El placer de beber al aire libre, y de maridar un cocktail con un cigarrillo, por ejemplo, se inaugura con la llegada de las noches calidas.
Beber un trago al aire libre produce un placer único, distinto. Un placer que se enmarca, claro, en sentir el fresco del aire nocturno, en la posibilidad, incluso, de acompañar la bebida con un cigarrillo, lo que hasta hace muy poco era un maridaje obligado. Pero hay algo más en ese placer, algo transgresor que corre por el inconsciente popular. Es que el alcohol vive desde siempre una suerte de hostil competencia con la vía pública.
En muchas de las grandes ciudades mundiales estuvo -y aún está- prohibido beber en la calle. De allí proviene la icónica bolsa de papel marrón recubriendo una lata de cerveza o una botella de vodka, parte de un imaginario popular construido a lo largo de miles de horas de cine hollywoodense. Así, beber al aire libre quedó reservado para las fiestas hogareñas, para los entornos íntimos y privados. Algo de eso es lo que se recupera en la terraza de un bar, en el patio de un restaurante. La idea de la fiesta, del encuentro entre amigos que merece un brindis. De eso se trata, a fin de cuentas, beber.
Que trago y donde tomarlo
Cuando calienta sol, aquí en Buenos Aires, una buena idea es trasladarse al Caribe, al menos en su versión gastronómica. Esa es la propuesta de Caracas Bar, en la esquina de Borges y Guatemala. Sí, donde alguna vez supo estar la oscuridad indie de Mundo Bizarro, hoy se respiran aires latinoamericanos. Los dueños de Caracas son venezolanos, y la gran mayoría de los camareros hablan con distintos acentos latinos, en tonadas amigables y musicales. Temprano el bar parece desierto, pero como una Cenicienta inversa, se llena después de las 12 campanadas, al ritmo de DJs en vivo, arepas de carne mechada y tragos a base del sabroso ron Santa Teresa (vale la pena el Gran Reserva en una versión latina de un Manhattan, en lugar del bourbon). La terraza, en el primer piso, se abre a los cielos de Palermo. A los mismos cielos que se ven desde Venezuela.
Lunes a viernes de 12 a 4.30. Sábados de 20 a 5.
En plena avenida Corrientes, entre los grandes teatros comerciales, los edificios grises de tribunales y las pretenciosas parrillas turísticas repletas de brasileños, el hotel Novotel ofrece un refugio que por ahora tiene mucho de secreto. Se puede ir por la buena cocina a cargo del chef Gustavo Villoldo; también para aprovechar el happy hour semanal (de 19 a 21) de creativos cócteles creados por Diego Zelaya y Adrián Corrales. Pero su mayor atractivo es sentarse en su precioso patio interno, al lado del restaurante, con una pared vertical repleta de plantas, y silloncitos cómodos y modernos con vista a la siempre tentadora pileta. Ambiente tranquilo y romántico, en el centro de la ciudad.
Todos los días, todo el día.
Estuvo tanto tiempo cerrado por reformas que ya varios creían que era una excusa, que Olsen no volvía a abrir. Pero aquellos malpensados se quedaron sin palabras: el restaurante que inauguró una estética y una ideología en Buenos Aires, con Martiteguí en la cocina elaborando platos de coqueteo nórdico, está de vuelta. Y allí sigue su jardín delantero, precioso, tras la puerta de madera . Y allí siguen también las botellas de vodka freezados a -20 grados bajo cero. Con esas botellas trabaja desde siempre Leo Speroni, uno de los muy buenos bartenders argentinos (su Dill Martini es impecable). El tiempo pasa, surgen nuevos lugares, otros cierran. Pero Ølsen se muestra tan vigente como en su primer día.
Martes a sábados de 12 a 1. Domingos de 10.30 a 1.
Con poco más de un año de vida, Río Café ganó su lugar en la noche de Buenos Aires, en gran parte gracias al expertise de sus socios, el trío nocturno conformado por Ortiz de Rozas, Hernán Caputo y Alfredo Visciglio. Hoy, Río Café es sede de algunas de las mejores fiestas exclusivas de la ciudad, con asiduos eclécticos, desde modernos a fashionistas, desde queers a bohemios. Su jardín suele llenarse, y desde su barra salen los tragos creados por Inés de los Santos. En especial, las jarras para compartir, en reversión retro de los clericots esteños, pero con ingredientes bien actuales. Un ejemplo: la Jägerjar, que lleva Jägermeister, gajos de naranja, agua tónica y caramelos Media Hora.
Martes a sábado de 11 a 3. Domingos de 10.30 a 20.
Sin patio ni terraza, pero ubicado sobre la vereda más linda de la ciudad, abrió Kaffir Thai, heredando aromas y local del extinto Empire, en el pasaje Tres Sargentos. Los parecidos entre la actual propuesta y la anterior no son casuales: a cargo está Fidel Balcázar, el mismo que por muchos años fuera responsable de la maravillosa barra de Empire. Hoy, el lugar mantiene su corazón de sudeste asiático, con platos perfumados y picantes, donde abunda el cilantro, la hojas de lima kaffir, la albahaca, el jengibre y el lemongrass. Todos sabores que parecen haber sido creados para acompañar tragos de aire tropical, como los que Fidel saca noche tras noche de su galera.
Lunes a viernes mediodía y noche. Sábados de 18 a 24.
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