Por Andrés Burgo | Fotos Pablo Franco | Estilismo Natasha Jonson.
Mía Flores Pirán –19 años y 175 centímetros–, es una chica con futuro: quiere lo que nunca tendrá, pero lo quiere igual. Le pregunté qué le gustaría que la gente supiese de ella y me respondió con la voracidad de alguien que, a puro impulso, parece predestinada a un espacio premium en el modelaje argentino. "Me gustaría que la gente supiese de mí lo mismo que vos, ja ja ja, sin mala onda", contestó, vía mail, desde la primavera italiana, marco en el que su carrera fulgurante suma nuevas aventuras. Mía aspira a un oxímoron, una modelo invisible, aun cuando sus labios carnívoros ya se convirtieron en una referencia para las chicas que sueñan con ser como ella y para los chicos que fantasean estar junto a ella. El ser y el estar revolotean a su alrededor: es un designio familiar.
Porque Mía cultiva un linaje cuya última cara más reconocible era, hasta hace pocos años, su madre, Ginette Reynal, modelo, conductora, empresaria y, sobre todo, musa inspiradora de la patria en la década del 80. Pero la estirpe sanguínea nació hace cuatro generaciones, con la abuela de Mía, Malenita Blaquier Nelson, y con su bisabuela, Malena Nelson de Blaquier, cuya belleza intimidaba al príncipe Felipe de Edimburgo, Edward Kennedy, Henry Ford y Nelson Rockefeller. O, al menos, eso sostiene la leyenda. "Ahora está muy viejita, pero sigue siendo pícara y adorable a la vez. Muy inteligente", la define Mía.
El ida y vuelta a través del correo electrónico confirma el aura misteriosa de una chica consciente de su encanto y despreocupada por el qué dirán: 1) ¿Cuál es tu estilo personal? Justamente, es personal, no tiene nombre. 2) ¿Por qué un chico debería leer esta nota? Bueno, en realidad, no veo por qué nadie tendría que leer sobre estas fotos. 3) Empezaste a modelar con 15 años, pero ahora despertás otras cosas en los hombres, ¿qué es lo que generás? Lo mismo que todas las mujeres.
A contramano de un porfolio que invita a todos los pecados capitales y provinciales, Mía se entusiasma un poco más al hablar de su búsqueda espiritual. "Es algo a lo que le presto mucha atención. Yo me siento más interesante desde ahí", sugiere, a la vez que califica como "una relación armónica" el noviazgo que mantiene desde hace dos años. Al entrar en la adolescencia, le empezaron a decir: "sos igualita a tu mamá". Su rostro, sus piernas, su pose rebelde y ciertas aficiones en común lo certifican: "A veces, chocamos un poco, porque somos de personalidad fuerte, pero nos une la moda, somos fanáticas y nos encanta ir de shopping", dice Mía.
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jpneyretNo, al hueso y no a la carne no le comería nada. Ni grasita para masticar le queda a ésta que no quiero ni ahí que sea mía/Mía. Ni la boca ni los otros labios, siempre más deliciosos, porque esta chabona te enfría antes. Vuelvan a traer a Flor Ferrero y ahí sí nos hacemos un banquete de labios/bocas, molleja y lo que venga.