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La política viste a la moda: Eduardo Duhalde

Última entrega de la serie que enfrento a nuestro experto en sociología de la moda con los candidatos presidenciales 2011. Dime como vistes y te diré por que te fue como te fue en las primarias 

Última entrega de la serie que enfrento a nuestro experto en sociología de la moda con los candidatos presidenciales 2011. Dime como vistes y te diré por que te fue como te fue en las primarias
 

Por Diego Vecino
@contrarreforma


Continuando nuestro angustioso viaje por las entrañas del anti-fashion peronista, nos llama como en un eco de épocas antiguas la figura de Eduardo Duhalde, cuyas marcas biográficas están dadas, sumariamente, por el ejercicio de esa zona del conocimiento humano llamada Derecho y la administración política de, en orden de aparición, el municipio de Lomas de Zamora, la provincia de Buenos Aires y la mismísima Nación argentina, entre otras actividades nunca confirmadas pero que la sabiduría popular, no sin malicia, ubica en el lado ilícito de la economía real. Más allá de esto, la figura del jefe político del Partido Unión Popular acarrea dos destinos adversos e irremediables. Uno simbólico: es el único ex presidente cuya imagen en los sondeos de opinión pública, tras dejar el máximo cargo político, ha empeorado. El otro, físico: es muy petiso y cabezón, y eso compromete sus posibilidades de ser elegante. Podemos pensar que ambas circunstancias se encuentran vinculadas, porque pensar es gratis. 

Como cacique peronista de bien, Duhalde no sólo provoca rechazo entre los segmentos escolarizados por el uso extensivo y sin disimulo de lo que podríamos llamar "las formas poco elegantes de la gobernabilidad", sino que lo refuerza a través de una evidente falta de gracia. A Duhalde se le dice Cabezón, apodo que acepta pública y alegremente, acaso como link espiritual con otros grandes líderes petisos, en la senda de Napoleón, con quien los conspicuos próceres del menemismo muestran cierta preferencia. 

Con todo, sabemos que la política no es bajo ninguna circunstancia una carrera laboral para la gente linda y canchera y, en realidad, esto último se consolidó como tendencia menor recién en los últimos diez años de la mano de una derecha moderna que, paradójicamente, Duhalde parece querer encabezar. Fruto de este hecho, en apariencia contradictorio, es quizás ese futuro pronosticado por quienes saben del tema: que el ex presidente no sólo no saldría segundo en las presidenciales sino que incluso sería incapaz de mantener su doce coma algo por ciento.  

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Cabello

Una constante en esta pequeña columna es que nos refiramos al tipo capilar de los candidatos, importante como es para la construcción de una imagen de campaña sólida. El pelo nos dice muchas cosas sobre quien lo porta y en general, si observamos la historia, es lo primero a lo que recurrimos para caracterizar generaciones, contraculturas y zonas de sociabilidad. En este sentido, podríamos bautizar el look del ex presidente bajo el concepto de retro-policía-bonaerense o falcon-chic: entrecano, corto, peinado hacia atrás, la terraza del doctor Duhalde nos evoca a las fuerzas de seguridad que durante los 70 encabezaban la lucha contra la corrupción moral. Esto, por supuesto, dicho sin malicia. 

Corbata

Sí, sin embargo, debemos advertir sobre la corbata, que en trama y colores se acerca peligrosamente al nuevo uniforme del personal de a bordo de Aerolíneas Argentinas. De hecho, y en rigor, es muy parecida. Por supuesto que, para el caso del ex presidente, la corbata es sobria y más que adecuada. No podemos dejar de remarcar que los uniformes fueron pergeñados por el diseñador Pablo Ramírez, quien a la vez calificó la serie como "clásica, elegante, atemporal", con la facilidad para adjetivar que tienen este tipo de productores simbólicos; pero no estamos seguros de si, en este punto, es conveniente la evocación casi automática entre la aspiración a un cargo ejecutivo y la faena aérea, por lo cual recomendamos al doctor un punto más de experimentación en esta delicada área.  

Traje

El traje del doctor se nota impecable y hecho a medida. A diferencia de, por ejemplo, Ricardito Alfonsín, que se pone encima cosas que no son de su talle, Duhalde resuelve el problema de su estatura recurriendo a un sastre y se nota. En este punto es imposible no darle la derecha, por decirlo de alguna manera. El material, aunque estamos arriesgando, parece lino, un tejido noble y veraniego que por supuesto bancamos, sobre todo si, como debe ser el caso del ex presidente, uno tiene un buen equipo de fashion management dedicado a prevenir las arrugas. Eso sí: un botón abrochado solo, Eduardo, jamás. 

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