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Entrevista a Celeste Cid

Como si emergiera de un film de Jean-Luc Godard, un portfolio íntimo, sensual, melancólico que refleja el mundo interior de una de las actrices más interesantes de su generación. De Pizarnik a Zulawski, un recorrido por el planeta Cid. 

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  • Corpiño de encaje [Burdel]. Pescador [Pablo Ramírez]. Sombrero vintage [Salón Muaré].

Por Humphrey Inzillo / Fotos de Javier Alvarez / Estilismo de Mercedes Ugarte  


Pensemos en las 440 páginas de La historia de la belleza, de Umberto Eco, condensadas en un rostro. Veamos Manhattan, una vez más, y repasemos las razones que hacen que la vida valga la pena: Groucho Marx; Willie Mays; el segundo movimiento de la "Sinfonía de Júpiter"; la grabación de "Potato Head Blues" de Louis Armstrong; las películas suecas; La educación sentimental, de Flaubert; Marlon Brando; Frank Sinatra; las increíbles manzanas y peras, de Cézanne; los cangrejos del Sam’s Who… y agreguemos, entonces, la cara de Celeste. ¿Podremos permanecer imperturbables frente al delicioso encanto de unos rasgos que alcanzan la perfección?  

Es cierto, hablar de su belleza se ha vuelto un lugar común. Olvidemos todo. Digamos, simplemente, que es la mañana soleada de un miércoles cualquiera y que Celeste nos espera en su casa a las once de la mañana. Nos avisó por mensaje de texto ("los odio, pero es lo que más uso. Me desacostumbré a hablar por teléfono") que a esa hora va a estar "medio momia". Y es verdad. Ese estado de latencia, sumado a cierta timidez, crea un clima de extraña intimidad en la espaciosa cocina de la Residencia Cid.  

Es uno de esos departamentos elegantes de las primeras décadas del siglo pasado, con ascensor de rejas, ambientes amplios y una decoración ecléctica, pero coherente con su dueña. La cocina, por ejemplo, está llena de objetos. Un pequeño inventario incluye: un simpático Pack–o pega; vinilos de Janis Joplin, Joni Mitchell y La novicia rebelde; un afiche de Marlene Dietrich; una medallita de Ceferino Namuncurá; sus Pequeño Pony, alguna Barbie, ningún Ken; un par de máquinas de escribir; una pila de unos treinta cd; dos tomos de Crimen y castigo, de Dostoievski; un perrito de peluche; unas muñequitas de porcelana china; una reproducción de un cuadro de Nahuel Vecino; una tarjeta de disco view-master. Esa galería fetichista no rompe el clima zen. Bebemos té de jazmín. Charlamos como si nos conociéramos. Me cuenta que hace un rato dejó a André, su hijo, en el jardín. "Generalmente, duermo un rato más, o me pongo un rato con la computadora y siempre que miro el reloj son las once de la mañana. Es un horario donde, siempre, está todo mal."  

Dice que dedica gran parte del día a estar con su hijo, y que es recién cuando se duerme, a la noche, que empieza su momento. De todos modos, desde chica fue muy noctámbula.  

CELESTE Si bien en esta casa no llegan tantos sonidos de la calle, a la noche hay otra magia. Durante el día hay tránsito, hay movimiento y hay luz. A la noche, en cambio, hay algo que te lleva para otro lugar más hondo. Hay un libro de Marguerite Duras que se llama Escribir y habla de eso. Está buenísimo, ¿lo leíste?  

BRANDO No.
CELESTE Es muy corto. Está buenísimo. Habla de su forma de escribir, de su casa y de la noche. El otro día también le mandé un mensaje de texto a una amiga y le puse "me acabo del levantar", eran las cinco de la tarde y como no estaba André, me había acostado a las siete de la mañana. Pero no de reviente. Me había quedado escribiendo con un amigo. Lo malo de eso es que te levantás y al rato de nuevo ya es de noche. Un rato está bueno, pero no como forma de vida, y sobre todo teniendo un hijo.  

BRANDO ¿Y qué escribís?
CELESTE Quiero escribir una historia, pero en realidad la pienso en función de filmar. Igual, lo que estoy escribiendo ahora tiene más forma de libro. Pero el corto que hice (Limbo, lo estrenó en el último BAFICI, ya hablaremos de eso más adelante) lo empecé como un cuento, y derivó en un guión. Se me hace muy difícil sentarme a escribir un guión directamente. No sé si es por poca práctica o qué, pero me es más fácil escribir un relato, y con base en eso, después armar un guión. Sobre todo porque lo que me gustaría filmar no tiene una linealidad. No me "gusta" el relato clásico. No porque no me guste, sino porque no me sale hacerlo. Me gusta lo imprevisto.  

BRANDO ¿La fragmentación también?
CELESTE Sí, también. Cualquier cosa que filmes puede tener una coherencia a pesar tuyo, ¿no? Ahora estoy escribiendo sobre una pareja. Es una historia de locura y de desesperación. De amantes. Como si hubiera una guerra y ellos estuvieran recluidos de todo.  

Stop. Sobre la mesa, fotocopiado y anillado, está el guión de la próxima película de Adolfo Aristarain, basada en la novela La muerte lenta de Luciana B., de Guillermo Martínez. Celeste será una de las protagonistas, y sus partes están marcadas en verde flúo. A sus 24 años, la convocatoria de uno de los mejores directores de la historia del cine argentino sirve para trazar una extraña y bella paradoja sobre su extensa y vertiginosa trayectoria, que comenzó en la factoría Cris Morena (debutó en Chiquititas) y que alcanzó su punto más alto (de rating, de popularidad y de legitimación) en Resistiré (2003), una novela que rompió con los cánones del género, incorporando una cuota de oscuridad, misterio y fantasía. Además, claro, de escenas de sexo entre Cid y Pablo Echarri con ritmo de "Down With My Baby". Después de eso, Celeste conoció a Emmanuel Horvilleur, se enamoraron y tuvieron un hijo. Si hasta ese momento su vida se había caracterizado por la precocidad y el vértigo, a partir del nacimiento de André, Cid adhirió al Elogio de la lentitud, por ponerlo en los términos de Carl Honoré. Eso no significa dejar de trabajar, pero sí dedicarle mucho tiempo a su hijo, y también, ser más selectiva a la hora de encarar proyectos: hizo algunos capítulos de Mujeres asesinas; se puso a las órdenes de Israel Adrián Caetano y José María Muscari para el telefilm Mujeres elefante; revisitó el mito griego de Ariadna y Teseo en la obra de Alejandro Ulloa Hipólito y Fedra: la pasión desbocada, que se estrenó en el teatro Lorange. Y mientras prepara la miniserie Perra –que se emitirá por un canal de cable en el ámbito regional–, aguarda el estreno de su primer largometraje como actriz: Motivos para no enamorarse, coprotagonizado por Jorge Marrale y dirigido por Mariano Mucci. Se trata de una comedia romántica clásica, de esas que Hollywood produce a la perfección. Por eso, Celeste se estudió las películas clásicas de Audrey Hepburn y las nuevas de Drew Barrymore.  

BRANDO ¿Cómo te decidiste a participar de ese film?
CELESTE La verdad es que tenía ganas de trabajar. Y tenía necesidad de trabajar. Tenía cosas que estaban por salir, pero no salían y dije: "Ya está, éste es el momento". Lo último que venía haciendo era más sórdido, más enroscado. Creo que la comedia romántica es un género no muy explorado acá. Y en ese sentido me pareció que estaba bien. Por otro lado, creo que hay mucho cine pensado para un festival. El cine industrial también puede ser valioso. Y además, sirvió para vencer un prejuicio mío de que todo lo que es comercial es una porquería, y no necesariamente es así. Porque también vi cosas en el BAFICI que eran un desastre.  

BRANDO ¿Y cómo definirías esta película?
CELESTE Es un cine pensado para el espectador. Hay gente que se va a emocionar viendo eso. Y al fin y al cabo, el que paga su entrada es el que sostiene toda la movida de las salas.  

BRANDO ¿Tomaste algún modelo a la hora de construir tu personaje?
CELESTE Sí, miré algunas películas de Audrey. Y tomé algunas de las cosas que ella hace, como el modo de correr. Pero no quería construir una caricatura. Con mi amigo Willy Lemos, un director de actores que viene del Parakultural y que me ayuda mucho, la pasamos muy bien preparando el papel.  

A pesar de su famosa timidez, Celeste es una gran conversadora. Puede pasarse horas hablando de los temas que realmente le interesan: de cine, de libros, de poesía… Cine de autor, claro. Nombra a Sokurov, a Bergman, a Zulawski. Se pasó la mitad de su vida en sets de filmación y su formación cinéfila es totalmente autodidacta: "Conozco un montón de gente que estudió cine, fue a la FUC, y me cuentan que todavía te dan El ciudadano. Yo soy más partidaria de una búsqueda individual. No me interesan ese tipo de instituciones (ni siquiera terminó el secundario), creo que aprendo más viendo cine que metiéndome en una escuela a estudiar actuación o teoría del cine. O leyendo, hay un montón de cosas interesantísimas. Por ejemplo, me compré un libro de conversaciones de Fellini, y está buenísimo. Es un trabajo muy solitario y es como una renuncia.  

BRANDO ¿A qué?
CELESTE A salir, a estar metida en otra parte de la noche. Me parece que es una renuncia que aporta. No te quita cosas. Te da algo que después lo implementás en tu laburo. Ahora, estoy viendo todas las películas de Sokurov y de Zulawski. Me gusta esa estética. ¡Lo que hace ese pibe con la cámara! ¡No se puede creer! Es un relato increíble. Y las actuaciones también. Hay una escena en la que al protagonista lo atan de las manos a un caballo y lo arrastran por un camino de tierra, lleno de piedras. Es un plano secuencia y el actor está viviendo esa situación. Me alucinó ver eso. Esa entrega, con ese realismo. Me gusta, me veo laburando desde ese lugar.  

BRANDO Poner el cuerpo…
CELESTE Exacto. Poner el cuerpo. Si tenés una escena sexual, que suceda. Si tenés una escena donde te emborrachás y quedás roto, que suceda. El otro día leí una nota a Daniel Day-Lewis, que habla mucho de eso de cuando hizo En el nombre del padre, pasó tres días en una cárcel, sin comida y sin agua. Me parece alucinante su forma de pensar. Si bien también trabaja en la industria.  

BRANDO ¿Y de dónde salen todos estos consumos culturales, digamos, alternativos? Vas mucho a Liberarte, ¿no?
CELESTE Es que ahí está todo. El otro día Emma me chicaneaba: "Che, poné un rato a Tinelli", me decía.  

BRANDO ¿Lo pusiste?
CELESTE No.  

BRANDO Fuiste lectora desde tu adolescencia…
CELESTE (Interrumpe.) Sí, siempre.  

BRANDO Pero no terminás los libros.
CELESTE Eso me suele pasar. ¿Cómo sabés? ¿Yo dije eso en algún lado? No sé si es la ansiedad o qué, pero igual estoy más constante con la lectura. Pero sí, me agarra ansiedad, voracidad, no sé qué es. Pero leo la mitad del libro y ya necesito pasar a otro. También tengo muchos amigos que leen un montón. Entonces, por ahí nos pasamos libros.  

BRANDO ¿Y cómo llegaste, por ejemplo, a leer a Alejandra Pizarnik?
CELESTE Si no me equivoco, fue por Internet. Buscando otra cosa, leí una frase, algo así como: "El cielo tiene el color de la infancia muerta", y dije: "¡Puf!, ¿qué hay ahí?", y empecé a leer todo. Bueno, de hecho, en Limbo hay un guiño a su obra. Es un instante de la segunda escena: son dos nenas que hablan, se susurran, y hay un momento en que se ve un cuadro entre las dos camas. Ese cuadro está al revés: son dos mujeres, pero con los pies para arriba. Es un detalle que nadie ve porque esta muy oscuro, pero eso yo lo saqué de un texto de ella, creo que de una obra de teatro, donde hablaba sobre cuadros que siempre estaban al revés. Pero durante el rodaje, especialmente, la leí mucho. Llegaba de filmar y me ponía a leer. Sentía que tenía mucho que ver con lo que ella decía. También leí un texto que habla del espíritu del melancólico: "El espíritu del melancólico es como una gota que cae muy lentamente".  

BRANDO ¿Y vos sos melancólica?
CELESTE Después de hacer un corto así, tengo que decirte que sí. No sé de dónde me viene la melancolía. Igual, la paso bien, pero me gusta más ir hacia atrás. Pero no por volver y torturarme. Se trata de volver a mi infancia: para mí, está todo ahí. Después, bueno, te direccionás hacia un lugar. Pero en esa primaria, primitiva y salvaje, está todo.  

BRANDO ¿Cómo fue tu infancia?
CELESTE Viví en Lanús hasta los 5 años, y ahí filmé el corto. Desde ese momento escribía y tenía una percepción del mundo no demasiado feliz. Me veo en las fotos y siempre tengo una cara rockera. Te juro, no tengo muchas fotos de chica riéndome. No era una de esas típicas niñas felices. Cuando tenía 5 años, me regalaron un diario, que todavía tengo. Lo primero que escribí fue: "Hoy cumplo mis primeros últimos cinco años". Eso estaba en la casa de mi mamá, en San Cristóbal, y cuando lo encontré dije: "¡Wow!", porque cuando sos chico no sé si tenés tanta conciencia de la muerte o de la vida. También era muy varonera, muy patotera, de agarrarme a piñas con mi hermano menor, que ahora me lleva cinco cabezas. Le escupía la puerta, lo agarraba del pelo, era muy sacada (risas).  

BRANDO ¿A qué jugabas?
CELESTE Sacaba toda mi ropa, la ponía arriba de la cama y le ponía precio: jugaba a que se la vendía a alguien y sentía como que me estaban filmando. Y si en algún momento pasaba algo, volvía a empezar. Ponele: "Celeste, bajá a comer", me gritaba mi mamá; ¡y me cagaba el juego!  

BRANDO ¿Y qué hacías?
CELESTE Arrancaba de vuelta.  

BRANDO Hay una canción de Café Tacuba que está inspirada en un libro de Arthur C. Clarke que se llama El fin de la infancia. ¿Tenés marcado el fin de tu infancia?
CELESTE Yo creo que no termina nunca. Sí, se terminan ciertos rituales. Pero hay algo en la niñez donde no filtrás lo que te sucede y lo sacás para afuera, que es algo salvaje. Después, la sociedad y las instituciones te moldean para que seas un ser humano acorde con los tiempos que corren, y eso es una cagada. Está bien, hay que pertenecer a una sociedad de tránsito organizado, acorde con el régimen modelo que tenemos. Pero lo veo a André, que tiene 3 años y medio y que está en una etapa donde todo es juego, todo es lúdico, todo es posible. Y yo creo que hay algo de eso en vivir. Para mí, la vida es un sueño, o una película de David Lynch.  

BRANDO Fuiste una chica precoz. Viviste muchas cosas muy rápido en muy poco tiempo…
CELESTE Esa pregunta me tiene harta.  

BRANDO Me imagino que te tiene harta… (risas), pero también deberías hacerte cargo de que tu vida fue así hasta cierto momento.
CELESTE ¿Por qué? Mi terapeuta no dice eso. Por eso le pago… (Risas.)  

BRANDO ¿Sentís que tuviste una vida normal?
CELESTE Pará. Hagamos filosofía barata. ¿A qué te referís? ¿Con qué parámetro? ¿Terminar el colegio? ¿Estudiar..?  

BRANDO A los 20 años vos habías estado en el programa más popular de la televisión argentina (más de 40 puntos de rating), habías salido en la tapa de todas las revistas y habías ganado más plata de la que probablemente mucha gente vaya a ganar en toda su vida. Decime si eso no es precoz…
CELESTE Puede ser. Pero no sé qué decirte al respecto. Es que yo… Si me hubiera creído todo eso hubiera terminado re quemada, como el chico de Mi pobre angelito (Macaulay Culkin) o Drew Barrymore. Igual, ellos sí que ganaron fortunas, y de mucho más chicos. Para la gente que empieza de muy chica es más peligroso. Por suerte no empecé a los 4. A los 12 creo que estás un poco más grande.  

BRANDO ¿En ese sentido tus viejos fueron una contención?
CELESTE Sí, fueron muy cuidadosos. De traerme y llevarme de las filmaciones. Estar muy presentes. Igual, cuando llegás a los estudios, la neurosis te la bancás un poco sola. Pero si llegaba de filmar a las doce de la noche, me esperaban para comer, para que no se perdieran ciertos rituales familiares. Igual, hay un lugar donde mi vieja lee cualquier cosa que se publica, entra un poco en ese juego. A mí esa parte no me parece que esté tan buena.  

BRANDO ¿Te acordás de la primera nota que te hicieron?
CELESTE Sí, había una revista de Chiquititas, publicaron un cuestionario que le hacían a todos los niños que actuaban en la serie.  

BRANDO ¿La tenés guardada?
CELESTE Obvio, y para mí, en ese momento, era lo más. Después, con el tiempo, te das cuenta de que no está tan bueno. Pero me acuerdo de Caras, de Gente. Hice tapas. Pero ahora hace tres años que no hago nada de eso. No me interesa. Y también pasa que cuando das notas a esos medios, y decidís no darlas más, es como que piensan que usaste ese momento y ahora te agarro la soberbia. Pero no es eso. Simplemente aprendés, y te das cuenta de que hay cosas que no están tan buenas, porque das lugar a que hablen de cosas de uno que a mí no me interesan. Hay gente que lo hace y le funciona. A mí no.  

Celeste tiene un cuartito para la computadora, con tantas o más chucherías que en la cocina. También tiene otro cuartito que funciona como biblioteca y como estudio. Sobre un escritorio reposa una vieja máquina de escribir, que usa para sus textos. En toda la casa hay fetiches religiosos: una Virgen de Luján, un Cristo fosforescente y varias estampitas de Iemanjá. Celeste se confiesa algo así como devota de la diosa femenina de la religión Yoruba. "Ir de paseo a una santería o a un Todo por Dos Pesos es mi plan favorito. Hay unas cosas increíbles. En la película, un montón de objetos de mi personaje los conseguí ahí. Una bolsa china para el agua, que tiene como dos pececitos y está buenísima", dice. En un corcho pegado en la pared está la Virgen de las embarazadas, que también aparece en Hiel, el libro que editó en 2005, suerte de "imágenes encontradas" con estética de fotolog: "Hay imágenes que son medio siniestras, con esas caras. Me gusta juntarlas. No es un culto a la religión: es como una mezcla".  

BRANDO Fuiste a un colegio de monjas, ¿cómo te llevás con la religión?
CELESTE El otro día empecé a buscar el Génesis, "En el primer día, Dios creó…". Y está buenísimo: es como un poema. La creación, el principio. Pero volviendo al cine, creo que Bergman o Tarkovski tienen algo muy religioso. No sé cómo definirlo. Y en mi corto no hay mucho diálogo, pero tampoco hay un silencio. Busqué un sonido, como un Hggggg, que para mí es muy religioso. Las iglesias, para mí, no son muy silenciosas, tienen como una cámara. No sé si es por la altura de la construcción, pero hay un sonido condensado. Ese silencio es lo más religioso que conozco.  

En oposición al silencio religioso, Celeste asegura estar viviendo el momento más intenso de su vida musical: "Joni Mitchell es mi gran amor. ¡Es increíble! También estoy descubriendo a Di Angelo, porque mi amiga Mariela (Vitale) –¡jamás le diré Emme!– me está pasando su historial musical. De todos modos, podría estar todo el día escuchando a Joni Mitchell, y no me aburriría. Hay un disco de ella que se llama Ladies of the Canyon que es fabuloso".  

BRANDO Actuaste en dos videoclips: "Asesí-name", de Charly García, en 2003, y "Paseo", de Rosal, en 2006. ¿Cómo fue la experiencia?
CELESTE Para mí es como el mismo personaje, en la versión positiva y negativa. Además, los dos son en blanco y negro. Son muy distintos, igual, pero tienen algo en común, además de mí. El de Charly fue muy improvisado. El de Rosal, en cambio, tiene un guión escrito por Martín (Caamaño, el guitarrista) y María (Ezquiaga, cantante y compositora). Cada escena, cada plano estaba pautado. Me hice muy fanática de ellos. Estoy re groupie; donde toca Rosal, estoy yo.  

BRANDO ¿Y qué más estás escuchando?
CELESTE Estoy en un momento muy Spinetta. Pescado Rabioso. ¿Cómo se llama esa cantata?  

BRANDO ¿La de los puentes amarillos?
CELESTE Ufff… ¡por favor! Todo eso lo estoy descubriendo ahora.  

BRANDO Artaud.
CELESTE Sí.  

BRANDO ¿Leíste algo de Antonin?
CELESTE Claro. Y de otros poetas malditos… ¿Por qué les dirán malditos..?  

Lo dicho. Celeste puede pasarse horas hablando de cine, de libros, de discos. Y del futuro: "Está bueno tener espacios para hablar, pero yo hace doce años que laburo y ya me harté de leer notas que dicen: «Inició su carrera en….». ¡Ya está! Hablemos de cómo voy a terminar y no de cómo empecé". A punto de filmar con el maestro Aristarain, y absorbiendo arte por todos lados, conviene volver a la cantata y citar a Spinetta: "Mañana es mejor".  


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