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Natalia Oreiro: sus fotos más calientes

El lado guarro de una chica angelical. Latex y confesiones de una mujer con gracia y mucho morbo; recorré la galería. 

Por Agustina Rabaini / Fotos: Fernando Gutiérrez / Edición de moda: Mariana Riveiro.  

"Tengo este vestidito de látex que me compre en Amsterdam y un gel que lo hace brillar. Cuando me lo pongo, quedo como en pelotas. ¿Quieren que lo probemos para las fotos?", lanza Natalia al inicio de una larga sesión de fotos en la que metió su hermoso cuerpo en uno de los personajes que mejor le salen: el de la mujer fatal. Ahí está, tirada en el piso con la lengua afuera y el culo apuntando al cielo, o agarrándose el cuerpo como quien intenta y no puede contener el deseo. Con la lascivia de una Kate Moss después de una noche de droga y excesos, o la promesa de nena traviesa a lo Betty Page, Natalia juega a seducir. Y vaya si lo logra. Cuando quiere, la Oreiro es un demonio.  

"Cuando hago fotos, me gusta sentirme una Mamuskha, cambiar, buscar cosas diferentes", suelta, y despeja mi inquietud acerca de cuánto la entusiasma el juego de ser una y mil chicas a la vez.  

"Lo de provocativa o transgresora, ¿es sólo un juego o vos sos así?", insisto. "No lo pienso. Trato de no aburrirme y de hacer cosas para sorprenderme a mí antes que a los demás. Mamá siempre dice que cuando era chica jugaba mucho sola. Cuenta que no me aburría nunca. Siempre trato de generar un mundo interno que me provoque diversión y que me colme. No es que me sienta de determinada manera. Soy lo que ves en ese momento. Y tal vez en otro momento vas a ver a otra, depende de mi estado de ánimo. El otro día, una periodista me decía que había visto que yo tenía actitudes o respuestas que a veces sonaban contradictorias. Quería saber si yo era contradictoria..."  

BRANDO ¿Lo sos?
OREIRO Completamente. Un día me levanto de una forma y quiero algo, y al otro día quiero lo opuesto.  

Natalia habla ahora dentro de una robe de chambre sexy y colorida, tiene el maquillaje un poco corrido y una voz vibrante que regresa otra vez a los años de la infancia. Son las cuatro de la tarde del mismo martes y está despeinada y exhausta. Pero entonces entra a la cocina, ofrece una fuente de brownies, muffins y capuchinos. Y de pronto, la que me mira es otra. En sólo cinco minutos, la amabilidad, el candor y la tranquilidad volvieron a su rostro. Cuando quiere, la Oreiro es un ángel.  

Mientras vislumbro a lo lejos una serie de figuritas de divas de otros tiempos que colecciona, ella vuelve de un salto a la casa de su abuela en Uruguay. "Cuando era chica me encantaban esas mujeres que veía en las películas, y siempre fui muy coqueta. En el galpón de la casa de mi abuela, jugaba con sus pinturitas viejas. Ponía una tela, hacía una especie de carpita con un espejo y me sentaba, me maquillaba entera. Era como un camarín, yo tenía sólo 5 o 6 años y ya jugaba como si fuera un payaso. Lo único que cambió es que ahora me maquillo para salir a entretener a los demás."  

BRANDO ¿Qué es lo que te atraía de esas mujeres?
OREIRO Me impactaba toda la carga glamorosa que veía en divas como Marilyn Monroe. No tenía idea de la vida desgraciada que había tenido, pero me transmitía un ángel impresionante y mucho sexo al mismo tiempo. Esa mezcla de aire angelical y soledad con algo de demonio. Yo tengo mucho de eso. Puedo ser candorosa y angelical, pero también sacar un costado más thrash, más sado, provocativo.  

Es difícil dejar de mirar los objetos y señas personales que asoman por todos lados en esta casa. Pero a Natalia no le gustaría ver sus cosas adornando las páginas de una revista. Ni ella ni Ricardo Mollo, su marido y el guitarrista de Divididos, están dispuestos a abrir su intimidad.  

BRANDO ¿Con tu marido también sos de jugar mucho con la ropa y de pasar de la mina provocadora de hace un rato a esta otra especie de Campanita o chica de la casa risueña?
OREIRO Bueno, yo puedo ser súper Campanita y también tranquila. Me encantan el campo y la naturaleza, y a la vez me gusta ser sexy. Me gusta que mi marido me vea sexy, pero también me gustan la ternura, las caricias y los juegos de niños. Igual, creo que la seducción pasa más que nada por la actitud. Yo me puedo poner algo súper provocativo, pero si no lo acompaño con otra cosa, me voy a ver tan ridícula que se me van a reír. Puedo estar con un jean y una camiseta y tener una actitud muy sexy. Y tampoco es que estoy así todo el tiempo (se ríe). Hay días que estoy más para abajo.  

BRANDO ¿Más recatada?
OREIRO Sí. Igual, soy poco pudorosa. Mi mejor amiga dice que soy muy brasileña con el cuerpo. Si me tengo que cambiar delante de alguien, no estoy pendiente de si me mira o cómo estoy. Para mí, el estado ideal sería que todos estuviéramos desnudos.  

BRANDO ¿Cómo?
OREIRO Bueno (carcajada)... El cuerpo humano es lo más bello del mundo y me gusta la libertad con el cuerpo y la ropa. No me gustan los uniformes ni sentirme mimetizada con el resto. Me gusta mirar a las personas a los ojos, no estoy pendiente de la perfección, y en ese sentido, me siento libre. Obvio que hay cosas de mí que no me gustan y querría mejorar, pero en general está bien.  

BRANDO Igual, a la hora de desvestirte, está claro que necesitás una contención y una buena excusa que justifique que te saques la ropa. No recuerdo que te hayas desnudado en televisión o cine.
OREIRO Es que en el trabajo es otra cosa. Una vez me ofrecieron hacer una película bastante fuerte donde había desnudos, y el director me decía: "Pero ¿qué pasa, no te animás?". Yo le decía que no pasaba por mi cuerpo, sino por sentir que me ponía en un lugar de objeto de deseo que no me interesa en lo más mínimo. Me gusta ser una mujer, tener una personalidad. Tengo carácter fuerte y desnudarme no me va, a no ser que tenga ganas de jugarla. Soy actriz, no vivo de mi cuerpo, prefiero vivir de las emociones que puedo transmitir.  

BRANDO Habiendo ganado tanta notoriedad en los últimos años, ¿la imagen que tenés de vos coincide con la que tienen los demás o hay una brecha?
OREIRO No quiero que suene pedante, pero me tiene sin cuidado lo que puedan ver de mí, porque hay muchos preconceptos y lo que piensan suele ser diferente de lo que soy. Al mismo tiempo, me divierte que no terminen nunca de saber qué me pasa y cómo siento. Soy muy social y extrovertida, pero también muy solitaria. Con Ricardo no salimos mucho y cuidamos nuestra intimidad. En un punto, imagínense lo que quieran. Yo sé quién soy y mi marido también lo sabe.  

BRANDO ¿Que digan lo que quieran?
OREIRO No lo sé... Todos me dicen algo cuando me ven, y no sólo los hombres, sino también las mujeres: "Ay, pensé que eras más alta o más petisa y más gorda". La gente siempre se imagina algo, te ven dentro de un aparato y tienen una fantasía enorme. A mí nunca, desde chiquita, me gustó la estrategia. Jamás dije: "Voy a hacer esto para que el otro piense así de mí". Siempre traté de ser yo, y la gente que compartió momentos conmigo, fueran amigos o parejas, estuvieron ahí por algo real y no impostado. A veces, las mujeres decimos: "Me voy a hacer la interesante y voy a esperar, porque si le digo que lo amo va a pensar...". Yo, cuando me enamoro de un tipo, le digo que lo amo. A lo mejor el otro se queda preguntándose qué hace con todo ese amor, pero yo no me hago cargo porque me salió así. Una vez que lo dije, que se haga cargo el otro de lo que me generó. En eso soy muy libre.  

BRANDO ¿Y si la cosa es al revés? Aunque estés casada, ¿te pasa que los tipos te quieran levantar?
OREIRO Sí. Hace poco me pasó que un tipo se me acercó y yo le dije que estaba casada, pero él insistió. "No me importa –me dijo–. Te voy a seguir hasta las últimas consecuencias." Le dije que no lo entendía y me contestó: "Sí que me entendés". Me impactó porque de más chica los tipos me decían cosas y me dicen piropos en general, pero éste fue muy directo. Nunca me habían dicho algo de esa manera.  

BRANDO ¿Mollo lo sabe, o se va a enterar leyendo esta entrevista?
OREIRO Sí, se lo conté y se rayó bastante. Al principio no se lo quería decir, pero después, a veces uno no sabe... Yo no tengo ganas de que él venga y me cuente que hay chicas que lo persiguen, prefiero no saberlo, pero esta vez estaba siendo insostenible para mí y se lo conté. Igual, fue algo muy intrascendente.  

BRANDO ¿En la pareja hay secretos que no se comparten?
OREIRO Sí, pero no sólo en la pareja. Hay cosas mías que no sabe nadie y que ni siquiera hablo en terapia. Hay cosas que quizás algún día pueda contar o sacar. Las personas somos rebuscadas y por más que querramos ser sencillas, simples y espontáneas, siempre va a haber algo que uno está pensando y da vueltas y que puede complicar al otro. No le vas a contar al otro algo que pueda lastimarlo. ¿Para qué? Igual, en este punto, creo que los tipos necesitan más que nosotras creer que saben todo de una. Yo trato de guardar cierto grado de misterio.  

BRANDO ¿Qué te seduce de un tipo en general?
OREIRO Lo que más me llama la atención es la sonrisa. Si me mira y se sonríe francamente, puede ser horrible, pero yo no le voy a mirar más que la sonrisa. Después, en general, no me gustan los tipos que se hacen los interesantes, ni los cancheros. ¡Odio los tipos cancheros! Esos que tienen súper autos... Prefiero que me saque a andar en bicicleta, me encantan los tipos románticos y sensibles. Y por supuesto que me atraen las personas inteligentes, pero no los tipos que acumulan información. No me van los sabelotodos, que siempre tienen una respuesta para todo. Uno tiene que abandonar el conocimiento en cierto momento. Hay personas que lo único que hicieron fue quemarse las pestañas leyendo experiencias ajenas. Cuando los ves, te dan ganas de decirles: "¿Y vos qué hiciste?; ¿vos la viviste?". A Ricardo lo admiro mucho y me encanta lo que hace, pero cuando lo conocí no sabía quién era. Había escuchado música de Divididos, pero no sabía qué cara tenía el cantante de la banda. Eso estuvo muy bueno porque cuando lo vi, sólo vi a un tipo con una luz increíble. Lo descubrí sin la carga de saber quién era.  

BRANDO ¿Qué te gusta de Mollo?
OREIRO Ricardo es lo más, el hombre ideal, un tipo seguro, súper contenedor y muy compañero. Yo le pregunto algo y él siempre me escucha. Por ahí no tiene idea de lo que le estoy preguntando, pero siempre hace el esfuerzo por entenderme y acompañarme. Se preocupa por mí, por mi salud, cocina genial. ¿Qué puedo decir de Ricardo? Siempre digo que si hay algo para mejorar en nuestra relación, es por culpa mía y nunca de él. Yo soy la que tiene que laburar más.  

BRANDO ¿Vos podés ser insoportable?
OREIRO No sé si insoportable (se ríe). Tampoco me voy a quedar atrás. Si yo soy adorable, ¿no ves? Lo que pasa es que también soy un aparato.  

Viéndola ahora seducir mientras habla rápido y piensa en la cantidad de proyectos que encaró sólo en el último año, me la imagino como una mujer hiperactiva, una chica multitask, que no puede parar. Sólo en los últimos meses, protagonizó Amanda O, que se vio por América y por Internet; rodó la película Música en espera, en la que se la puede ver, desde este mes, embarazada de nueve meses junto a Diego Peretti. Y por estos días filma con Adrián Caetano No necesitamos a nadie, junto con su amiga Mónica Ayos. Allí, por fin, está probándose como protagonista en un registro dramático, bien diferente de todo lo que ha venido haciendo. En el film, Natalia se mete en la piel de la madre de una nena de 12 años que enfrenta una situación económica difícil y tiene problemas con el alcohol.  

"Es un personaje muy para abajo", dice. Y de pronto hay que hacer un esfuerzo grande para imaginar a esta misma mujer de sonrisa constante para abajo, con la energía por el piso, con ganas de nada. Entonces, ella sola confiesa que hace unos meses, luego de meterse en un torbellino laboral imparable, su cuerpo y su cabeza dijeron basta. Durante un mes, Natalia estuvo quieta, en cama, por un problema bronquial. Y tuvo que frenar. "Siempre trabajé mucho –cuenta–, pero trataba de trabajar y volver a casa. Nunca fui de trabajar y salir a comer y después ir a la fiesta de la revista. Cuando grabo, voy al canal y vuelvo. Pero cuando las jornadas son largas, el cuerpo se cansa, y el año pasado no sólo se me cansó el cuerpo, sino también la cabeza. Me preguntaba: «¿Quién sos?»; «¿qué querés?». Y yo quería todo. Hasta que no quise nada."  

BRANDO ¿Cómo llegaste a esa conclusión?
OREIRO Llegó un momento en que no sabía qué estaba haciendo. No tenía tiempo para reflexionar y, como soy muy controladora, estaba con el negocio de ropa, pero no podía delegar responsabilidad en otras personas. Iba al programa de Canal 7 –Recurso natural, un ciclo sobre ecología que conducía– y me costaba encontrar tiempo para aprender la letra, después iba al rodaje de Música en espera, y tenía que estar embarazada. Llegó un momento en que dije: "¡Pará! ¿Qué sos?". Ahí me di cuenta de que soy actriz y que ahí es donde me quiero concentrar. Todo el resto lo voy a ir haciendo en los ratos que me vayan quedando.  

BRANDO ¿Sentís una especie de vacío cuando parás?
OREIRO Cuando paro, reconozco que a los veinte días la cabeza me empieza a pedir nuevas cosas y empiezo a rasquetear una pared, reciclo muebles, patino cosas, o busco nuevas historias y personajes. Las cosas de la casa me encantan, estoy siempre yendo al mercado de pulgas a ver qué cachivache encuentro. Y después, si me voy quince días a Uruguay, donde tenemos un campito con Ricardo, me quedo muy quieta. En este último tiempo descubrí que está bueno respetar ciertos tiempos, hacer una cosita, ir, venir, parar un poco.  

BRANDO Sí, porque además hay una pareja ahí, viéndote ir y venir y tratando de acompañarte, ¿no? ¿Cómo llevan con Ricardo esta vorágine y un éxito que los dos conocen bien?
OREIRO Bueno, Ricardo es muy intenso también. Ahora está ensayando para el disco nuevo y otras veces está de gira o produciendo. Lo que hacemos es ponernos horarios similares. Nos levantamos juntos, nos acostamos juntos. En medio de la vorágine y el desorden, somos muy ordenados. En mi caso, cuando empiezo con un proyecto, pongo un horario de trabajo y él ensaya en el mismo lapso de tiempo. También tratamos de no trabajar los viernes y los fines de semana. Ahora estoy filmando con Adrián (Caetano) y trabajamos los fines de semana, pero no es lo habitual. Con el tiempo logré poner pautas fijas de trabajo.  

BRANDO Cuando se conocieron con Ricardo, los dos tenían ya un ritmo intenso por sus profesiones...
OREIRO Sí. Ricardo me conoció así y después de un año de idas y venidas, de viajes y proyectos nuevos, se dio cuenta de que iba a ser así siempre. Al principio, pensábamos que cuando terminara una cosa, vendría un tiempo más calmo, pero siempre viene otra cosa, un rodaje, una gira. Cuando empezamos a salir, yo estaba mucho en Rusia y venía a visitarlo o él viajaba a verme. Aquello también fue parte de la construcción de nuestra relación. La verdad es que desear algo diferente a lo que tenés es muy tonto, porque ¿quién te dice que es mejor? Si te enamoraste de esta forma, es una utopía creer que las cosas van a ser mejores de otra manera.  

BRANDO El problema es cuando esas mismas cosas que te gustaban al principio después cambian o te empiezan a irritar.
OREIRO Sí. Como dice el dicho: "Las mujeres nos enamoramos del Che Guevara y después queremos que se afeite la barba". Por suerte, todavía no me pasó. Y Ricardo igual me tiene muchísima paciencia. El es genial, debe estar muy enamorado de mí, porque yo soy medio desastre (se ríe).  

BRANDO Lo otro que llama la atención es ese pacto de intimidad que mantienen en relación con las demandas del afuera, del medio, de los fans. Nunca se sabe bien qué hacen ni por dónde van.
OREIRO Sí, nosotros tratamos de cuidar mucho nuestra vida personal porque de otra manera no funciona. No está bueno decirle al otro: "Che, ¿me acompañás a una entrega de premios?", y que después te saquen millones de fotos y hagan con esa foto lo que quieran o pongan lo que quieren. Esta profesión genera mucha exposición, y yo, dentro de mis posibilidades, prefiero ir a lugares donde puedo ser Natalia, una persona. En mi barrio, salgo a andar en bicicleta, voy al supermercado, y con Ricardo nos vamos de vacaciones a Uruguay, pero nunca elegimos los lugares donde la gente va a mostrarse. Yo no tengo necesidad de hacerlo. Si además de mostrarme a través de un personaje o de algún trabajo específico tuviera la necesidad de que me sacaran una foto de vacaciones, estaría alimentando algo que no me interesa. Cuando empezamos a salir con Ricardo, al principio nos costaba porque, como toda novedad, la gente quiere saber, pero con el tiempo, también la gente del medio fue entendiendo que no queríamos exponernos. Y nos respetan mucho. Si nos ven en un lugar, no nos dejan pasar así nomás, pero no nos siguen, no alimentamos la persecución. La verdad, creo que a la gente tampoco le importa.  

BRANDO Y si tuvieras que hacer un ejercicio para descubrir qué te interesa profundamente fuera de esta realidad de estrella del showbiz local, si sacamos el foco de ahí, ¿qué cosas te importan?
OREIRO A ver... Me gustan mucho las plantas, me encanta esperar el tiempo que haga falta para que una planta dé una flor y entender qué necesita. Me gusta todo lo que tiene que ver con la naturaleza. Y también me gusta comprar una silla vieja y revivirla o comprar una casa antigua y revitalizarla. Estoy en contra de tirar todo abajo para construir de cero. El pasado contiene una gran riqueza, y me gusta reciclar teniendo en cuenta todo eso. Darle el valor a lo antiguo, darles espacio a las personas mayores y escucharlas y aprender lo que puedo de ellos. Siempre digo que soy como una esponjita, por ahí me siento en un lugar y, aunque esté todo el tiempo hablando, cuando veo que la otra persona tiene algo de lo que puedo aprender, me gusta escuchar. Ahora también quiero estudiar dirección. Y me gustaría escribir, encontrar algo propio para contar.  

BRANDO ¿Hay algo más que te llame la atención fuera del refugio de esta casa y de cierta burbuja en que se convirtió el barrio de Palermo?
OREIRO Bueno, yo me mudé a este Palermo hace diez años y el barrio cambió bastante. Estoy un poco agotada de lo "moderno", pero también es injusto porque si a vos te gusta algo, ¿cómo vas a evitar que al otro también le guste? Igual, en el último tiempo, siento que la ciudad por momentos me expulsa. Con Ricardo tenemos la fantasía de irnos a vivir al campito que tenemos en Uruguay. Vamos cada vez que podemos. Nos gusta escarbar la tierra, plantar un árbol o ir a regar, durante días. Nos decimos: "Tenemos que viajar porque hay sequía". Y cuando llegamos estamos tres días tirando agua, y a mí eso me pone re pilas. Me siento bien porque cuando vuelvo, a veces siento que hay demasiada frivolidad en lo que yo hago.  

BRANDO También tenés una adoración personal por ciertas imágenes religiosas de diferentes credos: Buda, Iemanjá, la diosa del mar. ¿Qué tomás de ahí y en qué creés?
OREIRO Yo me casé bajo el rito de Iemanjá, y me encanta. Creo que cada uno genera su propia religión, o al menos trato de tomar de todas las religiones las cosas que me hacen bien y me hacen sentir identificada. Básicamente, creo en la energía universal del ser humano. No creo en un súper papá que todo lo ve, todo lo perdona o todo lo culpa. Yo trato de ser una persona no culposa, porque la culpa siempre te lleva a hacer cosas por obligación y engañando al otro. Yo trato de hacer las cosas que me generan placer y no arrepentirme de las elecciones o decisiones que voy tomando. Trato de no lastimar y creo profundamente en hacer el bien, en la buena energía, en tirarle una buena onda al otro.  

BRANDO Meses atrás, cuando empezaba el rodaje de Música en espera, contaste que ibas a interpretar a una mujer embarazada y que habías investigado tanto que a lo mejor te inspiraba. En medio de todo, ¿vas a hacerte tiempo para tener un hijo con Mollo?
OREIRO Es raro, porque para hacer este personaje me puse una panza postiza, iba a los cursos para embarazadas, compré libros, hablé con mujeres que son madres, y aun así todavía no me lo planteo. Estoy rodeada de chicos, soy la tía madrina de la hija de mi hermana y la madrina de los hijos de mis dos mejores amigas. Pero a mí todavía no me llegó, me pasa que tengo ganas de tener ganas y despertarme un día y desear profundamente tener un chico.  

BRANDO Volviendo a Uruguay, el lugar donde naciste, el presidente Tabaré Vázquez vetó la despenalización del aborto en noviembre pasado. ¿Cuál es tu posición frente al tema?
OREIRO Estoy a favor del aborto en muchos casos, aunque entiendo que se trata de una decisión muy íntima y personal. Me parece una aberración que una mujer que ha sido violada no pueda hacerlo o que no se facilite en los casos en que está en riesgo la vida tanto de la madre como del bebé. Los abortos se hacen, existen y hay miles de mujeres que mueren por hacer abortos clandestinos, en malas condiciones, siendo víctimas, además, de un gran negocio. Desde ya que estoy a favor de la vida, pero hay casos y casos. Cuando se discute el tema del aborto, se discute el derecho a elegir y yo siempre voy a estar a favor de que las mujeres podamos elegir.  


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