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La política viste a la moda: Cristina Fernández de Kirchner

Un especialista en sociología de la moda analiza el estilo de los posibles candidatos. El guardarropa como símbolo de gobierno o como conquistar el poder con estilo 

Un especialista en sociología de la moda analiza el estilo de los posibles candidatos. El guardarropa como símbolo de gobierno o como conquistar el poder con estilo
 

Por Diego Vecino
@contrarreforma


Desde 2007, cuando asumió la presidencia de la Nación, o incluso desde antes, cuando la ejerció su marido, Cristina Fernández de Kirchner estuvo en el centro del debate, bajo la luz de esa disciplina tan argentina que es la pasión menor, la glosa cotidiana de la mesa de café y la exégesis periodística. El motivo: la ropa que se pone, un hecho que se presentó largamente problemático para una fracción, no sabemos si mayoritaria, pero sí muy bulliciosa, de la opinión pública.  

El comentario lineal, el primero que surge, es de índole moral: Cristina gasta mucha plata en ropa. Y eso no está bien en un país en que hay pobreza. Un argumento que puede ser cierto, pero que es sumamente voluntarista en la medida en que un guardarropas extenso y costosísimo no es patrimonio exclusivo de la Presidenta argentina, sino de todos los primeros mandatarios del mundo. Tampoco es necesariamente un gesto de narcisismo como una exigencia del protocolo. Si Cristina se vistiese mal, probablemente estaríamos también enfatizando eso con sorna, con lo cual la situación nos propone dos reflexiones rápidas: las continuidades entre el periodismo y las charlas de café hoy naufragan en el mar del fin de época. Y la plata que gaste Cristina en ropa no genera realmente irritación a nadie, como hecho en sí mismo, sino que funciona como excusa para objetarle otros rasgos de personalidad que, efectivamente y de a ratos, se cuelan en su style. Quizás haya que empezar por ahí para rastrear las causas de la polémica. 

El estilo de Cristina es femenino, liviano, alegre y juvenil. A la vez, es sofisticado y acorde con una persona de su edad y cargo. La construcción de una imagen de estas características es algo muy difícil de lograr, en especial para alguien que ocupa la posición política que ocupa ella, en donde exagerar puede redundar en lo que Foucault llama el "descoronamiento mágico", a propósito de la obra de teatro Ubú Rey, de Alfred Jarry. Este movimiento fue patente, por ejemplo, en Carlos Menem, cuando el grotesco funcionaba como una manera de enfatizar la inevitabilidad del poder, que se manifiesta especialmente violento cuando quien lo ejerce está descalificado para hacerlo. Cristina se encuentra en las antípodas de esto, pero es importante recordar que, en general, es por estas razones que el estilo no es un espacio de prácticas donde se ejerce la frivolidad sino, muy por el contrario, un ámbito donde se ancla y referencia una forma específica de ejercicio del poder: en el caso de Cristina, un balance complejo y bien definido entre el cálculo, la pasión y un pequeño touch de incorrección y capricho.  

Un especialista en sociología de la moda analiza el estilo de los posibles candidatos. El guardarropa como símbolo de gobierno o como conquistar el poder con estilo
El pelo

Digamos que un buen corte es de importante a importantísimo y que, en la política argentina hay dos maneras de llevarlo. O la clásica reivindicación del lumpen-hairstyle, que enmascara un precario cuidado de uno mismo bajo el supuesto de que arreglarse el pelo es un gesto de frivolidad, como lo hace Patricia Bullrich, o el contrario. Este es el caso de Cristina, que luce un prolijo brushing con movimiento en las puntas de un color que una amiga define como "pelirrojo incorregible". El pelo de Cristina, efectivamente, nos revela sutilmente ese imaginario que, con justicia o por prejuicio, han construido las hermosas mujeres que a lo largo de la historia llevaron ese color. Entre el juvenilismo y la pasión. 

Zapatos

En general, el atuendo de la Presidenta tiende a enfatizar las características más estrictamente públicas y ejecutivas, la fortaleza de su personalidad y su sofisticada inteligencia. Sin embargo, hay momentos, rasgos mínimos, en que se cuelan los más propios de su personalidad privada, que son el equivalente indumentario a algunos de sus memorables twits, como el de "sorry Magnetto, siempre fui una rebelde". Definitivamente, la fascinación de Cristina por el taco aguja es uno de esos momentos que ayudan a construir un fashion style tensionado e interesante y, de nuevo, refuerzan ese elemento de feminidad fundamental de su imagen. Imposible no bancarlos, e imposible no recuperar, una vez más, la imagen de Merkel: ¿recuerdan los zapatos con que recibió a CFK en Alemania el año pasado? Bueno, eso. 

Traje

El bajo y batería de su style son las chaquetas entalladas de impecable sastrería y falda evasé hasta la rodilla. Una reflexión: Cristina probablemente sea la única primera mandataria que destaca su belleza natural y sus curvas femeninas a través de su ropa entallada, un gesto que en general irrita a sectores conservadores que asocian los puestos más altos del poder a las formas rectas de la masculinidad. El caso contrario será siempre Angela Merkel, la canciller alemana, cuyo guardarropas está pensado para emular -simbólicamente- los códigos vestimentarios de la masculinidad. Muy lejos del juvenil, caprichoso y femenino style cristinista.  

Reloj

Probablemente, el Rolex Lady Date Just de oro y brillantes haya sido una de las piezas más discutidas del estilo presidencial. Cristina tiende a ser muy sobria tanto con el maquillaje (en tonos tierra siempre, para combinar con el pelo) como con los accesorios. El reloj ayuda a matizar el riguroso luto que ha llevado durante los últimos meses, y, si bien no es un elemento fundamental o imperativo en su look, sí le otorga un toque de distinción y lo consolida. En el mismo sentido funcionan, por ejemplo, los detalles brillantes de la pañoleta anudada al cuello. 

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