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Ellas también se tocan

Monopolio histórico de los hombres, la masturbación ahora también es cosa de mujeres: consoladores a domicilio y consejos televisivos. Un informe indispensable para saber lo que hacen ellas cuando dicen que te extrañan. 

Foto de Fernando Dvoskin
Por Virginia Cosin
 

La cita es entre mujeres de alrededor de 40 años. El lugar: el living de un departamento en algún barrio porteño. El objetivo: comprar una serie de productos que una vendedora ofrecerá, exhibirá y cuyo funcionamiento demostrará con didáctica eficacia. Su catálogo no incluye cosméticos, recipientes de plástico, bijou, ni algún sistema para potabilizar el agua en el hogar. Esta vez, el acto de comunión se genera alrededor de consoladores, vibradores, lencería erótica y otros chiches más complejos. Este ritual, antes inimaginable entre "señoras de su casa", es el "Tupper sex" y arrasa con los antiguos conceptos trazados por la corrección y los buenos modales de la clase media tradicional.  

Hasta hace muy poco, que una mujer le confesara a otra –amiga, conocida, compañera de trabajo– que se masturbaba, era prácticamente inconcebible. En todo caso, el tema quedaba circunscrito al ámbito privado de los hombres, más precisamente de los adolescentes. Los chicos, meses más, meses menos, padecen esa fiebre irrefrenable que las mamás redimen cambiando las sábanas.  

"Más allá de todos los mitos, prejuicios históricos y referencias bíblicas que rodean el tema, masturbarse es proporcionarse a uno/a mismo/a placer sexual. Siempre existió, existe y existirá en hombres y mujeres de ésta y de otras culturas, y es una práctica sexual de alta frecuencia entre los varones y mujeres adolescentes, pero no solamente en esa etapa de la vida: es habitual y saludable en todas las edades. Desde un bebé hasta un señor casado de 80 años", dice Diana Ressnicoff, licenciada en psicología clínica y especialista en sexología. Y agrega: "El hecho de que los hombres se masturban es algo sabido, aceptado y obvio. En cambio, entre las mujeres fue una práctica siempre oculta e ignorada. Las mujeres son más proclives a sentir culpa si se masturban. Las madres siempre han apartado la mano de su hija de la vagina con mucha más determinación que la que aplican a su hijo y a su pene".  

Monopolio histórico de los hombres, la masturbación ahora también es cosa de mujeres: consoladores a domicilio y consejos televisivos. Un informe indispensable para saber lo que hacen ellas cuando dicen que te extrañan.
Existe la tentación (feminista, sí) de no separar la experiencia femenina de la masculina. Pero si somos atentos se ve con claridad que tanto biológica como culturalmente las cosas no son exactamente iguales para ambos sexos. ¿Los hombres se masturban con más frecuencia que las mujeres? Diana Resnicoff dice que no: "Estudios realizados revelan que hombres y mujeres se masturban, en conjunto, con una frecuencia similar. Las diferencias vienen dadas no por el género, sino por el temperamento sexual de cada uno". Las mujeres no son silenciosas por naturaleza, sino que durante largo tiempo fueron educadas para guardar silencio, obedecer y dar placer sin importar cuánto y cómo recibían. La pregunta del millón es cuánto y cómo estas pautas culturales se están modificando.  

A juzgar por la inundación mediática sobre el tema, mucho. Samantha, de Sex & the City, se la pasa consolándose y las chicas de Cosmopolitan parecen haber descubierto la pólvora. Con el programa de Alessandra Rampolla a la cabeza, en el que las charlas giran alrededor de la masturbación, la importancia del tamaño del pene y los juguetes sexuales, una hueste de series de tevé, documentales y talk shows atraviesan el tema desde un punto de vista didáctico e informativo: en Escuela de sexo, de Cosmopolitan tv, se aborda, con mirada femenina, cuáles son los consejos sexuales que los hombres desconocen para satisfacer a las mujeres. En Sex Files, del mismo canal, exploran el pasado, el presente y el futuro del sexo alrededor del mundo. Con un planteo menos didáctico y una estética más hardcore, Sin Cities, en fx, es una serie que se propone mostrar "el pecado en distintas ciudades del mundo".  

Un poco más allá de la pantalla chica y más cerca de la realidad, las estadísticas confirman que algunos tabúes están empezando a resquebrajarse. Según fuentes de la industria, en el último año las ventas de juguetes sexuales crecieron un 50 por ciento y los sex shops, que ofrecen dentro de sus servicios catálogos por internet y delivery de productos las veinticuatro horas, proliferan.  

Virginia Brandi es actriz y trabaja como consultora en la empresa Sexto Sentido, dedicada a organizar reuniones durante las cuales, con la misión de aflojar a sus oyentes y posibles compradoras, desarrolla juegos, shows y charlas. "Se trata de relajarlas, porque al principio están tensas", explica. "En general lo primero que mostramos es cosmética, lencería y, como frutilla de la torta, los juguetes." ¿Cuáles son los productos con más salida? "Lubricantes, anillos (se colocan alrededor del pene y, por medio de vibraciones, lo estimulan a la vez que estimulan también el clítoris de la mujer), perfumes con feromonas y, en los últimos meses, crece la demanda de disfraces." Una vez que se rompe el hielo, las chicas suelen dejar los remilgos y se entusiasman con la posibilidad que les brinda hablar –nunca mejor utilizado el término– a calzón quitado.  

Cecilia tiene 38 años, es licenciada en Ciencias de la Educación y trabaja como vicedirectora en un jardín de infantes. Está casada desde hace quince años, tiene dos hijos y confiesa, no sin cierto pudor, que nunca supo cómo masturbarse. "No sé cómo se hace. Lo intenté varias veces, puedo tocarme durante mucho tiempo, pero no llego al orgasmo, la única manera es teniendo relaciones sexuales con mi pareja y sólo por medio de la penetración." Sus compañeras de shopping la miran azoradas. ¿Nunca?  

Los juguetes eróticos ayudan a explorarse e intensifican el placer, tanto en solitario como en pareja. Lucía, de 30 años, toma impulso y se anima: "Yo tengo orgasmos en el colectivo" ¿Cómo? "Algunas veces, cuando el viaje es largo, empiezo a fantasear. Muchas veces, aunque nunca tuve una experiencia real con ninguna, me imagino teniendo sexo con otra mujer. Con eso sólo y el ronroneo del motor, acabo."  

Las variantes para la estimulación son muchas. Algunas eligen tocar con sus dedos la zona que rodea el clítoris, otras lo estimulan directamente. "El 73 por ciento de las mujeres que se masturban lo hacen acostadas (o en el baño) y con las piernas abiertas, un 10 por ciento lo hace boca abajo y con las piernas más juntas o muy juntas. La mitad de estas últimas no emplean los dedos para masturbarse, sino que se frotan contra una almohada, la envoltura de las sábanas o subida sobre algún peluche", especifica la doctora Resnicoff. "Igual –aclara–, no existe una manera ‘correcta’ de masturbarse. Cada mujer tiene una anatomía diferente y una manera distinta de percibirse psicológicamente a sí misma, por lo que cada una desarrolla espontáneamente su propia forma, aun usando la misma técnica." Están las manos, los dedos, frotarse, jugar a evocar imágenes mientras todos miran pero nadie sospecha. Pero si, además, existe un adminículo del tamaño de la yema de un dedo, que vibra y cuya intensidad se puede regular y sirve para estimular el clítoris... ¿por qué no?  

Aunque, como le ocurre a Cecilia, muchas mujeres todavía no conocen las posibilidades que les brinda su propio cuerpo de experimentar placer, lo cierto es que la autoestimulación ayuda a reconocer cuál es su manera y su tiempo propio; les enseña a ser sexualmente activas, independientes y, en caso de aquellas que están en pareja, les otorga el poder de guiar y ayudar a su compañero para que las conozca. ¿Acaso hay mejor regalo que la llave capaz de abrir la compuerta de nuestro deseo? Aquellos que pregunten a su pareja sexual acerca de sus gustos y preferencias y reciban a cambio una respuesta certera: "acá, así", sabrán reconocer las virtudes del diálogo. Y para hablar, hay que saber.  


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