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Chick Lit, el género de las chicas

Las mujeres se lanzaron a escribir y tienen un género propio. Leerlas es un buen ejercicio para quien intente comprender el misterioso universo femenino. 

Por Mauro Libertella.  

Antecedentes de lo que vendrá
Hay algunas publicaciones que movieron el avispero de los libros escritos por mujeres, y que se pueden pensar como los antecedentes de todo este estallido. Ciega a citas, de Lucía González, surgió a partir de un blog increíblemente popular en donde decía disponer de 227 días para encontrar "un novio normal". Otro libro de una chica blogger fue Buena leche, de Lola Copacabana: una estudiante de Derecho de veintipico, con un hijo, que se debate entre la vida de madre y la adolescencia dilatada. Y ahora que el género está metabolizado, las lectoras esperan nuevos libros. Para este año, ya está anunciado Te pido un taxi, el primer chick lit argentino escrito a cuatro manos, por Fernanda Nicolini y Mercedes Halfon.  

Hacia el final de la saga de películas Volver al futuro, el genial doctor Emet Brown dice, mirando al horizonte con ojos alucinados: "Ahora me queda estudiar el misterio más grande de la humanidad: la mujer". Habría que sugerirle al doc que desempolve la máquina del tiempo y se venga a Buenos Aires, año 2009. Si tiene la deferencia de acercarse a una librería, se va a topar con un género curioso, que se vende como la Coca-Cola. Se trata de la chick lit, una literatura "para mujeres y escrita por mujeres", que retoma la estética de fenómenos de importación como El diario de Bridget Jones o Sex and the City, pero les da una vuelta de tuerca local, reemplazando los zapatos de mil dólares por el más modesto vestuario de moneda devaluada, o el Soho de Nueva York por el de Palermo. Ya se publicaron casi diez libros de esta ficción posfeminista (ésa es la etiqueta "científica" que está circulando a propósito del género), con niveles de ventas casi eufóricos, y ya se habla de abrir el juego a las boy-lit, man-lit, chabón-lit o hasta dick-lit.  

No sé si el formato masculino funcionará. Hay algo del orden de la identificación, que está en el centro neurálgico del género, que en la mujer parece operar con especial magnetismo. El estereotipo que se maneja, con algunas variaciones, se puede resumir así: mujeres que apenas pasan los 30, solteras, más o menos obsesionadas con conseguir un novio decente y estable (los límites de tolerancia: el psicótico, el pirata, el inmaduro, el asexuado), con buenos trabajos y con una o dos amigas en su misma sintonía. Y lo más increíble es que, a pesar de los clichés y de cierta previsibilidad, la chick lit tiene un innegable encanto. Entre lo adictivo y lo empalagoso, esa temporada en el infierno de lo femenino puro tiene para el lector masculino un giro voyeurista que hay que experimentar. Aunque nos pese, ahí, entre las miles de salidas nocturnas, entre los cientos de pretendientes, estamos todos. Si para las mujeres la chick lit es un lenguaje compartido, para el hombre puede ser un espejo invertido en donde mirarse; un reflejo algo aterrador, escandalosamente literal.  

Hace un tiempo circularon unos libros para hombres, armados con consejos para seducir mujeres, todos traducidos del inglés y con títulos como "conviértete en un playboy en solo dos semanas". Una mirada rápida deja ver que son todos más o menos parecidos: un puñado de consejos y una escena de chamuyo o levante en la que esos tips están puestos en práctica, como para que quede claro. Por supuesto, la chick lit admite cualquier lectura, y habrá quienes la lean con la mirada clínica del que intenta perfeccionar cierta técnica para conquistar mujeres, pero valiéndose de una mujer y no de un hombre como profesora y consejera. Si bien la efectividad del procedimiento será dudosa, es acertado suponer que una mujer nos va a decir con más precisión que un hombre cómo abordar a una mujer. Quizás así, en la mezcla de un libro escrito por una mujer que no consigue novio y un lector que busca pareja, se llegue a una especie de final feliz.  

Habría que advertir al lector desprevenido que la chick lit no son libros sexuales. Son más bien relatos del histeriqueo, de la seducción urgente que, en última instancia, materializan una épica del fracaso. Son también relatos modernos. La chica de hoy chequea la casilla de e-mails cientos de veces por día, manda mensajes de texto con una velocidad sobrenatural, vive en departamentos a estrenar con amenities y usa la ironía como primer idioma. Si quisiéramos exagerar un poco, podríamos decir incluso que la chick lit da la impresión de acelerar ese trabajo que el feminismo lleva décadas haciendo a través de la teoría: los prejuicios han caído y las mujeres están listas para tomar el cielo por asalto. Tienen un humor punzante, estilo, trabajos geniales, y conocen los puntos débiles de los hombres. Habrá que ver, cuando aparezca la boy-lit, si tenemos el valor para jugar tan crudamente con nuestros propios estereotipos.  

LO QUE ELLAS ESCRIBEN  

Las mujeres se lanzaron a escribir y tienen un género propio. Leerlas es un buen ejercicio para quien intente comprender el misterioso universo femenino.
Mi libertad por un novio - Viviana Kahn
"Ser independiente, tener un ingreso digno como para ir de shopping, tomarte los taxis que quieras (...), todo muy lindo. Pero cuando llega ese momento de la semana en que podés hacer uso de tu tan holgada libertad (...) y lo único que ves cuando salís a la calle son tórtolos canallas besuqueándose frente a tus narices (...), ¿sabés dónde querés meterte todo ese provechoso capital con el que dicen que contás?"
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Las mujeres se lanzaron a escribir y tienen un género propio. Leerlas es un buen ejercicio para quien intente comprender el misterioso universo femenino.
Tenemos que hablar - Celia Dosio
"–No leo, no voy al cine, no cojo, no salgo a pasear, (...) no veo a mis amigas, no dibujo, no me compro ropa (...)– Ana iba acumulando su larga y triste sucesión de "no". Hijo, marido, hipoteca, comida, ropa, cuentas y obligaciones. Venía sosteniendo ese equilibro precario de agobio e insatisfacción desde hacía demasiado tiempo. Pero, en vez de estallar, estaba en el supermercado haciendo la compra grande del mes."
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Las mujeres se lanzaron a escribir y tienen un género propio. Leerlas es un buen ejercicio para quien intente comprender el misterioso universo femenino.
Los enredos de la Srta. Pacman - Marina Macome
"Aquella mañana había tomado medio blíster de laxantes para depurarme de un ciclo voraz de atracones. Estaba decidida a emprender un ayuno de al menos 24 horas cuando el repentino llamado de Gerardo complicó mis buenas intenciones (…). Me quité el pijama y empecé a revolver el placard (...). Aquel blazer azul daba calor con sólo mirarlo, pero prefería morir deshidratada a mostrar mis brazos."
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Luz, cámara, acepto - Julia Larotonda
"Cuando ya habíamos agotado nuestras energías, nos hicimos una reconfortante leche con vainillas. En eso estábamos cuando cayeron Luana y Juampi. Medio desnuda, corrí al cuarto a vestirme, dejando a Seba que se las arreglara solo. Mientras me vestía, pensaba en el mal momento que estaría pasando el pobre pibe, pero cuando volví ya compartía la mesa con los chicos, como si se conociesen de toda la vida. Era una buena señal."
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Las mujeres se lanzaron a escribir y tienen un género propio. Leerlas es un buen ejercicio para quien intente comprender el misterioso universo femenino.
Sábados de súper acción - Verónica Schulman
"Odiaba el Día de la Primavera. En tercer año, si bien el tópico deportivo seguía imperando, fuimos a las piletas de Parque Norte, y eso fue duro. Usar bikini delante de mis compañeros es algo que no logro olvidar hasta el día de hoy. Presenciar junto a todos la erección de uno de ellos es algo que, seguramente, ese pobre chico no debe olvidar tampoco."
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