombres nos ocupamos de consumir 10 litros para el proceso de 1 litro de petróleo; 1 litro de alcohol necesita de 100 litros de agua; una tonelada de papel necesita 250.000 litros de agua, por citar unos pocos ejemplos. De todas formas, el 70% del consumo de agua lo tiene la agricultura en su conjunto.
Se calcula que fue en el siglo XVII que se comenzó a hablar del valor de los minerales para el cuerpo humano. Llegué a escuchar a mi madre contar acerca de cuando, con sus padres, viviendo en Francia, hacían "estaciones de agua". Una suerte de cortas vacaciones, en lugares precisos, donde se ofrecían, con cuidado médico, dietas en base a aguas que contenían diferentes minerales, y que lógicamente ayudaban a desintoxicar el cuerpo. Yo mismo estuve en Francia probando en una fuente circular, de la que emergían distintas canillas, con cartelitos que indicaban la particularidad del agua que emanaba de cada una de ellas.
Como pocas, el agua mineral muestra esa interacción entre los entornos subterráneos, terrestres y aéreos. Si un acuífero subterráneo se agotara, harían falta 10.000 años de trabajo de la Naturaleza para reponerlo.
Esta debe ser de las aguas más conocidas en el mundo y uno de los buenos ejemplos para recordar que el agua mineral es una bebida con historia. Sus fuentes se localizan en la provincia de Bérgamo en Italia. Esa Italia que se dice que es una bota que flota sobre agua mineral, por la cantidad de fuentes con que cuenta. Leonardo da Vinci cuenta que en 1509 viajó al valle de Brembo para beber el "agua milagrosa", y eso que por entonces llegar hasta allí era una tarea casi titánica.
Esta fuente de Juvencia ya se conocía en el siglo XII, quedando conectada con el mundo civilizado cuando los austríacos, tras la creación del reino Lombardía -Véneto, hicieran una carretera sobre la antigua Via Véneto. Corría el año 1824. Las cosas mejoraron aún más para San Pellegrino Terme, cuando en 1906 la conexión con el mundo fue más eficiente por la llegada del ferrocarril.
Es aquí, a 1.300 metros de altura que comienza el descenso de las aguas que alimentaran las fuentes. Los suelos que atraviesa el agua en su descenso de 1000 metros son rocas compuestas por un carbonado doble de calcio y magnesio. Comparando análisis que se hicieron en 1782 sorprende que tanto su composición como temperatura hayan permanecido inalteradas.
Sus fans destacan que fue de las primeras en incorporar dióxido de carbono natural, produciendo el "milagro del gas", como le decían hace 100 años atrás. Aseguran que esta agua proporciona durante una comida opípara ligereza al organismo, refina el sabor de las grasas y prolonga el gusto. A mi se me ocurrió recordar que el vino es 90% agua.
En 1899 la fuente fue adquirida por la Sociedad Anónima de las Termas de San Pellegrino. De inmediato se comenzó la construcción de una estación termal, siguiendo los lineamientos del estilo "Liberty", que fue concluida 6 años después. Luego vendría el Grand Hotel y el Grand Casino, siguiendo un estilo Art Nouveau, que en estado impecable, al visitarlos se produce una regresión a Novecento de la Bèlle Epoque.
Estos edificios vinieron a reemplazar las rudimentarias construcciones que hizo su antiguo vecino, Pellegrino Foppoli, allá en 1760. Esa casa termal fue una novedosa fuente de ingresos para Don Pellegrino.
A lo saludable de sus fuentes, el lugar comenzó a convocar a amantes de las artes, entre las que descollaba la música. En julio de 1905 recibió la visita consagratoria de la reina Margarita de Saboya, atraída por su balneario. Entonces, las botellas de esta agua casi milagrosa, ya estaban presentes en toda Europa y más allá. El desfile de reyes, aristócratas, primeros ministros y nuevos ricos fue incesante.
El genial Federico Fellini usó las instalaciones del Grand Casino para filmar a su esposa en julio de 1964 protagonizando Julieta de los Espíritus. Giulietta Masina es vista en el film deambulando por los salones construidos por el arquitecto Romolo Squadrelli. Así los espíritus que la atormentan se pasean por la decoración donde descuella el mármol rojo de Verona.
Fue un justo homenaje a un ámbito que quedó vacío de contenido cuando en 1917 el gobierno italiano prohibió el juego.
San Pellegrino no puedo escapar a los ires y venires de una Europa atormentada por cambios constantes originados en el devenir de los tiempos y la ocurrencia de guerras devastadoras. No obstante, hoy luce todo su esplendor, habiendo incorporado un moderno spa donde estaba la antigua planta de embotellado.
Podemos decir que por casa andamos bien. Nuestros Andes -entre otras regiones del país- con sus glaciares y los ríos subterráneos que se forman a partir de éstos, nos tienen acostumbrados a una oferta de calidad a nivel internacional. No obstante, en general, nuestras aguas minerales son consumidas en el país. Estoy seguro que encontrarían gran aceptación si resolvieran venderse en el exterior.
Sin ir más lejos, Andrés Rosberg, Presidente de la Asociación Argentina de Sommeliers, me contó que hace un par de semanas fueron invitados a Chile, con nuestra Paz Levinson, para participar de una cata de aguas minerales organizada por su colega transandino, Marcelo Pino. Se llevaron 25 muestras de nuestro país y de entre ellas prefirieron a Eco de los Andes, producida en Tunuyán, Mendoza, como la preferida de los expertos. Parece que don Pino hará con esto una guía de aguas minerales. Suena interesante.
A tomar agua, sabiendo que debe elegir aquellas que no interfieran en su buen estado de salud. Recuerdo que las que contienen muchas sales minerales pueden afectar a los que tenemos la presión alta. Dicho lo cual, recuerde la oda de Jorge Luis Borges: "Que yo, la gota, hable contigo, el río,/ Que yo, el instante, hable contigo, el tiempo,/ Y que el íntimo diálogo recurra, /Como es de uso, a los ritos y a la sombra/ Que aman los dioses y el pudor del verso". ¡Que sed que me ha dado!
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