Invento de surfistas para los días sin olas, el longboard se volvió anfibio y copo la ciudad. Te contamos dónde están las mejores pistas.
Para los longboarders, todas las pendientes de la ciudad son como las sirenas de Ulises: seductoras e irresistibles. Aunque su encanto, en este caso, no es fatal ni trágico, sino que se trata de una atracción que combina riesgo y libertad. Y así como los surfistas buscan la ola perfecta, los cultores porteños del longboard se han convertido en especialistas en la búsqueda de pistas improvisadas. Entre ellas, una de las preferidas de los riders: la de la calle la calle República del Líbano. . "Es un muy buen lugar para tirarse: hay poco tránsito, y el asfalto es uno de los mejores de la ciudad", cuenta el licenciado en medio ambiente Gastón Ferrer, creador de Nanica Banana, ( @NANICAbanana ) un emprendimiento que comercializa tablas de longboard. Poco importan las quejas de los vecinos y los controles policiales que amenazan con echarlos: los fines de semana, decenas de fanáticos de todas las edades llegan en procesión a la Biblioteca Nacional, no para leerse un libro precisamente, sino para iniciar un juego de prueba y error a lo largo de los 200 metros de bajada con curvas que desembocan en la avenida Libertador. Aquí, la práctica más común es el downhill, que consiste en lanzarse barranca abajo con toda la furia, poner a prueba la capacidad de freno en pocos metros y encomendarse a algún santo para detenerse antes de terminar en Libertador con el semáforo en verde.
República del Líbano entre Guido y Libertador.
Aquí se encuentran los nostálgicos. Aquellos a los que la vida les regaló un tiempo de revancha. Los que a mediados de los 80, cuando oscilaban entre la niñez y la adolescencia, estrenaban sus primeros skates y patinetas con escasa habilidad y mucha torpeza. Son ellos, la generación +30, los que hoy se lanzan a conquistar esta pendiente ubicada en Martínez. "El carving, con su estilo elegante y relajado, tipo slalom, es la modalidad elegida para esta bajada ancha y sinuosa", explica Daniel Jejcic, de la empresa de tablas Good People ( @goodpeopleco ). "Los que practican en este lugar son los que arrancaron hace años. Los que tienen historia. Por eso, quizá, disfruten más de los movimientos que han perfeccionado con el tiempo y que se inspiran en el snowboard", cuenta Juan Cruz Destuet, creativo publicitario que, junto con dos amigos fanáticos del long, fundó el Free Board Project, un emprendimiento que se propone difundir este deporte.
López y Planes y el Río, Martínez.
Otro de los spots predilectos de la comunidad longboarder es el Parque de las Mujeres, en Puerto Madero. "Los caminos de baldosas nuevas, lisas e impecables y las leves inclinaciones de los recorridos internos constituyen el amueblamiento urbano perfecto para iniciarse en este deporte", describe Eugenio Levis, cofundador de Banzai, ( @banzaiboards ) una línea de tablas sustentables. "Por lo general, se ven padres jóvenes que llegan con sus hijos para enseñarles la disciplina, son prácticas suaves y nada agresivas." Igualmente, las rampas son también aprovechadas para hacer sliding: derrapar arriba de la tabla, girando sobre uno mismo, con las manos apoyadas en el suelo, con guantes especiales, por supuesto. "Es hermosa la sensación de deslizarse sobre el asfalto como adentro de una ola, acariciando el agua", describe el ingeniero Diego Moreno, que todas las noches se saca el traje y se calza el casco para subirse a su tabla.
Juana Manso y Manuela Sáenz, Madero Este.
El espíritu de camaradería se respira en el ambiente. Dos cuadras de pendiente, al límite con la vía del Tren de la Costa, separan del río. El paisaje remite a los 90 con murales pintados de colores y chicos con bandanas, que cuelgan de sus jeans. Todos los fines de semana, esta bajada se transforma en una fiesta de más de 150 riders que, en menos de un minuto, son capaces de intercambiar tablas, opiniones y destrezas. Los más jóvenes dominan la escena. Es que se trata de la barranca más empinada. Hablamos de 45 grados dispuestos en una calle angosta con un considerable nivel de tráfico. El downhill y el freestyle -un repertorio de habilidades personales- son las prácticas más habituales. El impulsor del Board Free Project, Juan Cruz Destuet, asegura: "La libertad de fluir con el viento sobre la cara cuando la tabla llega a los más de 100 kilómetros no se puede comparar con nada". El longboard, una práctica libre y desenfadada, no es más que un grupo de amigos recreando lo mejor de la infancia.
Alvear y el Río, Martínez.
Ver Calles rodantes: los mejores lugares para hacer longboard en Buenos Aires en un mapa más grande
Medidas de seguridad
- Sea cual sea el uso que se le da al longboard, siempre hay que usar casco.
- Es aconsejable el uso de rodilleras, coderas y pantalones largos. Caerse sobre el asfalto no es lo mismo que hacerlo sobre la nieve o el agua.
- Los guantes con pads son parte del equipo de cualquier rider al que le guste el sliding.
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