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Los Pauls: el arte en la sangre

Axel y su prole: Gastón, Anita, Nicolás y Alan. La familia recorre su historia. Hermandad, separaciones y el mito del hermano que ocultan porque es contador. 

Por Nuria Docampo Feijóo
Fotos de Eugenio Mazzinghi
Estilismo de Florencia Garavaglia  

"De cerca nadie es normal", me susurró a tiempo Mirta Busnelli –ex mujer de Axel Pauls, madre de Ana y pieza fundamental en la composición de este retrato¬–, citando a Caetano Veloso. Ante una advertencia semejante hay dos opciones: retroceder o avanzar con más vehemencia. La segunda es sin duda la más tentadora.  

Sábado, 11 am. Paso a buscar a Anita. Lleva una minifalda, y sus piernas largas, larguísimas, llaman la atención del conductor. "Mi mamá se comió la última fruta que quedaba. ¿Podemos parar en algún lado? Necesito fruta o un yogur." Paramos en una estación de servicio. Le presto plata porque vino sólo con el celular. Sin cartera, ni llaves, pero sí con ropa para cambiarse para las fotos. Yogur en mano, llegamos al estudio. Nicolás ya está desde hace un rato jugando con fichas de dominó con su hija Olivia. Enseguida llegan Gastón y su novia, Agustina Cherri, embarazada. Los hermanos se abrazan. Olivia recibe miles de besos. "¿Te acordás, Nico –arranca Gastón–, cuando jugábamos a esto, pero con casetes? Estábamos horas armando y tirando todo. Con Nico compartimos la habitación hasta que tuvimos 15 años. Y éramos muy amigos." Nicolás se suma: "Creo que empecé a estudiar batería por Gastón. Toda la música que me hacía escuchar, los pósters en el cuarto. Ahora yo, que al final salí músico, este año estoy dedicado a la tele. Antes me generaba conflicto. ¿Soy músico o actor? Ahora no, vivo lo que hay en el momento. Es como cuando la veo a Olivia bailar. Es simple: baila. Creo que está bueno tener muchas inquietudes y experimentar todo lo que uno tenga ganas".  

Anita está maquillándose. Los hermanos se ríen: "Nosotros no nos vamos a cambiar", aclaran. Llegan Alan y Axel. El único que falta es Cristian, pero ya sabemos que no va a venir. Está filmando en Uruguay y además dijo que no se sentiría cómodo. "Es entendible. Cristian fue siempre muy distante, algo hosco", dice su padre. Así que estamos todos los que esperábamos. Los Pauls (casi) a pleno.  

Repasemos. Cristian, el ausente (51), ejerce la docencia y trabaja en dos documentales, Alan (49) acaba de publicar Historia del llanto, la primera parte de una trilogía, Gastón (36) volvió a la tele con Todos contra Juan y tiene su propia productora con la que realizará dos programas nuevos en 2009, Nicolás (34) conduce Elepé y acaba de filmar Una cita, una fiesta y un gato negro; y Anita (20) despuntó con sus primeras apariciones en la pantalla chica con Vidas robadas y Socias y prepara un estreno de teatro. Todos son hijos de Axel Pauls, todos son artistas y todos son mediana o rotundamente exitosos. Axel, el progenitor de la prole, es una especie de leyenda urbana. Fue productor de cine, agente de turismo, dueño de un restaurante y actor, y actualmente es director artístico de Casa de la Cultura de la Calle, una ong que fundó Gastón. Tuvo tres matrimonios y cinco hijos. Muchos de ellos ya son padres: Cristian tiene tres hijos, Alan una, Nicolás una y Almendra, la primera niña de Gastón, nacerá en unos meses.  

En el estudio ensayan distintas tomas: Alan peina a Anita, los tres varones juegan con autitos. Axel observa la escena sonriendo complacido: "Yo creo que esa democracia de los padres de decir: «Lo fundamental es que sean libres, que sean felices haciendo lo que les gusta» es un poco mentirosa. Sí, que hagan lo que quieran, pero uno los programa, quizá sin quererlo. No es casual que mis hijos sean uno director de cine, otro escritor y guionista, dos actores y uno actor y músico".  

Hablamos de que nunca se juntaron para ninguna nota y les digo que me llama la atención que cinco hermanos, de tres matrimonios diferentes, se dediquen al arte y que les vaya bien a todos. Y que suelan trabajar juntos (en Todos contra Juan actúan los padres y los abuelos de Gastón, Nicolás, Agustina y hasta su perro Ulises). ¿Creen que hay otro hermano perdido que puede aparecer?, pregunto. "Siempre tenemos la fantasía –dice Gastón–: la revista Barcelona sacó una tapa con una foto trucada de un tipo que se llamaba José Luis Pauls y era contador. La nota era buenísima: decía que lo discriminábamos porque no era artista, que no entendía las películas de Cristian, que había hecho una raviolada para juntarnos a todos y que nadie había ido, pero lo que más le dolía era que hubiese faltado yo... Gastón, un tipo que todo el tiempo se preocupa por las cosas sociales."  

En otro encuentro, a solas con Axel en un departamento antiguo de amplios ventanales y buena pinotea, cerca del Abasto, recorremos juntos los ribetes, pliegues y aristas de una vida, o de seis. Los padres de Axel, que eran alemanes y pertenecían al staff de la compañía de Josephine Baker, una famosa bailarina, visitaron Argentina en una gira allá por el año 1939 y con la guerra en ciernes. Decidieron quedarse. Axel era muy pequeño e hizo sus primeras incursiones como actor en un teatro independiente formado por alemanes y austríacos que estaban radicados en Buenos Aires. Además, sus padres habían montado un pequeño cabaret que presentaban en fiestas privadas o pequeñas salas. Después, en la adolescencia, hizo algunas publicidades y cine. En esa época, para despuntar su pasión deportiva, lo inscribieron en el club Urquiza. Ahí conoció y se enamoró de Pina, su primera mujer, que era la hija del presidente del club. "Ella tenía 19 y yo 23. Quedó embarazada y nos tuvimos que casar. Ahí nació Cristian, y al poco tiempo, Alan. Mi primer matrimonio duró poco, cinco años. Era muy chico. Había sido padre a los 24 y a los 26. Y fue una separación conflictiva." Alan retrata esta misma época, desde su visión de niño: "No tengo recuerdos de la separación, ni buenos ni malos. En realidad, no tengo ningún recuerdo de mi padre y mi madre juntos. Así que la memoria empieza ya con dos vidas: una, los días de la semana, con mi madre, la otra, los fines de semana, con mi padre. Supongo que si no hubiera tenido a Cristian cerca, todo habría sido más triste y difícil. Los hermanos son el primer sindicato –quizás el único irreprochable–, que te protege contra las arbitrariedades de la patronal familiar".  

"Mi viejo –continúa Alan– era más bien físico, deportivo. De él viene el fútbol en la plaza (que yo detestaba), el tenis (que me gustó siempre mucho). Pero en términos culturales, para mí mi viejo fue el cine. Los programas continuados (cuatro películas por día) en el Roxy de Las Heras y Agüero. Los libros venían más bien por el lado de su madre (mi abuela). También por el lado de mi viejo hubo mucha transmisión musical adulta: el jazz, Piazzolla. Yo no tenía idea de quiénes eran Almendra, pero podía tararear Adiós Nonino antes de que Neustadt lo eligiera de cortina. Una noche me llevó a saludar a Astor y Amelita Baltar después de un concierto en el Coliseo. Creo que en ese momento yo pensaba que mi padre era la persona que más gente conocía en el planeta."  

Axel sigue ahondando en las primeras imágenes de su paternidad: "Cristian era hiperquinético y le encantaba el deporte. Alan siempre fue más tranquilo, más de leer, de dibujar. Era como un niño prodigio. Me acuerdo que estábamos con mi mamá trabajando en una traducción al alemán de Sobre héroes y tumbas y le dimos a Sabato escritos de Alan que en ese momento tenía 15 años. Se sorprendió por el nivel, por la madurez, y nos recomendó que lo cuidáramos mucho". Desde la perspectiva de padre, cree que quizás Alan sufrió un poco el ser tan contemplado, el tener que estar a la altura de las expectativas. "Cristian fue siempre muy distante, excepto con la gente que quiere. Tampoco tiene la relación con los medios que tienen sus hermanos, que es bastante amistosa", dice Axel. El propio Cristian lo explica en uno de los mails que intercambiamos mientras estaba de viaje: "El «mundo artístico» y «lo mediático» me producen náuseas. Representan algo que me hace mal de la sociedad que veo todos los días de mi vida. Sólo me gusta hablar cuando tengo algo para contar de mi trabajo. Y en este momento estoy en pleno proceso creativo de dos documentales y sigo ejerciendo la docencia".  

Después de su primer divorcio, Axel estuvo nueve años solo. Hasta que conoció a Marina Guerrero (actriz y representante de actores) en Villa Gesell. "Repetí la historia. Marina quedó embarazada y nos casamos vía Paraguay a través de un cónsul que les hizo una estafa fantástica a varias parejas. Nació Gastón, y un año y pico después, Nico. Todo fue bien hasta que dejó de ir bien. Nos separamos después de unos diez años." Gastón dice que una noche los sentaron a él y a su hermano para decirles que se iban a separar. "Desde esa noche hasta el día en el que mi padre hizo efectiva la separación al irse de la casa deben haber pasado algunos meses. Fueron semanas y semanas en las que yo no hablaba una sola palabra. No emitía sonido pensando que se habían olvidado de la separación, de lo que habían dicho, y yo no quería decir nada para no hacerlos acordar."  

Desde la fragilidad de aquel niño, que confiesa que también sobrevivió en parte gracias al afecto de su hermano, se desprende que ese fue el primer atisbo de contundente realidad que le tocó vivir. "Fue raro, porque yo no vivía con mi padre, nunca tuve un contacto muy regular con Gastón y con Nico –profundiza Alan–. Durante mucho tiempo los vi un poco de afuera, casi como si fueran pruebas de que mi padre seguía con su vida, tenía otra mujer, armaba otra familia. Creo que recién los vi como hermanos cuando mi viejo se volvió a separar. El hecho de ser los cuatro hijos de separados los convirtió de algún modo en mis hermanos. Compartir esa condición era casi más fuerte que compartir un padre."  

Axel confiesa que les prestó mucha más atención a Gastón y Nico que a Cristian y Alan. Dice que tenía otra edad, otra experiencia de vida y estaba más consciente de lo que estaba pasando. "Ahora, mirando todo en perspectiva, pienso que me casé para tener hijos. Y me hubiera gustado tener más", agrega. El es hijo único y dice que fue duro. Que soñaba con tener hermanos y como no se dio, empezó a desear tener muchos hijos. Que le costaba más la idea de una familia constituida que ser padre. "Me separé de Marina en diciembre y en julio empecé a salir con Mirta (Busnelli). Al mes ya vivíamos juntos. Fue un amor fulminante. Ella tuvo y tiene una relación maravillosa con los chicos. Al principio, Mirta no quería tener un hijo y yo sí. Después, cuando quiso, nos costó bastante, pero finalmente llegó Anita. Su aparición fue increíble y yo estaba muy nervioso porque era mi primera hija mujer. No la voy a sacar a los ocho meses a jugar al fútbol... Es una dulce, tiene una personalidad maravillosa."  

Si bien no juega al fútbol, Anita es hincha de Boca como tres de sus hermanos (Nico, Gastón y Alan) Cristian es de Newell’s y Axel, de San Lorenzo. La más pequeña de la familia cuenta cómo fue llegar al mundo y encontrarse con cuatro hermanos varones y bastante más grandes: "Cuando nací, Gastón y Nico eran adolescentes. Así que cuando aparecí yo vine a ser como un juguete para ellos, o por lo menos así me trataban. Jugábamos mucho, me torturaban. Alan y Cristian eran más grandes. Cristian tenía 30 años y un hijo de mi edad. Jugaba conmigo, pero desde ese lugar, desde el padre que ya era. Mi padre, don Axel, es una persona muy graciosa, no para de hacer chistes. Cuando lo veo a Cristian criando a sus hijos y haciendo las mismas jodas que él es increíble, porque me doy cuenta de que muy probablemente yo vaya a hacer lo mismo".  

Nicolás, por su lado, dice que vivió todo de manera muy natural: "Es cierto que lo que pocos comprendían era la idea de que mis hermanos Alan y Cristian tuvieran otros hermanos, Juan y María [hijos de su madre y su nueva pareja], y que no fueran hermanos míos. Eso era ya un delirio y ahí tenía que aclarar que mi papá no tenía nada que ver".  

"Un hijo es la propia infancia recuperada, la pieza suelta del rompecabezas. Lo que no viví en mí lo vivo en él, lo que no recuerdo de mí es él. El es el trozo que me faltaba de mi vida. Yo soy el trozo que me faltaba de mi madre", escribe Francisco Umbral en Mortal y rosa. Gastón, quien debutará en su propia experiencia paternal en pocos meses, lo resume a su manera: "Todos somos como piezas de algo. Fragmentos de mi papá y de nosotros mismos. Siento que somos una familia muy particular. Extrañísima. Atípica. Pero que tiene colores que me fascinan, me sorprenden y enorgullecen. De mi viejo siempre admiré su compañerismo, su compromiso con la libertad, su amistad. El haberme ayudado a tener los ojos abiertos."  

El año pasado, la prole Pauls completa (los cinco hijos, los hijos y mujeres de los hijos, y las tres ex esposas) estuvieron unidos en vilo: Axel estuvo internado y grave. "Casi me muero. Estuve muy, muy mal. Una de las cosas a las que me aferraba era el amor de mis hijos. Fue muy fuerte ver cómo estuvieron al lado mío, cómo me cuidaron. Lo único que me reconforta el alma es la relación con ellos. Y verlos bien, siendo libres en sus cosas, sobreviviendo de manera maravillosa."  

Como todas las familias, la historia de los Pauls se sigue escribiendo a cada instante. Vistos de cerca parecen bastante normales. Pero es sólo una impresión. La verdad, quizá, se esconde en los pliegos.  

LOS PAULS SON UN FRAUDE
Por Mirta Busnelli

Axel Pauls no es un buen padre... Esos engendros de hijos que tiene no son buenos muchachos, se llevan todos mal y no tienen ningún talento. Toda su vida es una farsa. Los Pauls son un fraude que trata por todos los medios de vender la imagen de la familia perfecta. Y dicen que Anita es hija mía, ¡me río de Janeiro! ¿Cómo semejante belleza rubia va a ser hija de una gordita morocha y retacona?
Hablando en serio, si se puede, creo que es sano desmitificarlos un poco. Axel es una persona cuyo valor más alto en la vida es su paternidad. Parte de mi enamoramiento cuando lo conocí era su ser padre, verlo con sus hijos, cómo los valoraba y comprendía. Estos chicos recibieron muchos estímulos y mucha libertad de parte de su padre y de sus respectivas madres.
Con Axel estamos separados, pero siempre vamos a ser familia. Formamos parte el uno del otro. Pero, reitero, no los idealicemos: también son bastante aburridos y ¡demasiado rubios!
 

Mirá el backstage de la producción de fotos:  



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